De imbéciles está el mundo lleno, sobre todo de inútiles que se creen editores y que, cuando un genio ha muerto, carroñean e intentan arrimar el ascua a su sardina. Tan rematadamente idiota se puede llegar a ser, que ni siquiera se ha informado de que Fogwill volvió a Buenos Aires en Buquebus -el mismo medio de transporte en el que llegó a Montevideo y donde nadie, pese a que era lo acordado, fue a recogerle- y no en avión; de que cuando le dio una crisis respiratoria no avisó a nadie de la organización del festival porque en ningún momento supieron estar a la altura de la situación ni satisfacer las necesidades de los invitados y que ese editor local debió ser un fantasma porque no hay libro alguno suyo que editase en Montevideo hasta el día de hoy, de que el hotel donde alojaron a los invitados carecía de calefacción -y las noches llegaron a temperaturas bajo cero- aunque muchos de los invitados no protestaran porque hay mucho perro que no ladra al amo; de que los que se fueron de la conferencia de Quique son escritores de tres al cuarto que jamás escribirán una línea de la altura de las suyas. El equipo del festival estaba que no vivía, dice, apagando los incendios. Lo que no dice es que esos incendios los provocó la misma organización del festival y su falta de profesionalidad. No hubo una sola queja de Fogwill en la que no tuviese razón, y yo presencié, precisamente su llegada al festival. Hay una fotografía en la que aparezco leyendo un libro que llevaba para Fogwill por ahí, en el propio blog del tipo este sobre el festival. De todos modos, qué se puede esperar de un tipo que fue incapaz de responder a Cucurto cuando en la mesa redonda en la que coincidieron preguntó en qué consiste ser editor. Qué puede esperarse de alguien que, por no saber, no sabe ni las elementales reglas ortográficas del castellano: "Y los mismos que avían avisado que montaría el número".
Lo único que consuela es saber que a estos mediocres no los recordará nadie cuando se mueran, de hecho nadie los tiene en cuenta aún estando vivos, y a otros llevamos una semana echándolos de menos desde que murieron.
29 agosto 2010
28 agosto 2010
Vuelo con escalas (5) Forever young
De mi adolescencia recuerdo los archivadores de mis compañeras de clase siempre decorados con fotos de James Dean. Contemplaba esas fotos con cierto escepticismo. Yo no era tan inmaduro, yo llevaba siempre bajo el brazo mi libro de Cortázar. Un escritor anciano y comprometido. Un intelectual, no una simple cara bonita.Sin embargo, han pasado los años y compruebo que el mundo del libro se parece cada vez más a aquella escena de mi adolescencia. Al abrir un suplemento cultural o una revista contemplo cuidadísimas fotografías en las que los jóvenes escritores están más preocupados en parecer estrellas del pop que en lo que responderán en la entrevista. Si hay entrevista, claro. Muchas veces basta con la foto. Autores atractivos y seductores más destinados a las fotos de la solapa que a llenar de palabras e ideas las hojas del interior del libro. Los catálogos de las editoriales se parecen cada vez más a los de Tommy Hillfiger o cualquier otra multinacional de moda.
Peor todavía que eso es el hecho de que los profesionales del ramo son como era yo entonces. Les basta con pensar que Cortázar es lo más. Así, sin adjetivo, porque en la adolescencia no hacen falta. No sé si se debe a la eterna adolescencia de Cortázar, tanto física como mental, o a la eterna adolescencia a que nos vemos abocados nosotros. El compromiso político ingenuo, una narración siempre reconocible y que, en sus silencios, parece más profunda de lo que es. Cortázar es el autor perfecto para quedarse conforme con uno mismo. Se entiende bien y habla de cosas profundas. Realmente es ideal para iniciarse, pero sabe a poco cuando pasan los años.
Quizás la mejor opción, por tanto, para llegar a mucha gente, que es de lo que trata un evento como la Feria de Frankfurt, sea regalar a todo el mundo libros con imágenes bonitas y poco contenido, o que, de tenerlo, sea de fácil desciframiento, casi una caricia al ego y, no olvidemos, al consumismo. Unos catálogos de IKEA, por ejemplo. Que además, como el Nobel, vienen de Suecia.
Columna aparecida en el periódico Perfil de Argentina el 15 de agosto de 2010
22 agosto 2010
Fogwill ha muerto hoy
O recitando poemas, como cuando leyó en mi presencia el que copio abajo y, al notar mi impaciencia mientras leía por lo extenso que es, me preguntó tras terminar su lectura a bocajarro si me había gustado o no. Todo un tipo.
Llamado por los malos poetasSe necesitan malos poetas.Buenas personas, pero poetasmalos. Dos, cien, mil malos poetasse necesitan más para que estallenlas diez mil flores del poema.Que en ellos viva la poesía,la innecesaria, la fútil, la sutilpoesía imprescindible. O la in-versa: la poesía necesaria,la prescindible para vivir.Que florezcan diez maos en el pantanoy en la barranca un Ele, un Juan,un Gelman como elefante entero de cristal roto,o un Rojas roto, mendigandoa la Reina de España.(Ahora Españaha vuelto a ser un reino y tiene Reina,y Rey del reino. España es un tablerode alfiles politizados y peonesrecién comidos: a la derecha, negros, paralizados, fuera del juego).Y aquí hay torres de goma, alfilespolitizados y damas policialesvigilando la casa.A la caza del hombre,por hambre, corren todos, saltande la cuadrícula y son comidos.Todo eso abunda: faltan los poetas,los mil, los diez mil malos, cada unoarmado con su libro de mierda. Faltan,sus ensayitos y sus novela en preparación.Ah.. y los curricola,y sus diez mil applys nos faltan.No es la muerte del hombre, es una gran ausenciahumana de malos poetas. Que florezcancien millones de tentativas abortadas,relecturas, incordios,folios de cartulina, ilustracionesde gente amiga, cenascon gente amiga, exégesis, escolios,tiempo perdido como todo.Se necesitan poetas gay, poetaslesbianas, poetasconsagrados a la cuestión del género,poetas que canten al hambre, al hombre,al nombre de su barrio, al arte y a la industria,a la estabilidad de las instituciones,a la mancha de ozono, al agujerode la revolución, al tajo agriode las mujeres, al latidoinaudible del pentium y a la guerraentendida como continuidad de la política,del comercio,del ocio de escribir.Se necesitan Betos, Titos, Carlosque escriban poemas. Alejandras y Marthasque escriban. Nombres para poetas,anagramas, seudónimos y contraseñaspara el chat room del verso se necesitan.Una poesía aquí del cirujeo en la veredas.Una poesía aquí de la mendicidad en las instituciones.Una poesía de los salones de lectura de versos.Una poesía por las calles (venid a verlos versos por las calles...)Una poesía cosmopolita (subid a verlos versos por la web...).Una poesía del amor aggiornado (bajad a verpoesía en el pesebre del amor...)Una poesía explosiva: etarra, ética,poéticamente equivocada.En los papeles, en los canalesculturales de cable, en las pantallasy en los monitores, en las antologías y en revistasy en libros y en emisiones clandestinasde frecuencia modulada se buscanpoetas y más malos poetas:grandes poetas celebrados pequeños,poetas notorios, plumas iluminadas,hombres nimios, miméticos,deteriorados por el alcohol,descerebrados por la droga,hipnotizados por el sexoidiotizados por el rock,odiados, amados por la gente aquí.En las habitaciones se buscan.En un bar, en los flippers,en los minutos de descanso de la oficina,entre dos clases de gramática,en clase media, en barriosvigilados se buscan.¿Habrá en la tropa?¿En los balnearios, en los bañospúblicos que han comenzado a construir?¿En los certámenes de versos?¿En los torneos de minifútbol?¿Bajo el sol quieto?¿A solas con su lengua?¿A solas con una idea repetitiva?¿Con gente?¿Sin amor?No es el fin de la historia, esel comienzo de la histeria lingual.Todo comienza y nace de una necesidad fraguada en la lengua.Falsifiquemos el deseo:Te necesito nene.Para empezar te necesito.Para necesitar, te pidoese minuto de poesía que necesito, necio:quisiera ver si me devuelves el ritmo de un mal poema,que me acarices con sus ripios,que me turbes la mente con otra idea banal,y que me bañes todo con la trivialidad del medio.Y en medio del camino, en el comienzode la comedia terrenal, quiero vivirla necedad y la necesidadde un sentimiento falso.Se necesitan nuevos sentimientos,nuevos pensamientos imbéciles, nuevaspropuestas para el cambio, causaspara temer, para tener,aquí en el sur.Y arriba España es un panalde hormigas orientales:rumanas, tunecinos,suecas a la sombra de un Rey.Riámonos del Rey.De su fealdad.De su fatalidad.De Su Graciosa Realidad.La realidad es un ensueño compartido.La realidad de Españaes su filosa lengua pronunciando la eñey su mojada espada pronunciando el ordendel capital y la sintaxis.¡Ay, lengua:aparta de mí este cuerno de la prosperidad clavado en tu ingle,suturada de chips, y cubrenuestras heridas con el bálsamo de los malos poemas..!
14 agosto 2010
Libros modestos, historias verdaderas
Uno de los consejos que nos legó Virgilio, ese "joven que promete" en palabras de Borges, es que admiráramos las fincas grandes y cultiváramos la pequeña. En un momento como el actual, donde todos quieren ser reconocidos cuanto antes como grandes artistas, parece un contrasentido alabar a aquel que, de modo honesto, prefiere trazar una narración modesta donde pueda entrar cualquier lector y encontrar sentimientos y verdades que, no por comunes, son menos importantes. Quizás por eso me ha alegrado enormemente la mañana de este sábado porteño la lectura del breve y hermoso libro de Celia Dosio El día que Perla voló.Este librito cuenta algo tan común y sencillo, algo tantas veces vivido y visto como es la amistad de dos adolescentes y sus primeros devaneos amorosos. Alude a lo tenso de las relaciones familiares, a los primeros desengaños y al modo en que, muchas veces, a través del dolor se llega a la alegría. Y todo eso en apenas cuarenta páginas construidas desde un discurso plenamente coherente y que se revela como el gran acierto del libro. Porque, conviene no olvidarlo, muchos podrían tener detrás de sí el bagaje de las dos protagonistas de este relato, pero quizás no todos sabrían vertebrarlo como lo hace Dosio para deleite del lector. El estilo de la narración permite, al mismo tiempo, que nos encontremos con la voz y la percepción del mundo de las dos adolescentes, Clarita y la narradora, y la mirada, distanciada, de la mujer que recuerda aquellos hechos, que puede ironizar, sin caer en el sarcasmo o en la burla, sobre todo aquello, que sigue mirando con cariño y, por qué no decirlo, cierta nostalgia.
Sencillo, directo y breve, inolvidable, la historia de las dos amigas y del horroroso perro de una de ellas, que da título al libro, es uno de esos libros que se disfrutan con el placer de lo ya conocido que se va tornando, a cada vuelta de página, en nuevo y sorprendente. Un libro lleno de vida, que no es poco entre tanta alambicada retórica y metaliteratura vacua.
Para los que todavía no lo han leído, decirles que están de suerte, tienen el texto completo en el blog de la librería y editorial Eterna Cadencia.
11 agosto 2010
Vuelo con escalas (4) Knock Out

Admitámoslo de una vez: hoy la literatura les interesa a cuatro. Intelectuales anacrónicos que viven todavía en el París de los años sesenta y esperan que debajo de los adoquines haya una playa. Ingenuos. Resulta muy difícil explicar a un espectador externo el porqué de que un negocio que mueve tan poco dinero tiene una presencia en los medios tan grande. Sus argumentos son mucho más válidos y comprensibles: hoy el deporte mueve más dinero, sus estrellas son los verdaderos modelos a imitar –quién se fija en un bizco como Sartre cuando lo ha dejado bizco un regate de Messi-, y son el verdadero centro del debate público. Casi nadie discute sobre lo acertado de la última elección estructural de la novela de Coetzee, pero todos tenemos una opinión razonada sobre la alineación ideal del combinado nacional.
Vistas así las cosas, hay que hacer lo necesario para atraer al público y, sobre todo, proyectar la presencia de Argentina en la Feria de Frankfurt hacia el futuro. Y eso no se hace con aburridos debates, sino siguiendo el espíritu de los tiempos que corren. Eso que los alemanes llaman Zeitgeist.
Hay que armar, por tanto, un pabellón deportivo. Un lugar donde los jóvenes autores puedan competir en carreras para ver quién llega primero a una editorial española, o francesa. Tal vez habría que organizar unas simultáneas de ajedrez donde los autores se la jueguen con un grupo de críticos de medios virtuales ávidos de entrar en los grandes periódicos donde dejarán de hacer crítica para convertirse en promotores de editoriales.
Aunque lo más llamativo sería algo sangriento y épico. El boxeo, por ejemplo, tan lleno de mitologías literarias y cinematográficas. Sobre todo el combate de los pesos pesados. A veinte rounds: un lucha titánica entre Piglia y Aira por la candidatura oficial al premio Nobel. Siempre es mejor un solo candidato para convencer a los académicos suecos. Poco literario quizás, pero tampoco es que hayan tenido la literatura en cuenta a menudo para dar el premio.
Columna aparecida en el diario Perfil de Argentina el día 1 de agosto de 2010
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