In some hallways where love's never been
On a bed where the moon has been sweating
In a cry filled with footsteps and sand
El éxito y la superficialidad no son sinónimos pese a lo repetido de la idea que enarbolan los prejuiciosos. En realidad, la mayoría de los libros que se publican, tengan eco comercial o no, son malos, es algo que no se recuerda casi nunca por muy cierto que sea. Y, por otro lado, uno de los libros más vendidos a lo largo del mundo de la edición es el Quijote, que es, convendremos, uno de los libros más modernos y excelsos que existen. Los dos libros que hasta ahora ha publicado Luiselli hacen volar en mil pedazos ese prejuicio tan repetido, porque son excelentes libros independientemente de que uno, la novela, haya tenido mucho más eco que el libro de ensayos.
El primer obstáculo que debe vencer Luiselli ante el prejuicio es que su prosa es de una sencillez engañosa. “Los ingrávidos” se lee con una facilidad pasmosa y por eso resulta cercana a cualquier lector. Cuenta las historias cruzadas de una joven editora y del poeta Gilberto Owen cuyos encuentros fantasmales y esquivos tienen lugar en los pasillos y trenes del metro de Nueva York. El acierto de Luiselli radica en haber sabido hilar una estructura mucho más compleja de lo que puede parecer en una primera lectura que sirve, además, como símbolo perfecto de la narración misma. Los fragmentos en que se vierte el texto son el correlato idóneo de los fugaces encuentros de los protagonistas y la trama se construye de modo subterráneo, como las vidas de los personajes de la novela. En ciertos momentos el lector puede encontrarse tan perdido como los miles de viajeros que transitan por la red suburbana de transporte y, sin embargo, cuando se pone fin a la lectura se comprende que el tejido construido por esos fragmentos se asemeja mucho a los planos de los trenes metropolitanos, donde se cruzan distintas líneas y que termina por entregar un plano analítico y sintetizado y, quizás por ello, muy completo de la ciudad que sostiene o extiende, pues para ambas cosas sirve el transporte público.
Con fina ironía, en uno de los pasajes del libro, la narradora desliza una suerte de poética de su novela, algunos lectores y críticos lo han señalado, cuando la narradora dice: “novelas aburridísimas donde todo engarza como en la cobija asfixiante que teje una abuela a su nieto”. Más allá de una preciosa metáfora sobre los corsés que la tradición impone a las nuevas generaciones, de algún modo Luiselli explicita el reto de su escritura: trazar esa cobija donde, pese a los cabos que se han dejado pretendidamente sueltos, se abrigue al lector de modo eficiente. O, lo que es lo mismo, una novela donde todo engarce sin aburrir al lector ni le apabulle al entregar esa sensación de acabado perfecto, de esfericidad que parece tan caduca a los ojos de la modernidad.
Porque quizás sea la reinterpretación de los géneros, el trabajo de búsqueda de lo que diferencia a unos de otros, lo que vertebre la escritura de Luiselli. Es algo que se aprecia mejor, paradójicamente, en el primero de sus libros, la ya mencionada recopilación de ensayos “Papeles falsos”. Libro complejo, por un lado se inserta gozosamente en una tradición que le es muy querida a su autora: la del vigoroso y siempre sorprendente ensayo mexicano, pero, al mismo tiempo, revienta desde su interior los presupuestos habituales de las misceláneas de ensayos habituales. Lejos de haber sido armado con textos de diversa procedencia excusándose en la unidad que siempre otorga una mirada única y un estilo definido, los ensayos de “Papeles falsos” parecen nacer unos de otros, ir enhebrándose de modo orgánico y el lector, que los va leyendo como piezas independientes, va comprendiendo a medida que avanza en la lectura que forman una unidad mayor, más compleja y que, sin embargo, han sido escritos con la habilidad de ofrecerse al lector como piezas independientes, o lo que es lo mismo, se trata de un mecanismo donde se ha diseñado con eficiencia cada una de las piezas que lo componen. Colección de ensayos o monografía encubierta, en “Papeles falsos” se cuestiona la idea misma del ensayo y del modo en que se presenta a los lectores. Y lo hace, además, bajo un espíritu tutelar, el de Joseph Brodsky, que sirve también como hilos temático de los ensayos, del mismo modo que en “Los ingrávidos” serán Gilberto Owen, y sus ídolos e interlocutores: Federico García Lorca y Ezra Pound los que encarnen la función de manes tutelares de la narración.
Luiselli es, ante todo, una inteligentísima lectora. De libros ajenos, por supuesto, pero también de los propios. Resulta tentador pensar en su desempeño como editora, donde desde luego no defraudaría a ningún lector exigente. Porque es capaz de, como se dice en mi tierra, separar el grano de la paja. Recuerdo siempre como, al poco de conocerla, hablábamos del “Pequeño vals vienés” y de la versión de Leonard Cohen. Fue ella la que me hizo ver que los tal vez más bellos versos de “Take This Waltz” no son de Lorca, sino del propio Cohen que, quizás sabedor de su belleza, había preferido colarlos allí dentro, humilde, porque la mayoría los creería del propio poeta granadino, y sólo algunos, los buenos lectores que conocieran el poema original, sabrían quién es su verdadero autor.
Bibliografía:
- “Los ingrávidos”, novela, Sexto piso, 2011
- “Papeles falsos”, ensayo, Sexto piso, 2010
