
En estos días tan sólo se podrán leer noticias sobre el libro electrónico, sobre la nueva plataforma Libranda -que si queire acabar con las librerías o no, que si es una chapuza o una buena idea, que lo extraño que es una joint venture de empresas tan grandes y blablá-, o sobre los autores más vendidos en la Feria del libro. O sea, la misma paparrucha de siempre que parece más destinada a las páginas color salmón que a una verdadera información cultural.
Entretanto, para aquellos a los que les guste de verdad un buen libro, avisarles de que soplan vientos más que frescos y agradables desde Portugal. Yo, que viví en Lisboa durante todo un año hace una década, estaba siempre algo intrigado por las razones que hacían que un país tan delicado y excelente en todo lo tocante al diseño y la estética, editase de un modo tan feo y descuidado. Las librerías del Chiado eran un monumento al más gusto en la mayoría de las ocasiones y había que rebuscar entre los estantes de los alfarrabistas algo verdaderamente bello. Pero, de unos años a esta parte, eso ha cambiado de modo radical. El pasado puente de diciembre me dejé caer de nuevo por las librerías lisboetas y me quedé totalmente enamorado de muchos de los libros que allí encontré. Entre ellos los de la recién nacida editorial Minotauro, un sello de Edições 70 que dirige Antonio Sáez Delgado y que se dedica a difundir autores de la literatura española. Los títulos del lanzamiento, como puede observar cualquier lector hablan muy bien de la dirección elegida. Chirbes, Julián Rodríguez, Pombo y Tusquets. Los siguientes autores editados allá han sido Gopegui y Fontana. Nada que objetar en lo tocante a la calidad de los títulos. Pero, ¿y los libros, como tales?
