
Pero, sin duda, la mayor alegría me la han dado los chico de Lengua de Trapo que, por fin, se han quitado de encima el rígido corsé de la portada americana que tenían desde hace años. Parece que el departamente de diseño de la editorial ha dado con un nuevo diseño que, sin parecer el definitivo -yo cambiaría de una santa vez esa tipografía retrofuturista y me cepillaría de una santa vez las cajas con bordes anchos que conservan- supone un cambio. En la colección de Ensayo y la de Narrativa extranjera, donde se han permitido más libertades, las portadas son más agradables.
Ahora que ya se han renovado las vestimentas, pueden continuar con la ropa interior. Quizá una caja más generosa, que deje un margen en el que quepa un pulgar, una letra más indicada para libros y una fuente nueva para los números -posiblemente son los números de paginación más feos de la edición española- supondría un lavado de cara ideal.
Para los que sabemos que un libro no es sólo un soporte, sino que es vehículo y fin en sí mismo, estas cosas son importantes. Porque, como decía Juan Ramón, un libro, editado de un modo distinto, dice otras cosas.