
Fogwill ofrece nuevos modos de posar para las solapas de los libros y los suplementos culturales en los que invitan al artista a mostrar su intimidad.
La foto es de Julieta Cecchi para No retornable.
«La ética es la estética del futuro.»
Lenin
«La verdad es siempre revolucionaria.»
Gramsci
«Y es que el público es un examinador, pero sin duda uno distraído.»
W. Benjamin

A pesar de contar con poco más de diez años, cualquiera puede ver que la existencia de Google ha modificado de modo drástico la concepción del mundo. Y de una parte de él: las expresiones artísticas y, entre ellas, la literatura. Jordi Carrión, que es uno de los más atentos autores que tenemos, ha organizado una serie de encuentros en Mataró para dilucidar cómo el buscador del logaritmo ha revolucionado los modos de la creación. Los que tengan la suerte de andar por Mataró podrán verlo en vivo y en directo, los que no pueden echarle un vistazo a las crónicas que, amablemente, está escribiendo el propio Jordi en su blog. Al menos es lo que estoy haciendo yo.
UNO. Libros inacabables, listados que sirven, acaso, para inventariar el mundo, que nos hablan de la necesidad constante del ser humano de buscar, de crear, un orden para el caos en el que se ve inmerso. Ese tipo de libros son una delicia que, de vez en cuando, nos hablan del idealismo que subyace bajo cualquier proyecto humano. Georges Perec ha pasado, con toda justicia, a encabezar la lista de autores encargados de dar a luz esas muestras de la necesidad enciclopédica del ser humano. Pero hay otro libro que es perfectamente conocido por todo lector que está más cerca del libro que centra estas líneas. Se trata de los Ejercicios de estilo de Raymond Queneau, que está compuesto por noventa y nueve variantes posibles de narrar un mismo hecho anecdótico. Todo escritor está obligado a acercarse a ese libro, porque nos habla de lo que es, realmente, la literatura, que nunca es el argumento sobre el que esta tiene lugar. Como señaló Albert Boadella cuando dijo que el teatro es todo aquello que no está en el texto teatral, la literatura se construye sobre todo aquello que no es la historia. Por eso son tan importantes esas noventa y nueve maneras de decir lo mismo, porque nunca pueden ser, ni remotamente, lo mismo. Camilien Roy ha sido capaz de trasladar esa certeza a un contexto interesantísimo: las cartas de rechazo de una novela. Hay muchos escritores, conocidos o no, publicados e inéditos, que han guardado celosamente las cartas de rechazo de sus libros. De algún modo son el documento de que ellos también se vieron obligados a asumir el fracaso. Lo que no es tan normal es que un autor se esfuerce en construir un libro divertidísimo sobre esas cartas que suponen, las más de las veces, un verdadero mazazo para la autoestima del escritor. Y, como hiciera Queneau, lo ha hecho mediante noventa y nueve texto, noventa y nueve maneras de decir que no, que son una verdadera delicia.
TRES. Aunque el elemento decisivo es, sin duda, la narratividad. Pese a que nos encontramos ante un texto de una formalidad cara, poco más que un instrumento comercial o empresarial, Roy ha sabido exprimir al máximo una idea afortunadísima: son textos destinados a escritores, que van a saber valorar el envoltorio tanto o más que el mensaje. Cuando uno recibe un sobre de una editorial sin un contrato dentro ya sabe que se trata de una carta de rechazo, y que, por lo tanto, lo de menos es el cómo. Pero no es así, porque si hay algo que diferencia a un escritor del resto de la humanidad es que le da tanta o más importancia al modo en que se dice que a lo que se dice. A un carnicero o al funcionario les importa tan sólo el qué, el mensaje es un mero instrumento, pero el escritor concibe el mensaje como el objetivo en sí. Por eso el concepto del libro es doblemente acertado, ya que si hay alguien que debería valorar esas ejemplificaciones estilísticas del mensaje ese alguien es un escritor.
UNO. Hay libros que han pasado a la Historia por su capacidad de retratar la vida cotidiana, con todas sus intimidades, y los orígenes del pensamiento de algunos grandes autores. Sería el caso de la Vida de Samuel Johnson, de James Boswell, las Conversaciones con Goethe de Eckerman o Juan Ramón de viva voz de Juan Guerrero Ruiz, por poner tres ejemplos claros. Este de Maupassant sobre Flaubert tiene dos particularidades que lo diferencian de los anteriores: una es que su autor ha pasado a la historia por mucho más que por su relación con el genio del que escribe. El tiempo es cruel, y hoy quizás, pese a la excelencia de esos libros, nada sabríamos de Boswell, Eckerman o Guerrero, de no haber sabido hilar tan fino con los grandes monstruos de la creación con los que trataron. Y no es, precisamente, algo fácil, ni el tratar con el artista ni el reflejar con tanto tino su pensamiento, pero en todos los casos uno sabe que serían pasto del olvido de no haber sido por sus amistades. Con Maupassant no sucede eso, ya que su labor como escritor es incuestionable, lo que hace doblemente interesante este libro.
UNO. La muerte irrumpe en un paraíso en la tierra, una comunidad de la alta sociedad que nunca volverá a ser la misma tras el macabro hallazgo: una joven atada y violada en medio de los jardines de la urbanización. Sobre ese cuerpo, ese detalle que rompe la imagen idílica que los habitantes tienen de sus vidas, pivota la intensa narración de Diego José con la que se ha dado a conocer en España.
Pues sí, no hay nada más sano que no hacer nada, tener un día perezoso y dejarse llevar de bar en bar hasta una librería, gastar un poco de dinero, muy poco, apenas un euro -qué poco valen las cosas verdaderamente valiosas-, y llevarse a casa un tesoro, bueno, cuatro. Tanto es así que me pide el cuerpo compartir un poco de ese tesoro con vosotros.Consejo sobre la elaboración de colores para la pintura
Para elaborar el color azul, recorta un pedazo
de este cielo de agosto y sumérgelo unos minutos
en un vaso de agua de mar: ganará en transparencia.
Naranjas, rojos, violetas te los regalarán el amanecer
y el ocaso a cambio de una sonrisa. Si necesitas del verde
sube a la colina. No pidas nada a los árboles, pero
arranca el manojo de hierbas sobre el que tu pelo
haya estado acostado antes. Y el dorado, el dorado recógelo
cuidadosamente, de tan frágil, de las esquirlas de este instante.
Martín López Vega
Un modelo más de foto solemne de escritor a imitar, sobre todo para los que se ponen la manita en la cara y posan con aire intelectual.
UNO. En breve, aparecerán reunidas en un solo volumen de bolsillo –quizás va llegando la hora de cambiarle el nombre y hablar más bien de “edición económica”, ya que la mayoría de las ediciones de bolsillo no caben en bolsillo alguno-, tres novelas de Damián Tabarovsky: Bingo, Kafka de vacaciones y Las hernias. Esto se producirá en Argentina y esperemos que no tarden mucho en ser publicados también en España, donde se editarían por primera vez, –y, por el bien de los lectores, en todos los países de habla hispana-. Las dos primeras fueron publicadas por la excelente editorial rosarina Beatriz Viterbo, y la tercera del volumen apareció bajo la singladura de Sudamericana/Mondadori. Reunir en un solo volumen estas tres novelas resulta especialmente interesante para comprender la evolución que, durante la escritura de las mismas, tuvo lugar en la narrativa de Tabarosky.
João Gilberto Noll: "Escapo de la prosa neutra"
En todos los medios se han hecho eco de la gran efemérides de este mes, quizás del año: el segundo centenario del nacimiento en Boston del primer gran escritor de la literatura norteamericana y uno de los más influyentes autores de la literatura actual. Repasar todos y cada uno de los méritos de Poe es casi imposible. Quizás, lo mejor es, como sucede siempre en el caso de la literatura, leerlo. Todos estos festejos y demás eventos destinados a promocionar la lectura y la figura de los escritores olvidan siempre lo más importante: la literatura tiene lugar en la intimidad y se realiza mediante la lectura personal del texto.