In memoriam
El verano, más especialmente agosto, nos ha traído dos noticias con una percha común: premio Nobel y literatura. Naguib Mahfouz ha muerto, y lo ha hecho sordo y ciego, él que fue un narrador del ruidoso y exuberante El Cairo. Yo, la verdad, no he leído casi nada de él, pero le tenía un afecto especial. La trilogía de Mahfuz era lo que leía en el despacho del padre de mi amigo O. mientras esperaba a que este terminase de arreglarse, o de jugar una partida al ordenador –él siempre fue mucho más aficionado a estos trastos que yo- para irnos a la calle. Yo me metía en el despacho de su padre, que estaba junto a la puerta principal del adosado donde vivían, y cogía alguno de los libros que allí había y los hojeaba, a veces me sentaba y los leía auspiciado por el eterno buen humor de ese hombre bueno que jamás nos regañó por muchas trastadas que hicimos.
A mí me gustaba mucho lo que contaba Mahfuz, era un mundo que parecía casi la España de la que me hablaban mi abuela y la de O. mientras nos daba de merendar –yo pasé muchas horas en aquel chalet adosado, a qué mentirnos- y cuando, años más tarde, estuve trabajando como becario en una de las editoriales del grupo Planeta siempre que alguien ponía mala cara al decirle qué editorial era yo la defendía diciendo que ahí estaba publicado todo Mahfuz.
Además era un escritor con un compromiso real, con la gente de su entorno, con lo que sucedía en el día a día de sus vecinos. Su islamismo moderado respondía a una necesidad de dejar espacio vital a los ciudadanos, y por eso estuvo realmente amenazado por los fundamentalistas –de hecho un fanático le asestó varias puñaladas en la calle y desde entonces nunca recuperó del todo la salud. Mahfuz se atrevió a decir verdades en un mundo donde estas no son bien recibidas y venden muy poco.
Parece ser que el Calígula de Valladolid le hizo una visita en un viaje oficial a Egipto y le manifestó su admiración por su obra y su cultura. Mahfuz, bien educado y agradecido, agradeció la visita del presidente español. Pero eso no le impidió que, cuando contempló las fotos de la reunión de las Azores y vio allí al mismo amante de la cultura islámica que le visitó, se preguntase qué tipo de amor y respeto por la cultura tenía ese hombre. Y así lo hizo saber públicamente. En ese mismo momento, le pesase a quién le pesase, por encima de las consecuencias negativas que le pudiese acarrear.
Mahfuz tenía prohibido visitar muchos países árabes, pero no así sus libros, que seguirán haciendo disfrutar a afortunados lectores –incluso a Aznar-, y una militancia social y política que respetamos muchos otros –no creo que, en este caso, suceda lo mismo con Aznar.
Al lado de la figura de alguien así, qué más da la aburrida literatura, los aburridos discursos y la escasa coherencia de GG, qué más dan las SS, los Nobel –que, como dijo Benítez Reyes, es un premio que la gente que no lee nunca cree que lo da Dios, aunque lo dé sólo un grupo de viejos suecos, a lo que yo agrego que viejos suecos que leen poco- o que un señorito alemán confiese ahora, para vender unos pocos libros más, que hizo o dejó de hacer a los diecisiete años. Cuando lo importante es que a lo largo de los sesenta años siguientes se lo haya callado, y todo para que antes o después le diesen un premio unos suecos.
El día 23 de agosto de 2006 murió un gran escritor, se llamaba Naguib Mahfuz, lo otro es tan aburrido que parece salido de Aquí hay tomate.
31.8.06
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Una nueva literatura/ Una nueva crítica
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9 comentarios:
En efecto, todo lo demás es aburrido, y no entiendo entonces por qué mezclas churras con merinas, si los correveidiles de las editoriales son el mismo barullo de patio de vecindad que el asunto de las siglas.
Otros hicieron antes otras cosas para "vender más libros", y pienso en algún que otro clásico pre-Nobel. Lo que cuenta es lo que diga el señor Grass, mientras pele la cebolla. Y digo yo, que si su filiación a las SS (no en Auschwitz gaseando, no en Stalingrado con una M-44, sino como tantos padres y abuelos de nuestra generación que estaban en los campamentos de falange porque era mejor que pudrirse con el chusco en casa; al menos en anzing las cosas eran diferentes para un alemán de 15 años) constaba en el registro, a mano de quien quisiera husmear... ¿no será que poniéndose en la palestra, aparte de vender más libros -crees que le hacía falta, si en Alemania siempre ha vendido- sacudirá un poquito las conicencias de otros alemanes que se ufanan de "haber cumplido el deber", aún hoy, que sabemos que Matthausen no era una pesadilla virtual, o irse al cuerno del mundo a invadir no tenía nada que ver con reparar las humillaciones del tratado de Versalles para los alemanes?
¿No estará Günter Grass qhaciendo otra cosa, muy distinta a la que a primera vista ve la mordacidad?
Sí, Naguib murió sordo y ciego, pero eso no le impidió nunca fijarse en las verdades que murmuran bajo toda la mugrienta capa de bobadas del mundo, igual que Beethoven.
Un islamista no es lo mismo que un musulmán, del mismo modo que en el enclave alemán de Danzing (antes se me comieron las prisas la inicial), en 1939, un nacionalsocialista no era lo mismo que un alemán. La inercia arrastra a los humanos a muchas cosas, especialmente cuando son bisoños y el destino les ha arrojado a un mapa complicado. Por acabar con las semejanzas, un stalinista ocasional (la tan traída y llevada oda de Neruda) no hace de un poeta lo que no es, sobre todo si después escribe diez poemas contra el psicópata georgiano. Y mi pregunta es... si en Nüremberg se juzgó a un puñado de nazis porque no se podía juzgar a toda la masa y su connivencia o ahesión, pero después cayó una losa de culpa sempiterna sobre todo lo germanófilo, durante décadas... ¿le hubiera perdonado alguien a Günter Grass haberse enrolado en las filas de las SS en su aislada porción de patria? ¿No redime todo eso, si es que cabe redención, la obra vital y literaria posterior? ¿Hemos hecho transición en España o sólo un pegote, porque no podemos juzgar a todo el mundo?
Mahfuz no era un islamista moderado, era un musulmán inteligente y tolerante, que lleva más calado. Y dicho sea de paso, una voz amable de la historia, que traía a Akhenatón o Nefertiti a un plano mucho menos pétreo y distante de lo que estábamos acostumbrados. Mahfuz se hubiera entendido con intelectuales y mentes abiertas de cualquier parte, como los sufíes, por ejemplo, también acosados en muchas latitudes del Islam.
Aparte de eso, y con una discrepancia de lo más cordial, no me parece que "El rodaballo" y mucho menos "El tambor de hojalata" sean aburridos.
Perdón por la redundancia de hoy, pero es que el tema de los juicios sumarísimos me solivianta un poco.
Saludos, buda silente.
¡Menos mal que has vuelto! estábamos un poco "huérfanos" sin tus comentarios y sin relato de fin de semana. Además vuelves con una noticia triste pero lo que cuentas a mi me ha parecido interesante Tiene algo de "homenaje" cariñoso (aunque la palabra homenaje suene a parada militar), a un escritor poco leído. Me gustaría saber que opinas de las memorias de Günter Grass pero por lo que dices no creo que tengas mucho interés en leerlas. Un saludo y bienvenido
Para sergi sólo un apunte, en España no es que no se haya podido juzgar a todo el mundo, es que no se ha juzgado absolutamente a nadie. Si no has leído "No es cuento largo" me permito recomendártelo. Un saludo
Cuando nadie recuerde ya a Aznar seguirán leyéndose las obras de Mahfuz. Afirmo.
Perdón quise decicr "Es cuento largo" de G. Grass
Gracias, perfil, lo apunto. Y llevas razón en el matiz.
Francisco, yo me seguiré acordando de Aznar, cada vez que alguien me pregunte el significado de "mentir". Claro que Mahfuz me habitará de otros modos, bastante más luminosos.
Gracias, perfil, lo apunto. Y llevas razón en el matiz.
Francisco, yo me seguiré acordando de Aznar, cada vez que alguien me pregunte el significado de "mentir". Claro que Mahfuz me habitará de otros modos, bastante más luminosos.
EL GUNTER GRASS PARAGUAYO
(X Luis Agüero Wagner, comentario publicado en “La Naciòn” de Asunción, 19 de octubre de 2006 )
El Gunter Grass paraguayo, Alcibiades González Delvalle, sigue guardando un sepulcral silencio sobre su siniestro pasado como policía de Stroessner, a pesar que esta gravísima acusación ya ha recorrido el mundo a través de agencias noticiosas extranjeras y se ha publicado en innumerables sitios web y periódicos locales como noticia insólita. A diferencia del escritor alemán que tuvo el coraje de confesar de motu proprio su paso por las Waffen SS durante el régimen de Adolf Hitler, su homólogo local temblando de cobardía opta por intentar esconder su deshonroso paso por la policía estronista, que lo integró como oficial por decreto 13.125 el 9 de noviembre de 1960. ¿Qué méritos hizo Alcibiades González Delvalle para ascender el 7 de septiembre de 1962 a oficial 1º de Policía por decreto 24.581, firmado por Alfredo Stroessner y Édgar L. Ynsfrán? ¿Cuántas veces aplicó la picana eléctrica? ¿A cuántos integrantes del FULNA o del Movimiento 14 de mayo apresó? ¿Cuántos "comunistas" pileteó?
Grandes misterios sin resolver, enigmas sin respuesta perdidos en la nebulosa del pasado de este privilegiado zoquetero del gobierno municipal colorado de Enrique Riera y referente periodístico de la ultraderecha tilinga: Alcibiades González Delvalle.
Olvidan sus abogadas al pretender defender a este chancho de su chiquero periodístico, cuánto dinero robado durante la dictadura a las arcas de la intendencia del ejército, a la Flomeres, IPS y el Banco Nacional de Fomento costó al pueblo paraguayo la inauguración de los medios de comunicación que le valieron su ascenso al coronel Pablo Rojas. Así como tardaron 30 años para descubrir que el país vivía bajo una dictadura, y hoy no terminan de jactarse de la lucha que la National Endowment for Democracy les financió contra la fase terminal del régimen que les proveyó los recursos para inaugurar sus medios de comunicación, no es extraño que lleven 46 años sin enterarse que el impoluto moralista de la pluma Alcibiades González Delvalle sirvió como tenebroso policía de Stroessner durante la etapa más sangrienta de la dictadura.
A mediados de este año el mundo se enteró, en revelación hecha por el mismo interesado, que el escritor alemán Gunter Grass sirvió unos meses, a los 17 años de edad, en las Waffen SS y de que ocultó por sesenta años la noticia, haciendo creer que había sido soldado en una batería antiaérea del ejército regular alemán. No sorprende en absoluto que Grass ocultara su pertenencia a una tropa de élite visceralmente identificada con el régimen nazi, de tan siniestra participación en tareas de represión política, torturas y exterminación de disidentes y judíos, aunque, como ha dicho, él no llegara a disparar un solo tiro antes de ser herido y capturado por los norteamericanos.
Pero a diferencia del ex policía de la etapa más sangrienta de la dictadura Alcibiades González Delvalle, Gunter Grass no esperó a que aquel remoto episodio de su juventud llegara a conocerse por otras fuentes, echando sombra sobre su nombre y reputación de escritor comprometido. Dentro de algunos meses, ya nadie recordará el paso del escritor alemán por las SS pero la gloria de su trilogía novelesca de Danzig, en especial "El Tambor de Hojalata", se mantendrá intacta.
No sería ecuánime que el mismo destino tuvieran quienes como el policía de la cultura decidieron escudarse, y no en el talento ni el compromiso que nunca tuvo en abundancia, sino en el posicionamiento alcanzado mediante políticos corruptos, intereses foráneos y el olvido propio de una sociedad impura.
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