
Lo primero, la sospecha de que Planeta anda detrás de Anagrama ahora que la gente de Prisa parece haber amainado. Vuelven a la carga con la Púertolas -¿recuerdan cuando ganó el premio estrella de la casa?- que pareció desoír los cantos de sirena de la gran editorial de los Lara, y que ahora es miembro del jurado. Tantean a Pombo -posiblemente el novelista de eso que se llamó "Nueva narrativa española" y que con el tiempo se ha convertido en la "Misma mediocridad de siempre" más fiel a Herralde y él se deja querer. Uno no quiere pensar en eso de que la fidelidad es un grado, pero... la verdad es que no veo otra salida.
Se acuerda uno del affaire Marías -Javier, por supuesto, que es el que más vende de la familia- con Herralde. Se saldó con la huida del novelista más británico de la literatura española -ese que escribe como si estuviera traducido pero se deja ver en las promociones de Random House como un amante de los clásicos españoles- en la manos de Prisa, que perdió un pastón con Negra espalda del tiempo -hasta los títulos parecen traducidos, Dios mío.
Ahora se conoce que no anda muy contento con la distribución y número de ventas de sus libros en bolsillo y se pasa a la competencia. Debolsillo, la sección de aeropuertos, estaciones de tren y demás lugares de despacho rápido de literatura es la nueva editora de Marías. Un ramillete de nuevas ediciones del autor son la gran novedad de la casa. Por supuesto, la gente del grupo Berstelmann ya está tirando del novelista madrileño para las distintas promos y actos de prensa.
O sea, que desde que dejó Anagrama, Marías se va arrastrando de editorial a editorial como puta por rastrojos -puta muy bien pagada, eso sí- pero cada día editada más a la brava. Misterios del ego.
No quiere uno pensar que esto vaya a pasar en el caso de Pombo. No pasó con Puértolas, no pasó com Tomeo, no tiene el por qué suceder con él. Pero anda uno con la mosca tras la oreja, la verdad.
Quien no pierde, gane quien gane, es Hacienda. Como te escriben media novela se quedan con la mitad del premio.
Qué poco se parece el munde editorial al astrofísico. Ellos no tienen piedad a la hora de borrar planetas de las enciclopedias, y las editoriales se pasan el día subiendo estrellas a los altares.