
Pero yo creo que, ante todo, el cuentista reflexiona tanto sobre su material de trabajo porque es un tipo económico. Un buen cuentista gasta poco. Gasta poco en palabras, por ejemplo, y gasta poco tiempo del lector. Quiere decir mucho en pocas palabras, y se ve que en eso es como las madres de las familias numerosas, haciendo siempre cuentas para llegar a fin de mes y poder solventar la enorme cantidad de gastos que tienen en casa. Por eso un pantalón pasa de mano en mano hasta que ya no sirve como pantalón y se convierte en trapos. Con el cuentista pasa un poco lo mismo, está más horas pensando como montarse una historia gastando lo mínimo, y tanto medita y tanto reflexiona que al final se le queda la manía y quiere inventar un método para ahorrar más. Enl cuentista se parece un poco a esos calendarios de antes, en los que cada día era una hoja, y a la vuelta te ofrecían historias, consejos y demás. Siente, por un raro sentido de hermandad, que debe ofrecer a la gente la fórmula que a él le ha dado la felicidad. Porque el cuenstista es generoso, y no quiere ghastar más tiempo del necesario en la vida del lector, y tampoco le gusta demasiado que los compañeros gasten tiempo pudiendo seguir sus consejos.