
Todo aquel que se acerque a este autor saldrá enormemente recompensado.
Yo, ayer, me puse a leer la edición que tengo de los 64 contos que me trajo un amigo de Brasil, y pasé un rato excelente acompañado de esos seres humanos que hablan de cosas que nadie quiere expresar. Hablan de sudores, de deseos, de la porquería que se acumula en el ombligo y bajo las uñas, de sexo, de la miseria de tener que levantarse todos los días para trabajar en algo que odiamos, del amor, de la envidia que sentimos por el vecino de al lado, más guapo y simpático que nosotros. Hablan de la vida. Todas y cada una de sus historias habla de un modo descreído de la condición humana.
Si en vez de ser brasileño fuera estadounidense estaría en boca de todos desde hace muchos años, porque este letrado metido a periodista y escritor ha conseguido lo más difícil, ser capaz de contarnos cualquier historia sin juzgar a sus protagonistas, o condenándolos a todos desde el principio, que es otra manera de que todos estén a la misma altura.
La foto es un tópico, lo sé, ni es Fonseca ni cuestiona la idea mitificada de Rio de Janeiro. Pero es preciosa, no digan que no. Como decía Jobim: "Cristo Rdentor, brazos abiertos sobre Guanabara. Esoy muriéndome de saudade. Vamos a aterrizar."