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09 julio 2009

Sobre ideas superadas e ideologías disfrazadas

Cada vez que a algún político español se le llena la boca para hacer hincapié en la relevancia actual en el mundo de nuestro país me dan ganas de mearme de risa. No ya porque para ellos el signo inequívoco de esa importancia sea que José Luis Zapatero se vaya con otros ocho colegas a ver los efectos de un terremoto que todavía tiene a miles de personas “de campamento”, sino porque en España hace tiempo que se ha establecido la certeza de que ya estamos “a la misma altura” que los países más desarrollados. España, por una vez, se han enganchado al tren de la modernidad, no como venía sucediendo desde que, hace siglos, comenzó la decadencia de la dinastías de los Habsburgo. No sé si la medida de la modernidad la da el número de marcas comerciales entre las que elige el consumidor en una tienda.
Y, sin embargo, basta con echarle un vistazo a lo que ocurre en realidad en esos lugares donde sí se indica por dónde anda la modernidad para ver que lo de España sigue siendo cómico. Vamos a poner un sencillo ejemplo: el comunismo. Anatemizado, no se puede nombrar el comunismo si uno pretende pasar por alguien serio. Ya cayó el comunismo en el ochenta y nueve dicen unos –aunque sigue habiendo gobiernos comunistas en el mundo-, eso es una cosa del pasado –aunque al influencia del pensamiento de Marx y Engels se siga apreciando, sobre todo, en los textos teóricos de los think tanks straussistas-, y despacharlo con una apelación irónica a “todas esas ideas que se han demostrado utópicas” suelen ser las salidas habituales. En España el Partido Comunista se ha camuflado bajo unas siglas en las que se engloba toda una coalición progresista que, formada por militantes cada día más alejados de la realidad y reticentes a nuevas ideas, ve cómo tras cada cita electoral su presencia es menos relevante. E, incluso, se aprecia un desdén por parte de eso que se ha dado en llamar “alteridad” o “movimientos antiglobalización” hacia el comunismo, y un miedo casi atroz a ser calificados como tales cuando se habla de ellos en cualquier medio de comunicación.
Hasta cierto punto es normal. Algunos de los regímenes que se han reconocido como comunistas han quedado fijados en la historia como sanguinarios e inhumanos. Normalmente los que recuerdan de modo insistente esto suelen olvidar todos los desmanes de otros gobiernos dictatoriales o la salvaje depredación, ecológica y humana, que el capitalismo ejerce. Pero bueno, que unos sean unos desalmados no sirve como permiso para que lo sean otros. Un dictador de una ideología no justifica a otro de la contraria, eso es cierto, aunque muchas veces se olvide.

Lo curioso es que en España haya una tendencia casi unánime a olvidar la existencia de todo el pensamiento socialista, a ignorarlo. Esa España moderna se ha quedado, se conoce, en El fin de la historia y el último hombre –si citamos, citemos bien- de Fukuyama. Pero, lo que es peor, se han quedado en los resúmenes apresurados de los suplementos dominicales. Repasemos el libro de Fukuyama: La teoría que pretende demostrar es que el neoliberalismo ha logrado una de las tesis marxistas, la de una sociedad sin lucha de clases. Una sociedad sin debate ideológico, donde tan sólo las medidas económicas a tomar sean motivo de controversia. O sea: una mirada materialista. Puro marxismo. Otra cosa es que no sea un libro a favor del comunismo, pero está cimentado sobre él. Y sí, es que el capitalismo está montado sobre el pensamiento de Marx. Guste o no es lo que hay.
Quizás habría que recordar el interesante seminario que en el mes de marzo tuvo lugar en la universidad londinense de Birkbeck tuvo lugar: “Sobre la idea del comunismo”. Un debate en un marco universitario sobre esa “desfasada” realidad. Uno puede imaginarse a un grupo de viejos parlamentarios laboristas, algunos sindicalistas jubilados hace dos décadas y algunos jovencitos con poco gusto en peluquería. Eso es lo que muchos querrían pensar, que aquellas reuniones eran una muestra más de lo marginal de su presencia. Pero no, la nómina de participantes en el congreso es de altísimo nivel, posiblemente están algunos de los grandes pensadores del mundo de hoy: Badiou, Zizek, Negri, Eagleton, Hardt, Ranciere, Vattimo, entre otros. Casi nada. Por supuesto, no había un solo invitado español, quizás porque todavía están asimilando el libro de Fukuyama y, por descontado, no saben otra cosa de los de Negri y Hardt que el hecho de que están en las librerías. En España, incluso los catedráticos que postulan visiones marxistas se alejan del adjetivo como un gato frente a un barreño.
Hay que ser un poco más inteligentes y estar un poco más en el mundo. La influencia del pensamiento marxista sigue siendo hoy vigente, basta con echar un vistazo a cualquier edición de El capital, por ejemplo. Y, más todavía, entre los que parecen comulgar menos con el ideólogo del socialismo. Una de las muestras más evidente de la fragilidad de un discurso es la negación de cualquier otro discurso que pueda oponerse a él. Eso sucede con el neoliberalismo, y quizás es en ese flanco donde deberían meditar más sus apologetas. Por otro lado, lo que sucede en América latina, o la presencia en las sociedades más industrializadas de numerosos grupos “antisistema” son una muestra más de que, lejos de estar periclitado, el pensamiento marxista sigue siendo fértil.
Es una lástima que no haya ninguna institución cultural española que se atreva a afrontar un encuentro serio de la categoría del celebrado en Londres en que se deje espacio, sobre todo, al pensamiento. Pero, eso sí, lo importante es que a Zapatero le inviten Sarko y Papi a los Abruzzos. Y que CR7 sabe contar hasta tres.
Las ilustraciones son de Alexander Kosolapov,

10 julio 2007

Muestrario de intenciones

Una de las primeras cosas que le pregunté al editor de En defensa de la intolerancia fue de qué edición habían traducido este libro. Bien, ahí llegó mi primera sorpresa. Este libro es único, consta de una serie de materiales recopilados, rescritos y remontados por el propio autor. Y eso se nota en el acabado del producto. Si, en vez de estar hablando de un libro, fuese un disco el objeto de análisis, diríamos que estamos ante un recopilatorio de grandes éxitos remezclados para la ocasión. Eso no desmerece el acabado final de la obra, yo tanto en mi discoteca discos de mezclas mucho mejores que los originales, y el collage se encargó de demostrar hace años que se pueden reutilizar materiales para lanzar un nuevo mensaje.
Lo que es más curioso todavía es que el editor de un libro no considere que el título que ha publicado sea una obra relevante. Y eso sucede con este libro, que está editado, según su propio editor, con un afán polémico. Hay que hablar de una vez por todas de los mecanismos que el Imperio –término acuñado por Negri y Hardt- usa para lograr sus objetivos, y de las herramientas de enfrentamiento que, como ciudadanos, tenemos para defendernos de él.
Este libro se centra en la repolitización de la economía, pero al mismo tiempo va repasando muchas de las controversias creadas por lo tópicos de la época que nos ha tocado vivir. Su título, provocador, llama la atención por el simple hecho de que recoloca en el centro mismo del debate el lenguaje, el sentido, qué queremos decir con las palabras. El sistema capitalista ha sabido desactivar los verdaderos significados de las palabras a través de un uso abusivo de las mismas. El estado capitalista ha generado una idea de la tolerancia muy lejana al significado original de la misma. No es algo sorprendente, desde hace ya dos siglos una de las labores que más intensamente han desempeñado los políticos es la de redefinir conceptos para, utilizando ideas aceptadas por la mayoría, colar nuevos argumentos ideológicos. Hoy, la idea de tolerancia, tal y como se establece en el ámbito del mundo occidental está contaminada de un modo lamentable por su opuesto. Hoy la tolerancia del estado se basa en la transgresión del respeto. El tópico progresista pasa por el: “Una ideología, una religión, un modo de vida son tolerables en tanto que no atenten contra los ideales de la vida en común”. Mentira, cualquier cosa es tolerable siempre que no atente contra el sistema capitalista y los poderosos del sistema. Si la minoría transgrede todas las “normas” de la vida en común es tolerable si posee el dinero suficiente para ser intocable, como sucede, por ejemplo, con muchos jeques árabes, que son recibidos como prohombres aunque sus costumbres violan muchas de las leyes occidentales. Caso parecido pero en el entorno opuesto es lo que ha sucedido en las antiguas colonias europeas de África, sobre todo las británicas. De los procesos de independencia, en realidad guerras civiles apoyadas desde las antiguas metrópolis para mantener los privilegios económicos en la zona, han surgido sociedades que ya no imponen la cultura colonizadora y que están gobernadas por nativos. Pero en ellas el poder real sigue estando ostentado por una minoría blanca, descendiente de los criollos, que es intocable por su posición social y que son los que pueden llevar una vida cómoda en países que carecen por completo de infraestructuras.
Todo ello se ha logrado mediante la afirmación de que el sistema es inmejorable, el capitalismo ha venido para quedarse y no hay otro modo de entender las relaciones económicas entre seres humanos. Se entra entonces en un entorno post-político donde las únicas variantes que ofrece los partidos de derecha e izquierda es una mayor o menos política social. Se da el caso de que, independientemente de quién esté en el gobierno, dichas políticas son, siempre, cosméticas y están destinadas más a paliar los casos puntuales que salen a la luz que a resolver de un modo integral al problema.
Para hacerlo así habría que retornar a una concepción de la política como entorno de lucha ideológica, como campo de batalla de diferentes concepciones económicas. No deja de ser paradigmático que los ideólogos del pensamiento único, la tercera vía, el neoliberalismo y demás corrientes políticas que asumen el capitalismo como único marco de desarrollo posible, partan siempre de una lectura de la historia apegada a los textos de Marx, al que al mismo tiempo deslegitiman como pensador político o económico. Nunca como hasta hoy se ha producido una asunción del pensamiento político y económico dentro del entorno filosófico. Hoy se puede hablar de pensadores de gran relevancia que tan sólo investigaron procesos económicos. Pero, al mismo tiempo que esto se produce, contemplamos una ausencia total de debate al respecto entre los “representantes” de los ciudadanos.
Hay que abandonar la tolerancia, sobre todo hacia los gobernantes, los representantes de la sociedad que no debaten, que han abandonado todo enfrentamiento ideológico para enfrascarse en meras luchas de matices o en abiertas reyertas por el poder ejecutivo carentes de toda intención social. Basta con ver el espectáculo que tenemos en los telediarios todos los días como botón de muestra. Un político es capaz ya de echarle en cara al contrincante lo mismo que habría hecho él de estar al mando.
La solución que propone este libro es bien sencilla: devolver al centro del debate político la cuestión económica. Y hacerlo con o sin los representantes políticos. Frente a la “sociedad del riesgo” que se nos vende desde el poder y a través de los medios de comunicación de masas, en las que las amenazas que se ciernen sobre la sociedad perfecta en la que vivimos son fruto de catástrofes impredecibles o de errores en la puesta en práctica de los pilares de la misma, el único método que tiene el ciudadano es cuestionar la actitud de los políticos, hay que destrozar de ese modo la fantasía creada por los ideólogos neoliberales. Frente a la asunción acrítica de los postulados capitalistas, el único modo de cuestionar, y cambiar, el estado de cosas pasa por resituar en el centro del debate político aquello que ya nadie cuestiona: el sistema económico en sí. Un sistema que permite la acumulación de fortunas desproporcionadas por medio del azar y que carece de otra lógica que no sea su propio autodesgaste.
Agresivo, cínico, irónico, este libro pretende llegar más allá de lo que acostumbra la mayoría del ensayo actual, que se limita a matizar, maquillar y, por momentos, cuestionar el estado de las cosas. Este libro propone una revolución que modifique el sistema antes de que llegue la verdadera catástrofe, que sea la caída en sí del mismo.
Slavoz Žižek En defensa de la intolerancia Sequitur, Madrid, 2007

09 julio 2007

Menú degustación

El premio Cristóbal Gabarrón de Pensamiento y Humanidades de este año ha recaído en el peculiar pensador –el libro de estilo me dice que debería escribir sociólogo y filósofo, como han hecho en los rotativos, pero me parece que esas clasificaciones vienen muy bien para los departamento universitarios, pero no para la pureza del intelecto- Slavoj Žižek. Ya se ha hablado en este lugar de la peculiar manera de entender el ensayo, que abarca incluso la mezcla de lenguajes, como sucede en esa genial película que es The pervert’s guide to cinema.
Voy a aprovechar que la gente está estos días haciendo las compras de los libros que se va a llevar a la playa o a la montaña, los más afortunados a la casa del pueblo o a su propio domicilio habitual, para recomendar un par de títulos que son, creo, una llave de entrada en el mundo del pensador esloveno.
Uno es Arriesgar lo imposible, una serie de conversaciones mantenidas con el afín –hay momentos de una sonrojante complicidad y halagos recíprocos en el libro- Glyn Daly. Editado en Español en el 2006, el libro se editó en su versión original inglesa en el 2004. Las fechas son importantes en la obra de Žižek porque si por un lado su pensamiento gravita siempre en torno a las mismas cuestiones, por otro esas obsesiones recurrentes van mutando, van adquiriendo nuevos matices, de tal modo que lo que era negro en el 2000 hoy es ya de un gris claro que se va acercando al blanco. Al ser su producción extraordinariamente fértil, es difícil seguir su pensamiento, enriquecido constantemente con nuevos ejemplos que toma de la cultura popular, sobre todo del cine. Por ejemplo, muchas de las paradojas enunciadas en sus libros antes del estreno de Matrix se han visto modificadas a raíz de los ejemplos ofrecidos por esta singular cinta.
En el libro editado por Daly se realiza una pequeña introducción a las líneas básicas del pensamiento de Žižek y a continuación se transcriben cinco conversaciones que abarcan ciento veinte páginas donde vemos desfilar las obsesiones, las paradojas, sus sugerentes metáforas y, sobre todo, la capacidad de plasmar de un modo gráfico y sencillo ideas y conceptos complejos, que es lo que ha convertido a Žižek en un intelectual de referencia. Ahí radica el verdadero acierto de su obra, frente a texto más complejos, que desafían al lector constantemente a descifrar el sentido de lo que intentan exponer, en los textos del esloveno todo aparece explicado con una claridad única. Su capacidad divulgadora es, por lo tanto, una de sus grandes virtudes, puesto que si su pensamiento es, en realidad, un refrito de muchas lecturas –que en la mayoría de los casos silencia u obvia- donde radica su singularidad es en esa capacidad de redefinir los mecanismos de transmisión del pensamiento. Así lo hace en su película, y así lo hace en algunos fragmentos de este libro, demostrando que el sentido del humor, la ironía o incluso la parodia pueden ser vehículos de gran fuerza para transmitir conceptos.
Por ejemplo, la descripción de la diferencia entre lo sublime matemático y lo sublime dinámico que hace en una de las conversaciones:
Para que la tesis quede clara, tomo un ejemplo muy básico sobre lo que leí en algún lugar: el del cunnilingus. Cuando los hombres se lo hacen a las mujeres, cuando tocan la nota correcta y la mujer dice: “Sí, sí, más, por favor”, entonces lo que ocurre habitualmente es que los hombres lo hacen más rápido y fuerte –pero es un error-. Deberían hacerlo más, simplemente en términos de cantidad. La diferencia es que las mujeres piensan en lo sublime matemático –más en términos de cantidad-, mientras que los hombres piensan en términos de lo sublime dinámico, y por eso se lo cargan. Es un ejemplo que muchos amigos me han confirmado. El error habitual es que si la mujer está diciendo: “Sí, sí, así es”, los hombres creen que quiere decir más rápido y fuerte –pero se trata de otra cosa-.
Cuánto no podrían aprender muchos docentes de estas charlas, la capacidad de enlazar ideas, imágenes, asociar realidades para transmitir pensamiento. Žižek lo hace de un modo deslumbrante, en sus libros, por supuesto, pero también cuando habla, como demuestran estas conversaciones. Y por eso este libro se convierte en una introducción ideal para esos lectores que llevan ya tiempo detrás de Žižek y no se animan a leer uno de sus libros, porque “son muy gordos” me dijo una vez un amigo.
Otro ejemplo, para que vean la capacidad de divulgación de Žižek reutilizando materiales populares. En este caso está analizando la idea del fantasma lacaniano usando como espacio de investigación la última película de Stanley Kubrick, Eyes wide shut:
La típica interpretación de la película es que representa a un matrimonio autocomplaciente que es seducido por el fantasma y que, justo antes de perderse en el abismo del deseo que lo consume todo, se controla y retrocede. Mi interpretación es que lo que la película realmente muestra es un atravesar el fantasma mediante la experiencia de su estupidez. En este sentido, es una lección mucho más deprimente. No es que el fantasma sea un potente abismo de seducción que amenaza con engullirnos, sino todo lo contrario: el fantasma es en última instancia estéril.
Irónico, diáfano, original en su continua huida de los tópicos impuestos por el pensamiento único, Žižek resulta provocador porque reivindica el placer de pensar sobre todo, de repensar cada suceso de su vida y analizarlo de un modo crítico. Todo puede ser sujeto de análisis y todo puede revelar nuevas pistas pata entender el mundo y entendernos en él. Pensar, reflexionar, ahí está el revolucionario mensaje que propugna Žižek. Voy a cerrar el comentario con una última cita del libro, que puede resultar muy clarificadora del modo de ser del pensador esloveno.
Sin embargo, otro aspecto de mi pulsión por los ejemplos podría ser el de ocultar, reprimir, cierta fascinación que siento por ellos. Quiero decir que, por supuesto, soy una especia de personalidad superyoica –efectivamente, el superyó basico, cuyo goce directo está prohibido-. Así que sólo me está permitido gozar las cosas cuando me puedo convencer a mí mismo de que este goce sirve para algo, de que sirve para una teoría. Por ejemplo, no puedo disfrutar directamente con una buena película de detectives; sólo me está permitido disfrutarla si me digo: “Vale, tal vez pueda utilizar esto como un ejemplo”. Así que siempre vivo en un estado de tensión: mi vida diaria es verdaderamente así, casi. Soy prácticamente incapaz de disfrutar de la película directa, ingenuamente. Antes o después tengo mala conciencia, algo así como: “un momento, tengo que utilizar esto de algún modo”.
Slavoz Žižek Arriesgar lo imposible Trotta, Madrid, 2006

30 abril 2007

Seamos todos pervertidos para sentirnos todos mejores

No deja de ser una más de las limitaciones del diccionario de la RAE el hecho de que en sus páginas no aparezca nunca, dentro de los significados de cada palabra, el significado que estas tienes en disciplinas como la psicologóa o el psicoanálisis. Por eso, el alcance del significado de pervertido puede pasar desapercibido al no interesado.
Por eso puede inducir a error el título de una película fundamental: The pervert's guide to cinema es un film ambicioso con una densidad inusitada para lo que se estila en el medio. Sophie Fiennes -sí, la hermana del actor- tuvo la genial idea de pedir a Slavoj Žižek que escribiese un guión sobre la importante labor del cine como medio de expresión y de vivencia de nuestros deseos más íntimos, como escenario de nuestras perversiones y lugar idóneo donde expresarlas y vivirlas. Por todos es conocido el interés del filósofo y psicoanalista esloveno por el cine, de hecho no ha dejado de reconocer en todas las entrevistas que realiza que es un director de cine frustado, y su capacidad para conectar con el destinatario de sus libros gracias a la claridad de su expresión es proverbial.
Žižek escribió un guión preciso en el que un puñado de películas fundamentales sirven como ejemplo y vehículo para explicar conceptos fundamentales de psicoanálisis y construir el ensayo de profundo calado que es esta cinta. La directora procedió a reconstruir algunos de los escenarios de las películas o a recuprar las localizaciones de las mismas para encuadrar en ellas al propio Žižek hablando a la camara, al espectador. El resultado es un documental de dois horas y media intensísimas en las que se alternan fragmentos de películas clásicas y fundamentales con el discurso del propio filósofo, siempre con buen ritmo y acertada distribución de profundas reflexiones con un omnipresente sentido del humor.
Ver esta película no deja a nadie indiferente, no puede dejarnos incólumes. Yo la vi en el festival de cine IndieLisboa en el que he estado recientemente y las opiniones eran diversas. Algunos habían huido porque no les interesaba el matiz psiconalítico del film -esto es, si no se habla del cine a secas consideran que el cine no debe aceptar otras visiones que lo analicen, con lo que castran al medio de modo terminante-, y otros habían quedado fascinados por las interesantes iluminaciones que se realizan en la película sobre la capacidad del cine de usar o reflejar realidades simbólicas de espectro más hondo de lo que en principio puede parecer.

Yo soy, sin duda, de los segundos. Y ante algunos de los comentarios que escuché -un crítico, uno que parece simpático casi de un poco tonto, despreciaba la película porque está estructurada en tres partes de 40 minutos cada una, lo que, según él, demuestra la clara intención de pasarla en las televisiones como una miniserie, aunque como ya le dije, yo no acababa de entender que eso fuera un problema- u otro, que dijo que le parecía una verdadera chorrada el análisis de la casa del protagoista de Psicosis como una plasmación clara y muy efectiva de la división en ello, ego y superego, pese a que cualquiera que escuche los razonamientos de Žižek descubrirá una interesante y novedosa explicación de la narrativa de esa película. O sea, que esta cinta, como toda gran obra de arte, sirve como instrumento de clasificación entre seres pensantes y tontos -aunque muchas veces estos tengan voz en medios de comunicación y estén convencidísimos de descubrir el Mediteráneo cada semana.
Los que, a mi juicio acertadamente, se acerquen a esta película -y para hacerlo van a tener que recurrir al fabuloso mundo de las descargas de Internet o gastarse una pasta comprándola a través de la web de la película porque no se vende en ningún otro lado ni tiene pinta de que la vayan a distribuir en España en breve- van a tener que esforzarse para entender el discurso de Žižek en inglés y sin subtítulos, pero recibirán la interesante recompensa de descubir un nuevo modo de mirar y de asimilar el cine, y, lo que es más importante, una intensísima lección de vida, de los mecanismos que nuestra mente utiliza e internarse así en un proceso de autoconocimiento subyugador.
Este ensayo que se presenta en un formato audiovisual es, sin duda, una de las más interesantes propuestas que tenemos disponibles hoy en día, y sería absurdo no acercarse a él por prejuicios. Por un lado los de los lectores de las obras de Žižek o aficionados a la filosofía -si se puede ser aficionado tan sólo, porque en realidad supone un modo de vida- pueden pensar que una película es un soporte demasiado banal, y se equivocan y el propio Žižek lo demuestra aquí. Por otro lado están los aficionados al cine que se verán sorprendidos por el novedoso acercamiento que se propone desde este film, y tal vez les ahuyente esa densidad inusitada, pero se equivocan porque este es un canto al cine, una verdadera muestra de pasión por las capacidades y excelencias de este arte como nunca he visto. Ver esta película de principio a fin es mejor que haberse tragado todos los debates del programa de Garci -y, ojo, que estoy siendo benévolo y pensando en los pocos buenos que ha habido.
No se la pierdan, se la recomiendo encarecida y pervertidamente.
Sophie Fiennes The pervert's guide to cinema P GUIDE LTD