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23 mayo 2012

El misterio de la creación artística de Stefan Zweig

Autor Hoy disfruta de la gloria que tuvo hace cincuenta años reverdecida por las sucesivas y exitosas reediciones de su obra. Pero, antes de que viviese este renacer, Zweig era pasto de aficionados a las librerías de viejo y de nostálgicos. Estas conferencias demuestran la vigencia de su mirada y la calidad de su escritura.

Sinopsis Huyendo de la persecución nazi y de los colaboracionistas del gobierno de Vichy, Zweig huyó a Sudamérica. Tras una serie de exitosas conferencias por Argentina, que fueron un verdadero acontecimiento social, -el texto de dichas conferencias es el que da título al libro- se instaló en Brasil, donde se suicidó junto a su esposa.

Cita "Cuanto más nos esforzamos por profundizar en los misterios del arte y del espíritu, tanto más los admiramos por su inconmensurabilidad."

Comentario Basándose en su profundo conocimiento de muchos de los grandes artistas de la Historia -muchos de sus libros fueron biografías-, Zweig huye del concepto del arte como oficio cercano a la artesanía y supera el ideal romántico del artista raptado por la musa. Su análisis afianza la visión del arte como un misterio inefable cercano a la divinidad.
Stefan Zweig, El misterio de la creación artística, Sequitur, Madrid, 2007
Publicado en el diario Público el 24 de noviembre de 2007

10 julio 2007

Muestrario de intenciones

Una de las primeras cosas que le pregunté al editor de En defensa de la intolerancia fue de qué edición habían traducido este libro. Bien, ahí llegó mi primera sorpresa. Este libro es único, consta de una serie de materiales recopilados, rescritos y remontados por el propio autor. Y eso se nota en el acabado del producto. Si, en vez de estar hablando de un libro, fuese un disco el objeto de análisis, diríamos que estamos ante un recopilatorio de grandes éxitos remezclados para la ocasión. Eso no desmerece el acabado final de la obra, yo tanto en mi discoteca discos de mezclas mucho mejores que los originales, y el collage se encargó de demostrar hace años que se pueden reutilizar materiales para lanzar un nuevo mensaje.
Lo que es más curioso todavía es que el editor de un libro no considere que el título que ha publicado sea una obra relevante. Y eso sucede con este libro, que está editado, según su propio editor, con un afán polémico. Hay que hablar de una vez por todas de los mecanismos que el Imperio –término acuñado por Negri y Hardt- usa para lograr sus objetivos, y de las herramientas de enfrentamiento que, como ciudadanos, tenemos para defendernos de él.
Este libro se centra en la repolitización de la economía, pero al mismo tiempo va repasando muchas de las controversias creadas por lo tópicos de la época que nos ha tocado vivir. Su título, provocador, llama la atención por el simple hecho de que recoloca en el centro mismo del debate el lenguaje, el sentido, qué queremos decir con las palabras. El sistema capitalista ha sabido desactivar los verdaderos significados de las palabras a través de un uso abusivo de las mismas. El estado capitalista ha generado una idea de la tolerancia muy lejana al significado original de la misma. No es algo sorprendente, desde hace ya dos siglos una de las labores que más intensamente han desempeñado los políticos es la de redefinir conceptos para, utilizando ideas aceptadas por la mayoría, colar nuevos argumentos ideológicos. Hoy, la idea de tolerancia, tal y como se establece en el ámbito del mundo occidental está contaminada de un modo lamentable por su opuesto. Hoy la tolerancia del estado se basa en la transgresión del respeto. El tópico progresista pasa por el: “Una ideología, una religión, un modo de vida son tolerables en tanto que no atenten contra los ideales de la vida en común”. Mentira, cualquier cosa es tolerable siempre que no atente contra el sistema capitalista y los poderosos del sistema. Si la minoría transgrede todas las “normas” de la vida en común es tolerable si posee el dinero suficiente para ser intocable, como sucede, por ejemplo, con muchos jeques árabes, que son recibidos como prohombres aunque sus costumbres violan muchas de las leyes occidentales. Caso parecido pero en el entorno opuesto es lo que ha sucedido en las antiguas colonias europeas de África, sobre todo las británicas. De los procesos de independencia, en realidad guerras civiles apoyadas desde las antiguas metrópolis para mantener los privilegios económicos en la zona, han surgido sociedades que ya no imponen la cultura colonizadora y que están gobernadas por nativos. Pero en ellas el poder real sigue estando ostentado por una minoría blanca, descendiente de los criollos, que es intocable por su posición social y que son los que pueden llevar una vida cómoda en países que carecen por completo de infraestructuras.
Todo ello se ha logrado mediante la afirmación de que el sistema es inmejorable, el capitalismo ha venido para quedarse y no hay otro modo de entender las relaciones económicas entre seres humanos. Se entra entonces en un entorno post-político donde las únicas variantes que ofrece los partidos de derecha e izquierda es una mayor o menos política social. Se da el caso de que, independientemente de quién esté en el gobierno, dichas políticas son, siempre, cosméticas y están destinadas más a paliar los casos puntuales que salen a la luz que a resolver de un modo integral al problema.
Para hacerlo así habría que retornar a una concepción de la política como entorno de lucha ideológica, como campo de batalla de diferentes concepciones económicas. No deja de ser paradigmático que los ideólogos del pensamiento único, la tercera vía, el neoliberalismo y demás corrientes políticas que asumen el capitalismo como único marco de desarrollo posible, partan siempre de una lectura de la historia apegada a los textos de Marx, al que al mismo tiempo deslegitiman como pensador político o económico. Nunca como hasta hoy se ha producido una asunción del pensamiento político y económico dentro del entorno filosófico. Hoy se puede hablar de pensadores de gran relevancia que tan sólo investigaron procesos económicos. Pero, al mismo tiempo que esto se produce, contemplamos una ausencia total de debate al respecto entre los “representantes” de los ciudadanos.
Hay que abandonar la tolerancia, sobre todo hacia los gobernantes, los representantes de la sociedad que no debaten, que han abandonado todo enfrentamiento ideológico para enfrascarse en meras luchas de matices o en abiertas reyertas por el poder ejecutivo carentes de toda intención social. Basta con ver el espectáculo que tenemos en los telediarios todos los días como botón de muestra. Un político es capaz ya de echarle en cara al contrincante lo mismo que habría hecho él de estar al mando.
La solución que propone este libro es bien sencilla: devolver al centro del debate político la cuestión económica. Y hacerlo con o sin los representantes políticos. Frente a la “sociedad del riesgo” que se nos vende desde el poder y a través de los medios de comunicación de masas, en las que las amenazas que se ciernen sobre la sociedad perfecta en la que vivimos son fruto de catástrofes impredecibles o de errores en la puesta en práctica de los pilares de la misma, el único método que tiene el ciudadano es cuestionar la actitud de los políticos, hay que destrozar de ese modo la fantasía creada por los ideólogos neoliberales. Frente a la asunción acrítica de los postulados capitalistas, el único modo de cuestionar, y cambiar, el estado de cosas pasa por resituar en el centro del debate político aquello que ya nadie cuestiona: el sistema económico en sí. Un sistema que permite la acumulación de fortunas desproporcionadas por medio del azar y que carece de otra lógica que no sea su propio autodesgaste.
Agresivo, cínico, irónico, este libro pretende llegar más allá de lo que acostumbra la mayoría del ensayo actual, que se limita a matizar, maquillar y, por momentos, cuestionar el estado de las cosas. Este libro propone una revolución que modifique el sistema antes de que llegue la verdadera catástrofe, que sea la caída en sí del mismo.
Slavoz Žižek En defensa de la intolerancia Sequitur, Madrid, 2007

29 junio 2007

Aprender a mirar, comenzar a pensar

Hay editores que conciben su labor como la mera fabricación de productos de consumo. Son la mayoría, los que han convertido la industria de la edición en un páramo intelectual donde se recurre a mecanismos más propios de otras industrias. Pienso, por ejemplo, en las editoriales que no dudan en hacer comerciales televisivos para promocionar a sus premiados, o en las que cambian las portadas de los libros del mismo modo que los fabricantes de refrescos cada dos temporadas cambian el envase para dar sensación de novedad. Me estoy refiriendo a Planeta y Alfaguara, por si hay algún despistado que todavía no se ha dado cuenta.
Otros editores, más respetables, utilizan el prestigio adquirido a lo largo de los años de trabajo y de aciertos –no tantos como años- y usan el marchamo de prestigio de sus sellos para colarles gato por liebre a los lectores, vendiendo como textos de referencia libros o autores que se deshacen al contacto de una realidad un poco más densa que sus ideas. Ahora hablaba de Anagrama y Tusquets, que llevan ya unos cuantos años viviendo del prestigio pasado.
Afortunadamente, hay todavía editores que conciben el libro como el mero empaquetado de unas ideas, y consideran que su función es difundir esas ideas, facilitar al lector materiales para pensar. El editor de Sequitur –no voy a facilitar su nombre ya que el no acostumbra a hacerlo- es, sin duda, uno de ellos. Su catálogo está lleno de textos que buscan generar discusiones, debates, hacer pensar. Y para ello edita libros que considera que no son pilares del pensamiento occidental, pero que sabe que pueden generar polémica, y tras esa polémica nuevos modos de pensar, como sería el caso de En defensa de la intolerancia de Zizek, o textos que él denomina propositivos, propuestas de pensamiento en positivo, como El discurso fúnebre de Pericles de Tucídides, verdadero punto de inicio del pensamiento político occidental.
La edición que ofrece Sequitur es, sin dudas, canónica. Una edición bilingüe, en griego clásico y español, precedida de un estudio introductorio que sitúa el discurso en el devenir temporal del pensamiento político griego –no creo que sea ocioso, en estos momentos de cultura Google y SMS, recordar que el término político nace etimológicamente de la polis griega, y que se refiere a lo que incumbe a todos, a lo común- y delimita la influencia que este ha venido ejerciendo hasta el presente. Además, si por algo destaca la labor de esta editorial, es por su intención inequívoca de que los textos estén, siempre, convenientemente glosados y en ellos se señalen las fuentes de las que han bebido. Hay una costumbre, demasiado extendida en la actualidad, no sé si por herencia de eso que se ha llamado posmodernismo o no-modernismo, a pensar que todos los materiales pueden ser utilizados y reelaborados. De ahí que muchos hayan señalado las relaciones evidentes entre el modo de articular el pensamiento y la cultura en el posmodernismo y en la Edad Media, puesto que en ambos casos se proclama el fin de la autoría o se deja en manos de todos, permitiendo que cualquier pueda usufructuarlas para su propio beneficio. El movimiento Creative Commons precisamente nace ante los abusos que se estaban produciendo por parte de detentadores de los derechos que se enriquecían de proclamar como suyas realidades que siempre habían estado allí. La cultura, el pensamiento, sólo puede avanzar sobre el fértil terreno del uso y abuso de los hitos ya existentes, pero sin apropiarse de ellos. El pensador debe siempre remitir al lector a las fuentes de una idea u otra, no hay pecado alguno en el uso de las ideas, sí en la apropiación de las mismas. Perdón por el discurso, a lo mejor ha sido el contexto lo que me ha llevado hasta aquí.
Lo verdaderamente importante de este libro es que pone a la disposición de todo lector interesado en el pensamiento político uno de los pilares sobre los que se ha construido buena parte de las tendencias actuales. Un texto controvertido, que sigue siendo objeto de exégesis y diferentes interpretaciones, dependiendo de quien se aproxima a él, lo que demuestra su riqueza y vigencia.
Todavía estamos debatiendo a todas horas –en las colas del pan, en las barras de los bares, en las tertulias radiofónicas, en los programas amarillistas de la sobremesa en las diferentes cadenas televisivas, en el Congreso no, los políticos no debaten, se echan en cara cosas para alimentar las primeras planas de los periódicos a la búsqueda del escándalo que elimine al adversario- las fronteras entre lo privado y lo político, entre el interés de la persona y el de lo público. Y entre medias se han aprovechado unos listos para montarnos una sociedad de mercado, de lo no privado/ no público –Castoriadis-, que condiciona todos los términos de nuestra vida.
Leer libros como este nos ayuda a ir despejando la mirada para entrenar la mente.
Tucídides El discurso fúnebre de Pericles Sequitur, Madrid, 2007