Mostrando entradas con la etiqueta Emar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emar. Mostrar todas las entradas

03 marzo 2012

La falta de olor


Más allá olí mugre humana corrompiendo al jabón que la había sacado de los trapos que la mantenían. El jabón corrompiéndose hacíase mucho más fétido que la mugre misma. Ésta, para decir verdad, no era totalmente desagradable, digan lo que digan los académicos del mundo entero y los profesores de todas las universidades. Creo que esto de afirmar que la mugre huele mal, es algo a priori, una simple convención. Creo más: creo que muy en breve, muy en breve, este asunto volverá a ser puesto sobre el tapete y entonces, nuevamente examinado y estudiado, nuestras ideas al respecto sufrirán francos cambios. Naturalmente que allí, al pasar frente a aquel rancho, lo repugnante sobrepasaba a lo agradable, pero ello -puedo asegurarlo- se debía a la descomposición del jabón y además a la inodoridad de los trapos. Éstos, en un principio, olían a fábrica, a palillos, a agujas y a almidón. Luego, al ser usados, olieron a verano caluroso con gente laboriosa dentro del verano. Luego, las convenciones de los profesores universitarios, hicieron que esas gentes, por laboriosas que fuesen se plegasen a las creencias en curso en universidades, academias y demás y que juzgasen necesario lavar dichos trapos. Y lo hicieron. Al hacerlo, hubo un momento en que los trapos quedaron ya sin el olor a la mugre y aún sin el olor a resto de jabón seco, a alambre al sol y a plancha. Hubo, pues, un momento ambiguo, un momento inodoro, y certifico y firmo que cuando un objeto, de cualquier naturaleza que sea, que deba por su constitución oler a algo, deja de tener olor, produce en nuestro sentido olfativo tal desilusión sorpresiva que ellos se traduce por una sensación de fetidez inaguantable. Así es.
Juan Emar. Diez

01 marzo 2012

Los burgueses


-¿Qué espectadores? ¡Responde!
Empecé a experimentar una cierta inquietud.
-Los supuestos espectadores de una supuesta exposición de tus obras. Cosa sin mayor importancia, por lo demás. ¿Por qué te agitas?
-Porque tú no me contestas con la palabras exacta. Por tercera vez, ¿qué espectadores?
Mi inquietud empezó a convertirse en miedo. Rubén de Loa poníase agitadísimo. Sus ojos relampagueaban.
-¿Palabra exacta? -pregunté a mi vez-. Querido amigo, no la encuentro. Si ella no es espectadores, digamos aficionados o críticos o simplemente hombres de la calle.
-Está bien -me dijo y se echó sobre una silla. Tres gotas de sudor apareciéronle en la frente-. Está bien. Ya que no la dices, esa palabra exacta, la diré yo. Tú quieres decir que saldrán con los ojos desorbitados por el sin sentido..., ¿sabes quiénes?
Esperé. Rubén de Loa exclamó:
-¡Los burgueses!
Un largo silencio. Al fin dije a media voz.
-Bueno. Vaya por los burgueses.
-Pero, ¿te crees tú -prosiguió- que ha nacido el burgués que logre inquietarme? Oye bien y clávate esto en la nuca; clávatelo de tal modo que no haya en el mundo alicate que pueda arrancarlo: como aparezcan burgueses que se confundan con los rojos errantes de mis telas, como que aparezcan, te repito... Pues bien, ¡mira allí!
Me volví temeroso hacia el rincón que su índice apuntaba. Mi mujer hizo otro tanto. Y ambos palidecimos.
Pendía en dicho rincón un enorme cuchillo de carnicero.
-¿Comprendes? -me preguntó el amigo-. Como que aparezcan, uno a uno los iré cogiendo por la garganta con mi izquierda y, con ese machete en la derecha, les revolveré las entrañas hasta su fallecimiento total, ¡total! ¡¡total!! ¿Ira? ¿Despecho? ¿Venganza? ¡Nada de eso! Les moleré, les amasaré, les descuartizaré las entrañas para que expriman y expelan todos los rojos de sus sangres. Entonces, con esos rojos, fabricaré cuantos falten aún en la creación, cuantos Dios tenga proyectado fabricar durante los días que quedan por venir, rojos de fuego, de rubí, de flores y de carnes, de menstruaciones y de heridas, de bochornos y de glorias. ¡Todos los fabricaré con el vientre sanguinolento y macerado de esos hombres, bermejo, granate, bermellón, escarlata, púrpura, carmín, coral, rosado, cardenal, cereza, granada, laca, encarnado, amaranto, tomate, alazán, ladrillo, salmón, ascua, chispa, fuego, cangrejos cocidos, lacres derretidos, hierros candentes, revoluciones, banderas, arterias y tripas!
Juan Emar, Ayer
La pintura es Loto, de Zhang Daqian