19 junio 2010

Una literatura transparente


En el suplemento ABC Cultural de hoy aparece una entrevista a Sergio Chejfec con la excusa de la publicación en España de Baroni, un viaje (Candaya). Me parece que es más que interesante compartir las respuestas completas ya que, por falta de espacio, no ha podido aparecer la entrevista íntegra en papel.

1. ¿Por qué Baroni? Es evidente que la novela es, finalmente, una narración sobre Venezuela, un viaje destinado a profundizar en un país que te acogió pero, ¿por qué Baroni? De hecho, en el texto aparecen más artistas además de ella.

Diría que Rafaela Baroni tiene una personalidad absolutamente enigmática, y por eso mi elección. Me refiero tanto a su persona como a su personalidad artística o pública, que es multifacética y singular, una especie de combinatoria única en la historia cultural venezolana. El escritor cree que elige a un personaje o un tema pero puede haber un momento en que es elegido, o más bien conquistado por el objeto. Es un tipo de sorpresa derivada de la composición (y quizás sea uno de esos curiosos lazos vigentes entre la narrativa contemporánea y la novela del siglo xix). De hecho, este relato comenzó siendo una especie de ensayo sobre Rafaela Baroni. No quería escribir un ensayo crítico, y por eso la incidencia de la primera persona. Baroni posee aristas plenas y contradictorias, y tiene una historia personal tan plagada de situaciones excepcionales, se mueve entre el mundo rural y el urbano, entre la tradición y la modernidad, entre la religión y las creencias populares, entre el arte popular y el institucional, etc. que uno puede verla como una condensada cápsula de su país, Venezuela. Estamos acostumbrados a recibir símbolos o representaciones nacionales sin chistar. La novela me permitió imaginar una versión de Venezuela a través de Baroni. En un punto, Baroni y Venezuela se sobreimprimen. Obviamente no me propuse un argumento totalizador, para eso ya tenemos el discurso de los nacionalismos. Me interesó proponer una especie de ilusión: dado que los héroes literarios de hoy no pueden llevar sobre sus espaldas el peso de una nacionalidad, de una clase social e incluso de una época o de una circunstancia histórica, ¿por qué no sugerir que este ser casi anónimo y para muchos lateral como Rafaela Baroni es lo más trascendente entre las señales habituales de un país saturado de petróleo y de retórica?

2. Tu texto se convierte en cierta medida en una sinécdoque del país a través de su arte, de sus expresiones artísticas. Pero, en vez de recurrir, como harían muchos de los autores actuales a mostrar la imagen, a ir proporcionando fotografías de las esculturas, lo evitas. De hecho tan sólo en la edición española hay una de esas imágenes, la de la talla del santo. Y eso convierte tu texto en una écfrasis constante y muy lúcida, ¿es intencionado o no? ¿Por qué? En el discurso del libro se habla de fotografías, de grabaciones. Pero han sido, finalmente, desechadas. ¿Has pensado en trabajar más allá con todo ese material? ¿Una exposición sobre Baroni, por ejemplo?

Las imágenes plásticas planean sobre el relato. Obviamente me vi en la disyuntiva de incorporarlas o dejarlas fuera. Opté por excluirlas porque pensé que era hacerles una mayor justicia. De haberlas incluido, no habría dejado de escribir lo que escribí, y su presencia por lo tanto habría resultado ambivalente y sobre todo lateral. Hay escritores que incluyen imágenes en los relatos porque establecen un mecanismo oscilante de distintos grados y formas de ambigüedad (otros no efectúan bien esta inclusión, es verdad, y el resultado es sobre todo pobre). También hay otro motivo, relacionado con esa suerte de autosuficiencia a la que todo relato aspira. El uso de imágenes puede ser muy interesante y puede agregar una complejidad única, tenemos el caso más clamoroso de incertidumbre conceptual derivado de estas operaciones, que es el caso de la literatura de Sebald, quizás el autor contemporáneo más sorprendente y al mismo tiempo el más efímero. Pero en mi opinión la incorporación de imágenes difícilmente deja de ser un préstamo; una intrusión capaz de desestabilizar lo escrito, en el mejor de los casos, pero siempre al precio de dejar demasiado fijada la escritura a la imagen –de ahí quizá su carácter fatalmente transitorio. Me parece que el relato debe servirse de sus propias herramientas, que pasan por lo escrito. Es obvio, ello instituye una temporalidad particular, porque el tiempo que demanda la lectura de la descripción de una imagen no es el mismo que el de su visualización. Por lo tanto tenemos este elemento adicional: leer una descripción visual incluye una dimensión durativa que la percepción visual jamás puede aportar. Y lo concreto es que, a mi entender, narración implica duración: es una suspensión de la sucesión a favor de los matices durativos de nuestra percepción del tiempo y del mundo. El mundo ideal, en este aspecto, está dado por lo tanto por la duración psicológica de la descripción narrativa de una imagen, combinado con esa suerte de dialéctica misteriosa que se crea cuando hacemos una imagen objeto de nuestra observación visual. Creo que este segundo momento propiamente visual puede ser recogido por la escritura, pero que nunca la percepción visual puede dar cuenta de la duración narrativa.

3. Tu narrativa está contagiada de otros géneros. Baroni es un libro de viajes oblicuo -está todo contado desde una habitación y desde el recuerdo-, pero también es un ensayo, tanto artístico como antropológico, y por momentos tiene tintes confesionales. ¿Se puede hacer narrativa pura, hoy? ¿Te interesa esa narrativa?

Diría que me interesa la narrativa que no se propone como una sola cosa ni como una cosa homogénea, en términos de géneros. Desde mi punto vista, la narración se vincula más con el desarrollo de un pensamiento que con la descripción de una acción dominante en un contexto de acciones secundarias. Creo más en una literatura de alusiones, no tanto en una de aserciones. Y como no se puede ser asertivo por un lado e indefinido por otro, entiendo que el modo contagiado, como dices, de distintas modalidades o géneros, es el registro donde me encuentro más a mis anchas y donde se despliega cierta autenticidad. Eso a veces me ocurre también como lector. Durante bastante tiempo pensé que me gustaba más la literatura derivada de la mezcla o confusión de géneros. Pero por supuesto eso no puede ser una condición suficiente, porque mucha de esa literatura es verdaderamente floja y uno termina con las manos vacías. Después he llegado a la conclusión de que el criterio debe ser amplio y arbitrario: la mejor literatura es aquella instalada en la indefinición más aún, en la indeterminación. No estamos seguros de lo que el autor nos quiere decir; no estamos seguros de la naturaleza de aquello que estamos leyendo; no sabemos cómo se leyó esto en el pasado; ignoramos el verdadero género de donde proviene esto; somos incapaces de ver si este libro nos está explicando un porqué, un cómo o un qué; etc. Así explicadas pueden parecer exageradas, pero son experiencias de lectura que me producen cierto tipo de conmoción estética o intelectual y a las que nunca quisiera renunciar como lector. Creo que todo esto deriva de un hecho que a veces escapa a muchos escritores: la literatura no solo se nutre de la mezcla de géneros propiamente literarios, sino también, y sobre todo, de los otros géneros discursivos no literarios (o no convencionalmente literarios). En ocasiones encuentro en ensayos históricos, antropológicos o de ciencias humanas o legales en general una plasticidad discursiva frente a la cual la literatura habitual parece una forma de discurso sumergido en un mar de clisés.

4. La novela parece casi hablar de zombis. Por un lado por la obsesión cataléptica de Baroni, por otro por la insistencia del narrador a encontrar la vida, la energía, latente en las tallas. ¿Es una novela sobre lo que va más allá? Está narrada por un narrador que narra desde el recuerdo, desde lo que ha sobrevivido a la experiencia sensible, a las experiencias, que constituyen la novela, el recuerdo del poeta Sánchez y sus últimos momentos. etc. De hecho, hablas mucho sobre el volumen, la manera en que Baroni interviene en volúmenes, da vida, pero trabajas con un medio, la escritura, que carece de esa palpabilidad y, sin embargo, logras ubicar al lector incluso ante la fractura que aparece en la cubierta de la novela (edición española, por supuesto).

El punto es que la televisión, el cine y en menor medida literatura en general, nos bombardean con seres y personajes plenos, adornados de realidad. Pero en la vida real somos más zombis y encontramos más zombis de lo que estamos en condiciones de admitir. Así como la narración refleja el desarrollo del pensamiento, también debe representar una sensibilidad. Creo que de eso se trata cuando se habla de “ficción”. La verdadera ficción no pasa por la historia referida o la secuencia de hechos –eso sería trivializar al extremo la idea de ficción–, sino por el escenario que todo relato arma para exhibirse a sí mismo, desde donde una sensibilidad decide representar una zona del mundo, ya sea cierta o falseada, o incluso representar su propia lectura. Los personajes en Baroni son contemplativos y a su modo crepusculares. Varios son creadores, artistas, un poco frustrados; todos son seres fronterizos: entre la leyenda y el culto, entre la naturaleza y el arte, entre la vida y la muerte. Los personajes no actúan directamente sino que son actuados por el relato. A su vez, esto es así porque por diversos motivos me horroriza la idea de contar una historia con principio y final (aunque muchas veces valoro que me la cuenten o leerla).

5. Todas las tallas tienen, en cierto modo, el rostro de Baroni. Es algo que se da también en la obra de Andrade, por lo que comentas en la narración. Tus novelas, sobre todo las recientes, están siempre narradas por ti, o sea, un narrador que es un escritor que establece esos desplazamientos que se describen y medita peripatéticamente en ellos. La idea, flaubertiana, de que todos los personajes, todos los libros, son uno mismo. ¿La compartes?

Es una idea de la que se ha apropiado la literatura del siglo xx y por lo tanto todos somos tributarios de ella. Pero ha dejado de ser iluminadora, precisamente porque abarca mucho. En ese ámbito de problemas me interesa más una cuestión que suele darse por sabida. Es la noción de experiencia. La frase de Flaubert tuvo la virtud mágica de integrar la vida a la obra. Un escritor no solo escribe sus libros, sino que escribe su vida a través de sus actos. En algunos casos los libros son una suerte de epifenómeno de la vida. La experiencia es por lo tanto una premisa que no puede ser ignorada porque articula todos los géneros en el siglo xx. Ahora bien, ¿soy partidario de una literatura basada en la idea de traslación de la experiencia? No. Creo que la literatura hoy se trama muy fuertemente con lo documental. Y que en esa trama es que se producen distintas configuraciones de la experiencia. Quiero decir, la ficción no se recorta sobre la idea de experiencia sino sobre la idea de documento. Porque toda experiencia puede ser en definitiva trivial o trágica, en este sentido ha dejado de ser iluminadora, pero todo documento contiene potencialmente un vínculo problemático con la ficción. Eso es lo que en parte nos seduce de la lectura de los periódicos; y desde hace un siglo la literatura está formateada por la lectura periodística. Por lo tanto digo, la experiencia siempre está presente, pero en general no es relevante en términos de verdad. Me interesa más la experiencia en términos de construcción: qué tipo de experiencia es representable para un escritor y cuál no; a través de qué tipo de experiencia un escritor erige su propio mito de autor.

6. El espacio. La lectura espacial es muy interesante. La novela nos describe la casa, el taller y el jardín de Baroni. Nos habla de su intención de transformar el espacio, el paisaje. Y luego comprendemos que la novela está escrita con todas esas tallas a la vista, que el espacio de la novela es el del artista, no sólo temática sino incluso físicamente. ¿Eras consciente de ello?, ¿fue algo premeditado, lo de rodearte de esas tallas?

Las tallas son seres artificiales, muñecos a quienes algunos personajes de la novela dan vida, aunque sea limitada o efímera. Hay un sistema de préstamos de vida. Siempre me interesó el marionetismo, lo encuentro sumamente inspirador; la actividad de autómatas, etc. En otras novelas me he servido de ello para aludir a la absoluta capacidad de irradiación de la vida artificial, como una suerte de inspiración constante de la vida social. Como si lo artificial, ya que está admitido por la convención como artificial, se liberara de las reglas de verosimilización de lo real y de este modo pudiera alcanzar un grado más elevado de elocuencia y autenticidad. Un poco como la forma de lectura de las alegorías; en ellas nos sorprende esa especie de inocencia como se concibe la lectura, como si el mundo estuviera organizado en elementos inmutables y permanentemente discernibles. Creo que la narración en general lleva en su interior un núcleo alegórico ya completamente diluido por la historia literaria y por la sofisticación estética, pero que funciona ambiguamente: a veces como lastre y a veces como nostalgia de una felicidad perdida: el momento cuando podía existir una literatura transparente

7. Realmente, la excusa de Baroni es el progresivo proceso de apropiación del alma del narrador por parte de la "Mujer en la cruz". Con su conocimiento y obsesión comienza la novela, con ella observando al narrador en su casa acaba. ¿Qué se esconde detrás de esa talla?

Es una talla impactante precisamente, desde mi punto de vista, porque es muy poco explícita, o explícita de una manera contradictoria. Es la figura de una mujer joven, adornada con un vestido de fiesta apenas audaz. La mujer está ceñida a un madero, que viene a ser una especie de árbol en forma de cruz. Esta talla es una de las muy pocas figuras no religiosas de Baroni. Pero con el nombre que le puso (ella la llama “La mujer crucificada”), la reintegra al campo de lo religioso. Creo también que en la escena reflejada por la talla resuenan muy fuertemente momentos particulares de su historia personal. Pues bien, todo este conjunto de detalles, varios de ellos contradictorios, hacen de esta talla una especie de milagro. Ahí radica la atracción que ejerce para mí, porque la vi como una suerte de cifra de la vida de Baroni. A la vez, la talla es Baroni, es una imagen suya. Y con ello quien escribe el relato tiene a disposición dos imágenes o encarnaciones del personaje: el real y el creado por ella, la talla. Es con lo que todo escritor sueña: la multiplicación de sus criaturas…

8. Hay varias ocasiones en que dices que ya te referirás a algunas cuestiones, que apenas las señalas pero que luego te explayarás sobre ellas. Pero eso no sucede. La idea de provisionalidad que queda fijada así, valga la paradoja, es muy interesante. ¿Es intencionada?

Creo que se vincula con lo que decía antes. Me atrae la idea de la narración como escenario donde el pensamiento se desarrolla. Y una manera de representar eso es a través de un registro argumentativo. Podría haber otros modos, aunque prefiero esta modalidad porque la narración cavilante, para llamarla de alguna manera, aunque no lo parezca también requiere de sus propios dispositivos. Mis relatos no avanzan en términos de progreso de la acción, no hay desenlaces reveladores al final, no hay demasiada acumulación épica o dramática. Estos relatos progresan por expansión. Hay desvíos, digresiones, derivas e historias o escenas asociadas. Por lo tanto, a veces recurro a una suerte de retórica particular. Cada relato es una especie de envoltura de historia y de tiempo, es como una lengua acotada, y como toda lengua tiene sus tics particulares. En el caso de Baroni, un viaje esa suerte de promesa a veces incumplida de que más adelante quizá vaya a referirme a tal o cual cosa, es una manera de contener un discurso que tiende a la dispersión, pero también es exponer esa dispersión inminente. Y como dices, es subrayar el matiz provisional de la narración, una especie de materialización de la escritura, porque es a través de esas marcas de retórica conversacional como el relato recupera, por un lado, una inmediatez verbal que la institución literaria tiende a eliminar, pero por el otro descarta al mismo tiempo cualquier peligro, espero, de identificación naturalista.
En un punto, volvemos a lo anterior: la literatura, más bien la narrativa, precisa constantemente de préstamos de otros discursos para poder seguir siendo ella misma, o sea, para poder ser una forma de discurso literario sin objeto ni sentido predefinidos.

18 junio 2010

Taller de Samanta Schweblin en Madrid


Cómo escribir un cuento (y otras historias…)

Este taller plasma la experiencia de Samanta Schweblin en torno a la concepción de que son cuatro ejes principales los que estructuran un buen cuento. Se trata de una aproximación práctica e intensiva a las técnicas de escritura. Schweblin, que ha sido elogiada por la crítica como “la mejor cuentista argentina sin distinción de géneros” (Ana María Shua), o como “la nueva gran promesa de la literatura latinoamericana” (Die Ziet, Berlín) ha impartido ya este taller en diversos centros culturales tanto privados como institucionales de diversas ciudades como Buenos Aires, México D.F., Estocolmo, Guayaquil, Guadalajara, Quito, La Habana y Oaxaca.

Sobre el taller
Hemingway decía que en la novela el escritor gana por puntos, y en el cuento, por Knock-Out. Eso presupone la existencia de unas reglas, un tiempo limitado e, incluso, de un modo de eludir estos corsés si el cuento así lo requiriese.
“Como escribir un cuento (y otras historias)” se trata de un acercamiento práctico a la producción literaria. Un taller activo de creación, lectura y análisis de textos a partir de los cuales se irá dotando a los alumnos de todo lo que un buen curso literario debería tener: un gran abanico de ejercicios, técnicas para estructurales y dotar de un estilo propio y reconocible a los cuentos, la formación de un criterio propio acorde al estilo personal de cada alumno, y una guía específica de lecturas tanto de autores clásicos y fundamentales como de los nuevos tesoros contemporáneos que están surgiendo.
El cuento, uno de los géneros más dinámicos y exigentes de la literatura actual, no permite divagaciones. Es decir que, aunque se trata de un curso introductorio, está orientado a quienes -más allá de la experiencia previa que cada uno tenga- decidan tomarse la escritura muy en serio, con la intensidad y el compromiso que esta exige.
(El taller se fundamenta en la “Teoría de las promesas”, una idea propia de la autora acerca de cómo deberían abordarse y desarrollarse los puntos esenciales de la tensión narrativa, más allá de los géneros y estilos.)

Samanta Schweblin
Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1978, acaba de editar en España Pájaros en la boca (Lumen). Su primer libro de cuentos “El núcleo del Disturbio”, obtuvo el premio del Fondo Nacional de las Artes 2001, el premio nacional Haroldo Conti, y fue editado por la editorial Planeta en el 2002. Su segundo libro “Pájaros en la boca”, obtuvo el premio Casa de las Américas 2008 y ha sido editado por Planeta Argentina en el 2009, y en el 2010, por Shurkamp en Alemania, Lumen en España, Fazi en Italia y Almadía en México. Muchos de sus cuentos ya han sido traducidos al alemán, inglés, italiano, francés, serbio y sueco para su publicación en numerosos diarios, revistas y antologías de cuentos. Ha dictado talleres literarios en diversas instituciones de Argentina, Cuba, Ecuador, México, Perú y Suecia.

Junio. Días 21 y 25. De 10:30 a 14:30
Precio: 70 euros
Información e inscripciones en
Librería La Central del Museo Reina Sofía
Dirección: (Ronda de Atocha, 2).
Información e inscripciones (las plazas son limitadas):
-Por email: nuriarepilado@lacentral.com
-Por teléfono: 678 034 340
-En la librería. (Preguntar por Nuria).

17 junio 2010

Remezclas completas


La literatura no es un medio que haya admitido de buen talante la interpretación o relectura de temas ajenos. Frente al mundo musical, de donde procede el término cover (versión) que da título al libro de Ronaldo Menéndez, o de la industria audiovisual, donde los remakes son ya habituales en las pantallas, el mundo editorial se solivianta ante la posibilidad de un plagio más o menos encubierto. Se permite, eso sí, la relectura de la propia obra que realiza su autor, como las nuevas versiones en inglés que fue entregando Nabokov de sus primeras novelas y no hay figuras fundamentales como Sinatra, pese a que no compusiera nada memorable, o The Beatles, que compaginaron en sus primeros discos la inclusión de temas propios con numerosas apropiaciones de grandes éxitos del rock americano. En la literatura esto no tiene espacio, salvo que se trate de las intensísimas distorsiones que algunos autores han sabido levantar sobre textos míticos. Ahí está la estupenda novela corta Help a él de Fogwill, en la que parece sumergir los personajes borgeanos en un tanque lisérgico donde se liberan sus deseos sexuales transformando este nuevo texto en el verdadero Aleph donde todo aparece reunido y simultáneo. Aún así, resulta más fácil relacionarlo con las reapropiaciones a las que los artistas plásticos nos tienen ya acostumbrados que a la labor de Pierre Menard.
Y no es casual la presencia de Fogwill en esta enumeración de obras porque si hay algún escritor que transpire una herencia musical en su obra ése es él y Covers en soledad y compañía es, desde luego, un libro que tiene mucho en común con un disco, con una producción musical. En primer lugar por la manera en que se presenta estructuralmente, como si en vez de un libro se tratase de las dos caras de un LP, En soledad y En compañía. También porque, precisamente en el caso de las más interesantes composiciones de esta compilación se aprecia la influencia de grandes autores no ya en los temas tratados, sino, sobre todo, en la cadencia y el fraseo del discruso: “Menú insular” no tiene tan sólo referencias a El aleph, sino que incluye fragmentos del cuento, frases insertadas por Menéndez en su discurso que modifican el tono general del texto y que se trasladan finalmente a la estructura. O sea, se dejan sentir en el tono del texto, en la persistencia de la melodía aunque los arreglos y las armonías hayan cambiado.
Por otro lado, la tradición del LP exigía la presencia de unos cuantos temas imbatibles, destinados a ser los que llamaran la atención bien por lo excepcionalmente pegadizo de sus líneas melódicas o por su calidad capaz de soportar escucha tras escucha. Y, como un disco debía tener diez canciones, aproximadamente, siempre había espacio para temas más personales o menos logrados que completaban la entrega discográfica. Para muchos comentaristas musicales, el vigor de las descargas por Internet habla de una vuelta a las costumbres de los inicios del mercado de la música popular, cuando los artistas editaban singles. Cara A y Cara B, dos buenas canciones, cuatro a lo sumo, que no tenían desperdicio. La lectura del libro de Ronaldo Menéndez trasluce esa misma sensación o necesidad. Sucede en casi todas las reuniones de cuentos, siempre brillan más unos que otros. Es inevitable pensar que “Menú Insular”, “La ciudad de abajo” o “El bucle de Villa Búho” no son los “temas estrella” del disco. O, como sucede también con los discos de versiones de grandes artistas, que el conjunto tiene más de divertimento, de oportunidad de explayarse en el repertorio ajeno para disfrute del artista que de verdadera aportación sólida a la construcción de su trayectoria. Ha sucedido siempre, son grabaciones más destinadas a fans y a la curiosidad que al deslumbramiento. Y eso mismo sucede en el caso del libro de Menéndez. Su lectura desprende la sensación de que es un libro más necesario para su autor que para el lector. No es poco, ojo.
Ronaldo Menéndez Covers en soledad y compañía Páginas de espuma, Madrid, 2010
Texto aparecido en el número 319 (Junio 2010) de la revista Quimera
La fotografía de Thomas Hawk se corresponde al abandonado almacén de las escuelas de Detroit

14 junio 2010

Multinacionales de andar por casa

Muchas veces se ha repetido que en el mundo editorial en lengua española pasan cosas muy raras. Por ejemplo: es más sencillo traer a un autor hispanoamericano a España que algo tan común y cotidiano como encontrar libros suyos en las librerías. Luego sucede lo que sucede: las mesas redondas son completos fracasos y los gestores culturales, haciéndose los ingenuos auqnue tengan muy poca habilidad para dar el pego, se excusan ante los autores del escaso o nulo eco de sus visitas. Los escritores, a los que les han pagado un billete de avión y unas noches de hotel, además de algo de suelto por la charla, aceptan, como no puede ser menos, las excusas disculpando a los organizadores y mostrándose humildes y comprensivos ante el nulo interés que despierta la vida cultural latinoamericana en la madre patria. Alguien debería explicar a estos gestores que sería mucho más útil gastar el dinero de los impuestos en traer ejemplares de libros, dvd y cd para el uso y disfrute de los ciudadanos y no desperdiciarlo en sus sueldos, visto lo visto. Pero eso es, supongo, algo que nadie quiere escuchar. Quizás por razones como esas uno no puede hacer otra cosa que estar enormemente contento ante un proyecto como Puntocero.
Ulises Milla Lacurcia inauguró la editorial en 2009 en Caracas. Un proyecto ambicioso, abierto a todo tipo de temáticas y géneros, que comenzó su andadura con el lanzamiento de cuatro títulos:
Payback, de Lucas García, Sexo en mi pueblo de Leo Felipe Campos dentro de la línea de ficción, y A este infierno no vuelvo, de Patricia Clarembaux y Globotomía de Aramis Latchinian dentro de no ficción. Continuó con la edición de una selección de crónicas de la revista Marcapasos, llamada Se habla venezolano y Oro Rojo, de Mariana Párraga. El interés por la realidad se hace evidente en la dedicación a los libres de corte periodístico.
Parece que no les ha ido mal en Venezuela, con buenas críticas y algún que otro premio.
Ahora desembarcan en Uruguay. El próximo jueves 17 de junio tiene lugar la presentación en Montevideo. Los títulos elegidos tienen muy buena pinta. Además del mencionado Globotomía, completa la línea de no ficción El imperio insaciable de Mario Szichman. Y en ficción dos recuperaciones. Por un lado El refuerzo de Horacio Convertini, ya editado en España en una pequeña editorial de escasísima presencia en las librerías, y que está ilustrado en su cubierta por una fotografía de la genial fotógrada Fernanda Montoro, y , lo mejor para el final, mi queridísimo y admirado libro Prontos, listos, ya de Inés Bortagaray. Debería hacer una entrada tan sólo para hablar de este libro y de Ahora tendré que matarte, los dos que ha publicado esta escritora fantástica. Yo, pese a que tengo ya el libro, regalo además del no menos excelente Pablo Casacuberta, no dudaré y, apenas haya puesto un pie en el aeropuerto de Carrasco este mes de agosto, me haré con un ejemplar para traer de vuelta a España.
Me gustaría estar en Montevideo este jueves. Disfruten todos los que puedan. Y, esperemos que Puntocero llegue pronto a España.

09 junio 2010

Helen Levitt en Koult

Con un artículo sobre la recién inaugurada exposición de Helen Levitt se inician mis colaboraciones con la revista virtual Koult.
Además de confesar que es todo un placer, hay poco más que añadir.

07 junio 2010

e-cerdo

El otro día se habló aquí de la estupenda labor de la revista Hermano Cerdo.
Pero, cinco días más tarde, de nuevo se torna obligado hablar de dicha publicación digital.
Se han convertido no ya ne una referencia, sino en el primer magazine literario que facilita sus contenidos en formato de libro electrónico.
En el blog de la revista se anuncia la novedad más llamativa de la revitalizada publicación: el dossier de cuento norteamericano que acaban de publicar puede descargarse para ser leído en el e-book.
Los contenidos, por otra parte, son libres, así que, siempre que se cite el origen de los mismos y no se haga uso de ellos con fines lucrativos -la lectura no lo es, por cierto-, pueden ser descargados y modificados.
Así que, con más razón todavía que hace unos días: quién no está al tanto de lo que sucede en la literatura al norte de Río Grande es porque no quiere.
La ilustración es de Fernando Vicente.

02 junio 2010

Diseño extraordinario


En estos días tan sólo se podrán leer noticias sobre el libro electrónico, sobre la nueva plataforma Libranda -que si queire acabar con las librerías o no, que si es una chapuza o una buena idea, que lo extraño que es una joint venture de empresas tan grandes y blablá-, o sobre los autores más vendidos en la Feria del libro. O sea, la misma paparrucha de siempre que parece más destinada a las páginas color salmón que a una verdadera información cultural.
Entretanto, para aquellos a los que les guste de verdad un buen libro, avisarles de que soplan vientos más que frescos y agradables desde Portugal. Yo, que viví en Lisboa durante todo un año hace una década, estaba siempre algo intrigado por las razones que hacían que un país tan delicado y excelente en todo lo tocante al diseño y la estética, editase de un modo tan feo y descuidado. Las librerías del Chiado eran un monumento al más gusto en la mayoría de las ocasiones y había que rebuscar entre los estantes de los alfarrabistas algo verdaderamente bello. Pero, de unos años a esta parte, eso ha cambiado de modo radical. El pasado puente de diciembre me dejé caer de nuevo por las librerías lisboetas y me quedé totalmente enamorado de muchos de los libros que allí encontré. Entre ellos los de la recién nacida editorial Minotauro, un sello de Edições 70 que dirige Antonio Sáez Delgado y que se dedica a difundir autores de la literatura española. Los títulos del lanzamiento, como puede observar cualquier lector hablan muy bien de la dirección elegida. Chirbes, Julián Rodríguez, Pombo y Tusquets. Los siguientes autores editados allá han sido Gopegui y Fontana. Nada que objetar en lo tocante a la calidad de los títulos. Pero, ¿y los libros, como tales?

Pues los libros son preciosos, desde luego, como puede observarse en las fotos. Y más aún cuando se tienen entre las manos. Yo, incluso, no dudé en hacerme con un ejemplar pese a que esos libros los tengo en español. Porque, ¿quién puede sustraerse al placer de tener entre las manos un buen libro? Algo así han debido pensar los miembros del jurado de los European Design Awards para entregar la Mellada de Plata -advierto desde ya que no han entregado ninguna de oro- al diseño de cubiertas de la editorial Minotauro. El diseño es de Ana Boavida y João Bicker para la empresa FBA.–Ferrand, Bicker & Associados. Además de agradecer la decantada apuesta de Edições 70 por el buen diseño, cualquier lector con un poco de buen gusto caerá rendido a los pies de estos ejemplares. Querrá tenerlos entre las manos e, incluso, exhibirlos en la mesa de café del salón para que las visitas aprecien el buen gusto del anfitrión.

01 junio 2010

Cuento norteamericano contemporáneo

En un mundillo como el literario, donde los egos tanto abundan, es doblemente interesante la labor que algunos colectivos están llevando a cabo. Hermano Cerdo es, sin duda, uno de los proyectos más interesantes que se pueden encontrar hoy. Porque, entre otras ocupaciones, tiene verdadero interés en la traducción, una traducción no remunerada y, precisamente por eso, hecha con todo el cariño del mundo. Después de casi un año sin actualizaciones han dado a luz el número 24, que es una generosísima muestra del Cuento norteamerciano contemporáneo. Y lo más relevante es la humildad con la que dicha selección se presenta: no pretende ser un escaparate de lo más representativo, ni de tendencia alguna, sino tan sólo la deriva que las lecturas y la amistad ha ido construyendo a lo largo del tiempo. Un recorrido sorprendente y más que interesante, muy alejado de los tópicos que sobre la literatura de aquellas tierras nos hemos hecho.
Verdaderamente recomendable, como todo lo que viene de Hermano Cerdo. No sé cómo siguen leyendo esto en vez de haber usado el enlace para leer los once cuentos.
La imagen es de Blackaller, que ha realizado las ilustraciones del especial

31 mayo 2010

Los márgenes de la Historia


En su lúcido ensayo sobre la obra de Copi, César Aira cita a Lautréamont: “La poesía debe ser hecha por todos, no por uno”. Sorprende, porque la idea común es que la poesía sale de la mano de alguien singular, mientras que es la Historia lo que parece nacer de la pluralidad. Al mismo tiempo, la Historia se construye sobre hechos, lo que la convierte en la narración más pura, mientras que la ficción, sobre todo la novela, interpone, desde el inicio la mirada subjetiva, pensativa y, sobre todo, interpretativa, del narrador. En buena medida, la vertiente política, más o menos explícita, de la obra de los tres autores que sirven como excusa al texto sirve como ejemplo de lo certero de la frase citada.
Por un lado está la singular obra que está construyendo Pauls. Después del reconocido prestigio como analista de la narración autobiográfica y el renombre internacional obtenido con su novela El pasado, Pauls se dedicó a refundir los hechos históricos de los años setenta argentinos a través de tres miradas marginales que desde la anécdota y la subjetividad, terminan por convertirse en verdaderos paradigmas de la época analizada. Una época extraordinariamente violenta, muy convulsa, cuyo análisis concluirá con Historia del dinero, que en estos momentos escribe. Pauls, en todo caso, huye de una mirada sociológica –modo intelectualizado de hablar del costumbrismo- y de hacer una revisión de la Historia. No, Pauls se ha sumergido en la recreación, y quizás en el intento de interpretar, el espíritu de aquella época –zeitgeist, para los que necesitan de términos cultos a la hora de leer crítica-, y eso conlleva usar todos los anclajes a su disposición para sostener el discurso. El la primera de las narraciones, Historia del llanto, denominada en el subtítulo “Un testimonio”, se lanzó a investigar el pasado histórico desde la perspectiva del que no ha vivido nada, no estuvo allí, del que todo lo ha conocido “de oídas”. Un acercamiento que se repite en el caso de Historia del pelo. Pero, si en el caso de la primera, la política era algo omnipresente, porque el propio protagonista era un militante que devoraba toda la literatura sobre el tema, en la segunda es una presencia latente pero definitiva para entender el desenlace y verdadera intención de la novela. El protagonista de Historia del pelo no sabe que está, quiera o no, en medio de la política. O, quizás, prefiere vivir ignorando ese hecho. Pero, finalmente, la política, en su faceta más violenta, le obliga a actuar.
Resulta tentador trasladar la obsesión por el pelo, que está siempre ahí, incordiando, y que no se puede controlar, que debe ser domado, como metáfora de la presencia del yo político que se quiere ignorar. Y resulta tentador porque, finalmente, lo que está haciendo Pauls es desplazar la literatura testimonial de sus cauces más gastados a terrenos donde se opera de modos menos transitados. Finalmente, en ambas novelas se nos habla de sucesos más o menos determinantes que dejan sus huellas en las vidas de los protagonistas, que testimonian el modo en que esas cicatrices modifican su existencia.
Esa línea de trabajo es la que en casi toda su novelística venía desplegando Kohan. La presencia de la Historia en general, y de la dictadura en particular. Porque su novela histórica siempre usa los testimonios individuales para cuestionar los mitos de los que se ha servido la historiografía. Las novelas de Kohan nos hablan de individualidades condicionadas por las circunstancias históricas. Y, siempre, la omnipresente política que se analiza como un elemento fundante del discurso narrativo. En Museo de la Revolución esto se hacía más patente, pero el conscripto que debe decidir si corrige o no la frase de su superior ignorando su significado de Dos veces junio viene a servir como ejemplo paralelo. Finalmente, la narración surge de la tensión entre la experiencia individual y el discurso político plural, y se trama en torno a ambos polos.
Por eso sorprende la innovación de Cuentas pendientes. Frente a sus novelas anteriores, los hechos históricos en este caso no surgen de la esfera política, sino de la misma subjetividad de la mirada del narrador. El lector cree estar asistiendo a la narración de una vida cuando, en realidad, presencia la construcción de un discurso. O, más exactamente, a la perforación del mismo. Porque, finalmente, la mirada carente de compasión hacia el narrado que se despliega en la “primera parte” de la novela, se vuelve sobre sí misma cuando llega el encuentro entre el narrador y el narrado para, en la “tercera parte” entregar un reflejo tan carente de piedad hacia el mismo narrador como el del inicio, con la diferencia que esta vez el caricaturizado es el mismo narrador.
El hecho de que dicho narrador sea novelista, que tenga una obra publicada sospechosamente parecida a la del propio Kohan, podría hacer pensar en un rasgo autobiográfico en la novela. Puede ser, eso quizás tan sólo el propio autor pueda desvelarlo, pero, sea verdaderamente autobiográfico o se trata de un recurso narrativo para construir una voz y un tono, lo relevante es que supone una innovación en la trayectoria de Kohan. La Historia no sirve como escenario donde se mueven los personajes, sino que es un recurso de caracterización más. Tan históricas son las novelas que ha escrito el narrador como el pasado del protagonista narrado, cuya hija parece ser una hija de desaparecidos. Pero toda esa presencia esquiva de la política sirve, sobre todo, para que los personajes acentúen sus rasgos caricaturescos, para jugar con todo el campo connotativo. En el caso del protagonista, el mal que se encarna en la dictadura y el aprovecharse de los hijos de desaparecidos; en el del narrador el desconocimiento de la vida del que vive creando ficciones. Tan ridículo es el aferrarse a lo material, el dinero, del narrado como la valoración de lo abstracto, el prestigio, del narrador. Finalmente, todo depende del discurso, del modo en que este torna más o menos interesantes, reales, atractivas, las cosas. Todo, la Historia y la ficción, pertenece al mismo registro y se cuenta con las mismas palabras.
O, sencillamente, tan sólo existe en tanto que palabras. En El uruguayo, Copi deshace la memoria, su texto es un eterno presente, donde las relaciones se trazan de modo lateral y no sucesivo. Copi convierte el tiempo en espacio, no hay divisiones que indiquen el transcurrir temporal, sino tan sólo texto, un mismo discurso que, además, debe ser tachado –olvidado- a medida que se lee si se siguen las indicaciones del narrador.
En La Internacional Argentina la velocidad de los hechos termina por deshacer la idea de causalidad, ya bastante dinamitada por la filiación surrealista del texto, y todo parece suceder en un no-tiempo. Y en La vida es un tango presenta tres momentos históricos pero desjerarquizándolos al no presentar relaciones causales entre ellos.
Dicho procedimiento, que se extiende a lo largo de toda su obra, no hace sino negar las huellas históricas, el tiempo, y convertirlo en una realidad espacial, donde ocurren cosas: el discurso.
Y ahí es donde radica ese tenue hilo que parece enhebrar más que tan sólo estos tres libros estas tres novelísticas. Aira define, en el libro ya citado, la relación que se da en Copi entre el cuento –lo histórico, los hechos narrados-, y la novela –el presente, la narración-. Lo hace mediante un hallazgo único: “¿Qué es la novela? Un cuento al que ha llegado un escritor.” Quizás esa ecuación designe de modo ideal la relación entre la Historia y la ficción. Entre la política y el testimonio. Una tensión siempre fecunda y que, dentro de la narrativa argentina, aparece todavía más refulgente.
Alan Pauls, Historia del pelo, Anagrama, Barcelona, 2010.
Martín Kohan, Cuentas pendientes, Anagrama. Barcelona, 2010. 184 págs.
Copi, Obras (Tomo I) El uruguayo, La vida es un tango, La Internacional Argentina, Río de la plata, Anagrama, Barcelona, 2010.

Artículo aparecido en la sección Quirófano del número 318 (mayo de 2010) de la revista Quimera

29 mayo 2010

Poesía en mutación encuentra sus huecos


Como no sólo de viajes vive la poesía, quiero mostrar aquí la excelente acogida que ha tenido la antología en las bibliotecas más exigentes.


En este caso, sin ir más lejos, se trata de los estantes de Guillermo Jiménez Fernández, excelente alumno y mejor lector. Ahí están los abundantes y bien seleccionados libros para demostrarlo.

Esta me gusta especialmente, porque mejor rodeado no se pué estar.

(Invitamos a que remitan nuevas muestras de los ejemplares que vean por ahí a: poesiaenmutacion@gmail.com)

27 mayo 2010

Poesía en mutación sigue en movimiento

La Poesía en mutación sigue viendo mundo.
Unas veces junto al Ampelmann berlinés del Brücke.


Otras por las calles de Malasaña, frente a escaparates de librerías poético-líricas


O contemplando las animadas charlas de cualquier café del invento cool TriBall, junto a la caja de música reconvertida en platillo de cuenta y el cartel de una película fetén

Mil gracias a Hasier Larretxea por sacarlas a la luz y permitir su difusión.

(Invitamos a que remitan nuevas muestras de los ejemplares que vean por ahí a: poesiaenmutacion@gmail.com)

25 mayo 2010

Presentación de Escenario de guerra, de Andrea Jeftanovic en Madrid

Presentación en Madrid de
Escenario de guerra, editado por Baladí.
El encuentro con la autora tendrá lugar el próximo jueves 27 de mayo
en Hotel Kafka (Hortaleza, 104).
Dialogarán con Andrea Jeftanovic la novelista Care Santos
y el crítico literario Antonio Jiménez Morato.

Escenario de guerra es la historia de una niña de nueve años que ha de crecer y construir su propio universo dentro de un ambiente hostil y de una familia desestructurada por diversos motivos. Un padre exiliado que vive anclado en el horror de una guerra que no termina de irse, una madre ajena a todo que se entrega a los brazos de otros hombres en su presencia, dos hermanos que también han de resolver sus propios conflictos internos… En definitiva un hogar que hace aguas por todos sus frentes.
Todo esto marcará su posterior desarrollo como mujer adulta y su manera de entender y comportarse ante el mundo.
Andrea Jeftanovic construye a través de acertadas metáforas y frases cortas, pero directas, una novela en la que involucra al lector desde la primera página.
Escenario de guerra fue galardonada con el Premio Juegos Literarios Gabriela Mistral, Consejo Nacional del Libro y la Lectura a la mejor obra editada ese año, y mención honrosa del Premio Municipal 2001.

De la novela se han dicho cosas como:
Escenario de guerra trata de la construcción del espacio migratorio, ese tránsito que experimenta tanto el espíritu como la identidad física del emigrante: desde el padre exiliado de la guerra europea, hasta la hija que lo sigue para descifrar y redescubrir la historia. Pero aquel que pregunta por su lugar y que si o no lo encuentra, halla, así mismo otro relato dentro, como si el paraje siempre fuese el desdoblamiento de una nueva interrogación. no deja de ser intrigante, incluso misteriosa, la fuerza interna que recorre esta primera novela de esta valiosa escritora.
Julio Ortega.
Jeftanovic sabe juntar palabras, lo cual no es tan fácil como parece, sobre todo en esta época en que se escribe tan mal. Sus metáforas son audaces, su sentido del lenguaje produce momentos extraordinarios, su conocimiento espontáneo o adquirido del ritmo narrativo se traduce en intuiciones literarias felices y a todo ello debe sumarse una genuina fluidez verbal. En suma, estamos ante una escritora que posee una sólida prosa y un estilo hábilmente manejado.
Camilo Marks, Revista Qué Pasa
Andrea Jeftanovic (Santiago de Chile, 1970)
Es socióloga de la Universidad Católica de Chile y doctora en literatura hispanoamericana de la Universidad de California, Berkeley. Ha publicado las novelas Escenario de guerra (2000; premios Juegos Literarios Gabriela Mistral, Consejo Nacional del Libro), y Geografía de la Lengua (2007) y el conjunto de relatos Monólogos en fuga (2006). Cuentos suyos han aparecido en diversas antologías nacionales y extranjeras, tales como Desafueros (2000), Ecos Urbanos (2001), En Español (2001), Cien Microcuentos chilenos (2002), Cuentos Eróticos (2005) y No es una antología. Paisaje real de una ficción vivida (2007). Como autora ha sido invitada a las Ferias del Libro de Guadalajara 2004 y Lima 2005, y a la Universidad de Arizona, Universidad Nacional de Colombia, Centro cultural latino de San Francisco, Unión de Escritores y Artistas en La Habana. También ha recibido becas de pasantía para estadías en Brasil, Portugal y España. Actualmente es académica de la Universidad de Santiago, dicta talleres y escribe un libro de entrevistas y testimonios con apoyo del Fondart titulado “Conversaciones con Isidora Aguirre”.

20 mayo 2010

Baroni: un viaje, de Sergio Chejfec. Presentación en Madrid

Fotografía: Paco Fernández, cortesía de la editorial

Presentación en Madrid de
Baroni: un viaje
, editado por Candaya.

El encuentro con el autor tendrá lugar el próximo lunes 24 de mayo
en la librería Eléctrico Ardor (Pelayo, 62).
Dialogarán con Sergio Chejfec la novelista Reina Roffé
y el crítico literario Antonio Jiménez Morato.

Baroni es un personaje real. Baroni es un personaje de ficción. Esta novela demuestra que ambas fórmulas no se contradicen. El personaje real es Rafaela Baroni, una reconocida artista popular que vive en un pequeño pueblo de la precordillera venezolana. Allí se dedica a tallar figuras de madera casi siempre religiosas, a curar enfermos, a predecir desgracias, a morirse. Baroni se muere y resucita: dos veces al año interpreta su propia muerte. El personaje de ficción es un ser borroso y multifacético que se transfigura en recuerdo, paisaje, experiencia múltiple o comunidad.
Baroni: un viaje es el desarrollo de una mirada oscilante, que va de la protagonista al país donde habita, de las incógnitas de la religiosidad popular a las no menos misteriosas condiciones de la creación artística. Como en todos los libros de Sergio Chejfec, en Baroni: un viaje el pensamiento representado ocupa un lugar central en el desarrollo de la escritura. Y una vez más, sus dudas y disquisiciones, unido a los seres limítrofes que elige exhibir, son la marca de un estilo muy personal.
Tras el espectacular éxito de Mis dos mundos (Candaya 2009, mejor novela del año según la revista Quimera) conti-nuamos con Baroni: un viaje la publicación de la obra de Sergio Chejfec en España.
De Mis dos mundos dijo Enrique Vila-Matas en Babelia: “El argentino Sergio Chejfec se debate entre las estrategias novelísticas presumiblemente antagónicas de Joyce y de Simenon. Entre la narración como arte y como discurso. El mundo interior y el exterior. En su novela Mis dos mundos se muestra cómplice de ambas tendencias y las combina abriéndose a prometedores territorios literarios”.
Sergio Chejfec nació en Buenos Aires en 1956. Entre 1990 y 2005 vivió en Caracas y desde entonces reside en Nueva York.
Ha publicado las novelas: Lenta biografía (1990), Moral (1990), El aire (1992), Cinco (1996), El llamado de la especie (1999), Los planetas (1999), Boca de lobo (2000), Los incompletos (que contó con el apoyo de la beca Guggenheim, 2004), Baroni: un viaje (2007) y Mis dos mundos (Candaya, 2009). Es autor también de los libros de poemas: Tres poemas y una merced (2002) y Gallos y huesos (2003), y del libro de ensayos El punto vacilante (2005).

13 mayo 2010

Los tres estados de la narrativa, taller en La Central del Reina Sofía

Comienza mañana mismo y aún quedan plazas,
hasta el mismo inicio previsto del taller está la inscripción abierta.


Aunque la ciencia haya determinado a día de hoy la existencia de más de tres, todos aprendimos en las clases de física y química del colegio que son tres los estados fundamentales de agregación de la materia que se presentan de modo más habitual para su estudio: sólido, líquido y gaseoso. La idea del taller propone la tarea transversal de trasladar las características que sirven para clasificar cada uno de los estados de la materia a los patrones narrativos. Los textos presentan una realidad estructural, ideológica y estética cambiante, que puede servir como campo de estudio desde esa perspectiva. Sorprendentemente, dicho proceso parece arrojar una idea bastente definida de una narrativa sólida frente a una líquida, y permite intuir la probable existencia de una narrativa gaseosa. Del mismo modo que Zygmunt Bauman considera la modernidad líquida una evolución y desarrollo de la modernidad sólida o pesada, este taller se pregunta si ha sucedido lo mismo con la narrativa. Más que ofrecer respuestas, el taller busca hacerse preguntas.
Para argumentar dicho proceso despliega, sobre todo, ejemplos narrativos que puedan servir como paradigmas de ese trayecto, pero también introduce argumentos que provienen de diversas disciplinas relacionadas con la Literatura (siguiendo a Barthes considera que la literatura tiene a su cargo muchos saberes, y por lo tanto pueden servir como instrumentos para su análisis) como la Historia del Arte, la Filosofía, la Estética, la Sociología y, por supuesto, la Crítica literaria, con la intención de clarificar y demostrar la existencia de esa oposición entre narrativa sólida y líquida.


Programa:
En las cuatro sesiones del taller se irán describiendo las hipotéticas características de una narrativa sólida y de una líquida. Se propondrá a los alumnos a participar en el debate y la construcción de las ideas. Una vez esbozada la idea de cómo podría ser cada una de esas tipologías narrativas, los alumnos serán invitados a la escritura en casa de textos que puedan ser encuadrados en una u otra categoría.


Profesor:
Antonio Jiménez Morato.Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, colabora en medios como "Babelia" de El País, "ABCD las Artes y las Letras" de ABC, y revistas como Quimera o Clarín. Sus textos han aparecido en el diario Perfil de Buenos Aires, el diario Público, "El viajero" de El País o la revista Renacimiento. Actualmente, ultima un libro de ficción y otro de ensayo.
Lleva ocho años dedicado a la docencia de talleres de escritura y de lectura en instituciones como las Bibliotecas del Ayuntamiento de Madrid, la Asociación de Universidades Populares de Extremadura y en centros privados. Fue coordinador general de los Talleres de escritura Fuentetaja y participó en el volumen de ensayos Escritura creativa: cuaderno de ideas.

Fechas: 14, 21, 28 de mayo y 4 de junio.
Horario: Viernes de 18:15 a 20:45 horas.
Precio: 80 euros.
Lugar: La Central del MNCARS (Ronda de Atocha, 2).
Información e inscripciones (las plazas son limitadas):
-Por email: nuriarepilado@lacentral.com
-Por teléfono: 91 789 74 74
-En la librería.

  • de 18:30 a 20:30 horas
  • Viernes de mayo y junio
  • La Central del MNCARS (Ronda Atocha, 2 / 28012 MADRID)

11 mayo 2010

Poesía en mutación va cruzando el Atlántico

Los siete poetas mutantes han llegado a Cabo Verde. Más exactamente a la isla de Santo Antão que es, para los que no lo sepan, la más occidental y septentrional de las islas del archipiélago. O sea, que es considerado el punto más occidental de África. Justo en medio del camino a América, como quien dice.

Allí han comenzado a mezclarse con los frutos de la tierra. Todo poeta sabe que depende de una buena alimentación para poder crecer fuerte y vigoroso, de ahí que sea tan importante lo que nutre a la poesía mutante.

Y, al mismo tiempo, deben tener experiencias capaces de incentivar su imaginario. En este caso, por ejemplo, pese a la distancia con Luis Muñoz, aprenden a limpiar otros pescados. Caboverdianos, en este caso.

10 mayo 2010

Dos citas ineludibles: La poesía mutante y la Narrativa líquida


En un interesante artículo de la edición de hoy del diario El País, Elsa Fernández Santos hace un repaso a una serie de novedades editoriales relacionadas con la poesía. Se me cita través del prólogo de Poesía en mutación, así que poco o nada tengo que decir al respecto, más allá de agradecer a la autora su atención y acordarse de una antología pequeña, con un antólogo desconocido en una editorial que no acostumbra a embarcarse en proyectos relacionados con la lírica. Una y mil veces, gracias.
Por otro lado, se van agotando los días para matricularse en el taller que, a partir de este viernes, se imparte en la librería La Central del Museo Reina Sofía. Un acercamiento dinámico e inquieto a las realidades de la narrativa actual a través de una metáfora novedosa, que quiere comparar las formas y principios de la física con la narración contemporánea. Toda la información sobre el taller está aquí.

05 mayo 2010

Editores meditando mutaciones

James Womack se plantea la agradable posibilidad de que estos poetas muten para ser rusos
y poder editarlos en su editorial Nevsky Prospects.

Marian Womack no da crédito, su socio James le había dicho que eran poetas rusos y acaba de dar con la edición original en castellano. De todos modos pueden traducirlos al ruso, piensan.

(Invitamos a que remitan nuevas muestras de los ejemplares que vean por ahí a: poesiaenmutacion@gmail.com)

Contubernios poético-mutantes

Hasier Larretxea come un muffin.
Patricia protege su ejemplar mutante.
Zuri prefiere mirar a otro lado, algo normal en estos casos.
(Invitamos a que remitan nuevas muestras de los ejemplares que vean por ahí a: poesiaenmutacion@gmail.com)

30 abril 2010

Improvisación literaria de La Noche de los Libros


Dentro del marco de La Noche de los Libros, el pasado 23 de abril de 2010, tuvo lugar la improvisación literaria "A medio camino entre la intimidad y el exhibicionismo" en la cafetería del Círculo de Bellas Artes organizada por mí y que contó con la presencia de Roberto Enríquez (Bob Pop), Eduardo Halfon y Marta Sanz, que fueron turnándose en la construcción de un texto ante un público expectante, y la ambientación sonora de DJ Flow. Este vídeo, realizado por Gonzalo Munilla, es una pequeña muestra del evento.

26 abril 2010

Para una narrativa líquida (2)


UNO. Vamos a imaginar una clasificación hipotética de la narrativa, que, como todas las clasificaciones, será arbitraria.
Imagine una narrativa a la que llamaremos sólida, espacialmente arquitectónica porque que acoge una historia en su interior, porque genera un espacio; una narración en la que todas y cada una de sus partes deben estar meditadas, calculadas, de tal modo que el artefacto resultante sea eficaz, opera como un sólido mecanismo en el que nada debe faltar y nada sobre, porque, ante tal ausencia o exceso, el mecanismo no cumpliría con su objetivo fundamental, el de ser ante todo eficiente lo contrario llevaría a que, bien por exceso de peso o bien por falta de elementos sustentantes, la construcción narrativa que se pretende se vendría abajo.
Frente a ella se encuentra una narrativa que vamos a adjetivar como líquida, fluctuante o fluida, que es dúctil, que toma la forma del continente en el que se introduce ya que no tiene forma determinada, que no genera un espacio sino que lo ocupa, y que permite una estructura cambiante, donde la presencia o ausencia de sus elementos no modifique su esencia, puesto que es, ante todo, un líquido que podrá perder parte de su todo, unas gotas o unos chorros, o que puede rebosar en su recipiente, pero no por ello verá modificada sus propiedades ni características esenciales.

DOS. Como de narrativa hablamos, y la narrativa está hecha de realidades y no de abstracciones, pasemos a poner ejemplos que sirvan como paradigmas de ambas tipologías.
Quizás el ejemplo más evidente de esa narrativa sólidamente planificada, meditada y construida bajo ese arduo proceso de concreción de ideas previas, y que sigue así la idea de que la narrativa es un vehículo de un mensaje más importante que la escritura en sí, sea la narrativa de Vargas Llosa. Estupendas novelas como La casa verde, La ciudad y los perros o Conversación en La catedral. Novelas que ambicionaban introducir en su interior todos los aspectos de la vida, novelas totales las llamaron, y que por ello han sido cuidadosa, meticulosamente planeadas y construidas.
Pero, ¿cuáles serían los ejemplos de esas novelas “líquidas”? Pienso en César Aira y sus singulares “novelitas” –el nombre, lejos de ser peyorativo, es el que, acertadamente, él ha elegido para sus libros-, donde lo de menos son conceptos como “argumento”, “estructura”, o “mensaje”, ya que lo importante en sí es el texto, el cuerpo del discurso en sí. No el texto como vehículo, sino como objetivo; no el texto como plasmación del mundo, sino como un entorno en sí en el que el lector se sumerge y donde pueden llegar a ser más relevantes las sensaciones que se experimentan durante la lectura que las ideas que se transmiten a través de ella. De hecho, la idea primera es no necesitar un destino al que llegar para ponerse a escribir, sino hacerlo siguiendo una deriva, un impulso, ya que el acto per se de la escritura puede ser, en sí mismo, la herramienta necesaria para desarrollar razonamientos, para pensar hasta llegar si bien no a conclusiones, sí a cartografías del proceso de nuestro pensamiento. Convertiría a la escritura pues en una meditación registrada, el rastro que deja el pensamiento.

TRES. Carlos Labbé es, en este sentido, un narrador singular. Sobre todo porque en sus novelas, en las tres que ha publicado hasta la fecha –Libro de plumas , Navidad y Matanza y la recién editada Locuela (Periférica, 2009)-, se mueven en la tensión entre esas dos divisiones que me he permitido trazar, la concepción de unas narraciones con un mensaje unitario pero que al mismo tiempo disfruten de muchas de las características de las “narraciones líquidas”.
Por un lado se hace evidente a cualquier lector que se acerque a ellas que en sus novelas sí existe una intención constructiva. Que subyace en todo el momento el deseo de comunicar con la novela un mensaje, lo que no implica que dicho mensaje sea la parte más importante del acto comunicativo. Por ejemplo, en el caso de Locuela, hay todo un aparataje de diversos procedimientos que quieren dar al libro la apariencia de una novela más o menos tradicional, de una “narración sólida”.
Como la convergencia de diversos narradores. Por un lado está la novela policial, de serie negra, que sirve como excusa “genérica” para el texto. En torno a los quince capítulos que la forman se entrevera la narración que van realizando los otros narradores. Por un lado las cartas que remite La remitente a El destinatario, por otro lado la narración en sí de las vivencias de El que escribe la novela, el mismo “destinatario”, a través de un diario que se desdobla en una constante tensión entre la confesional primera persona y una narración en tercera persona. La novela se construye mediante la yuxtaposición de esos fragmentos, pero se trata de una construcción premeditada, intencionada y dirigida, que tan sólo se ve interrumpida por del Manifiesto Corporalista del final del libro, a modo de interpretación hermenéutica del corpus del libro.
Aquí radica la piedra de toque de la lectura del libro como un mensaje a la espera de ser descifrado, puesto que la aparición de dicho movimiento transforma radicalmente la novela construida hasta ese momento ante el lector. Por un lado porque convierte una narración que pivotaba en la tensión entre la novela policíaca y el trabajo académico de un alumno –es llamativo el uso tipográfico de los números de página, que se colocan siempre en el borde inferior derecho de la página, y no en oposición simétrica como sucede en la maqueta habitual, para enfatizar el formato de los ensayos escolares salidos del procesador de textos-, en otra cosa: finalmente en la única pieza de una vanguardia artística que nace y muere con este libro, el Corporalismo, y que debe mostrarse junto a un pequeño cuadro que ha servido como eje de buena parte del discurso del relato, la idea del texto como una mera écfrasis –descripción de un elemento visual dentro de la narración- de algo, quizás del movimiento, quizás de su formación, quizás de su praxis negada. Lo ambicioso del entramado conceptual del libro nos habla pues, a las claras, de una intención anterior, de un punto de partida conceptual que ha sido, más tarde, vertebrado narrativamente. En ese sentido hay una filiación clara con el tipo de narrativa sólida ya aludida.
Pero, por otro lado, Carlos Labbé es plenamente consciente de que la lectura de un libro, y más de una novela, termina siendo una inmersión, un bucear dentro del mundo que nos propone el autor. Un mundo que sólo existe en el texto, ya que es ahí donde se zambulle el lector. Por tanto,el texto es cuerpo y materia del mundo que se nos ofrece. Y, como ocurre siempre cuando nos sumergimos en un líquido, lo primero que se aprecia es el drástico cambio entre el aire que nos envolvía y que pasa a ser, ahora, un envoltorio líquido. Dicho de otro modo, lo que el lector se encuentra dentro de las páginas de Locuela no es un entramado meticuloso, al contrario, sino la misma locuela, el habla desencadenada e irrefrenable a la que aluden en las citas que abren el libro Barthes e Ignacio de Loyola. Lo que importa es la construcción de otro mundo desde el lenguaje, desde la ficción. Y un mundo no tiene excesivo sentido, sencillamente es. El mundo es atributivo. No tiene una función determinada, está, es o parece. Por eso la escritura de Labbé aborda la creación de un universo y no la mera transmisión de un mensaje, como ocurre con esas novelas totales que, paradójicamente, se ven obligadas en su búsqueda de totalidad a cercenar y acotar la realidad ya que esta no se puede meter en una novela. No, Labbé sabe que el entramado intelectual de una novela, la creación de un nuevo mundo, de un universo al que huir, heredero sobre todo del Santa María de Onetti en esta novela, debe pasar, ante todo, por la construcción de un universo nuevo desde el discurso y su materia, el lenguaje. Locuela no es una novela, es un mundo, un decir que se torna real. Su ambición no tiene límite. Afortunadamente todavía se escriben libros así.
Carlos Labbé, Locuela, Periférica, Cáceres, 2009
Texto aparecido en la revista Quimera, número 317, de abril de 2010