19 abril 2010

Más avistamientos


Gonzalo, un Tipo Infame, se aprovechó de mi benevolencia para hacer estas fotos de las mutaciones de la poesía en los servicios de caballeros de los bares. Cualquier diría que andan buscando plan en otras antologías, o trasnochando con otros antologistas...



(Invitamos a que remitan nuevas muestras de los ejemplares que vean por ahí a: poesiaenmutacion@gmail.com)

14 abril 2010

Egolatría

Hay gente que no debe tener mucho criterio, porque lejos de hacerme una pregunta, una tan sólo, me han hecho 25. Juan Terranova, uno de esos escritores que merecen más espacio del que tiene en los medios me las mandó por mail para que las contestase y las ha colgado en la web del divertido proyecto: 25 preguntas

12 abril 2010

Momento histórico

Esta semana, en la tienda virtual de la Casa del Libro, aparece como número 1 de ventas de ficción el libro de Stella Gibbons, La hija de Robert Poste, editado por Impedimenta. En la lista aparece por delante de las novedades de Julia Navarro, Arturo Pérez-Reverte, Matilde Asensi o Stephenie Meyer.
Cualquiera que haya pasado por aquí alguna vez sabrá la poca, por no decir ninguna, estima que se tiene aquí por las listas de libros más vendidos, premios literarios y demás informaciones que no hacen más que establecer un escalafón falso que nada tiene que ver con la literatura.
Ahora bien, el hecho de que a uno le de igual todo eso no obvia que vive rodeados de congéneres que no piensan igual que uno, y que sabe, perfectamente, de la tendencia del ser humano a actuar de modo gregario imitando lo que hace el vecino.
Por esas y por muchas otras razones, por ejemplo porque el libro es divertido y es mucho mejor que los bodrios a los que ha adelantado en la mencionada lista, no quiero dejar de alegrarme y de recomendar a la gente que imite al vecino. Esto es, que en vez de comprar esos libros siempre iguales compre este, que es igual, también -de no serlo no estaría en el primer puesto de esa lista-, pero menos y que algo más reportará a sus lectores.
Y, por supuesto, darle la enhorabuena a Enrique Redel, que se lo ha currado para que todo esto suceda.
Al escribir esto me he acordado de la camarera que regenta el café que está en la esquina de la plaza de San Vicenç de Sarriá con la calle de Mañé y Flaquer. Durante la última visita que hicimos a Barcelona entramos junto con el editor de Alpha-Decay a tomar un café allí y cuando él se presentó como editor, y a mí como autor, la camarera nos habló del placer que los libros de Impedimenta le producían. Se había hecho la propuesta de irse comprando todos los libros de la editorial a medida que le fuese posible. Ya tenía seis o siete, nos dijo, y casi todos le gustaban una vez leídos y siempre le resultaban atractivos cuando los veía en las mesas de novedades. Le dijimos que le comentaríamos a Redel que tenía una fan en Sarriá. No me he acordado hasta hoy y no se lo había dicho todavía. Así que así tiene dos regalos, un montón de compradores y una lectora fiel.
Hala, a la librería, y compren, por una vez, el libro que está como el más vendido.

02 abril 2010

Íntimos desconocidos


No les conozco de nada y, sin embargo, de un tiempo a esta parte visito a menudo el ágora del pensamiento que han creado, en la que de vez en cuando me invitan. Un modo seguro de conocer la derrota del pensamiento antes de que naufrague en la sociedad de la obsolescencia: salonKritik
La imagen es de Alexander Kosolapov

01 abril 2010

Segundas muestras

No sólo se están avistando ejemplares en terrenos boscosos, también en ambientes urbanos:


Seguimos a la espera de los análisis pertinentes de los acontecimientos
(E invitamos a que remitan nuevas muestras de los ejemplares que vean por ahí a: poesiaenmutacion@gmail.com)

31 marzo 2010

Primeras muestras

Todo parece indicar que las primeras muestras del experimento están ya en las calles:

Ahora sólo resta ir analizando las mutaciones que se produzcan.

26 marzo 2010

Desclasificaciones


¿Libro-reality?
Bizzio cimenta con Realidad, un libro ambientado en Gran Hermano, su posición de referente de la narrativa argentina.

Ver a Sergio Bizzio sorprende, al primer golpe de vista nadie diría que es un escritor de cincuenta y tres años. Parece más un rockero maduro, aunque él lo desmiente, tiene una banda, pero no tal y como uno se la imagina. “La mitad de los integrantes no sabemos tocar. Es una banda de no-músicos (aunque suene a no-videntes). La banda se llama Súper Siempre y este mes editamos nuestro primer CD, que se llama “Juicio al perro”. No bromea, lo estrenan a primeros de agosto con un concierto en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). Pero hay una lógica detrás, el grupo lo completan un músico vanguardista, un pintor y un editor. O sea, una banda muy arty, que cuadra muy poco con un novelista que ambienta su novela en un plató del Gran Hermano argentino. “Me interesaba la idea del manipular manipulado”, explica. “Capas y capas de manipuladores en acción. Pero debo confesarte que no me lo planteé así de entrada. Quizá me atrajo la idea de un choque de mundos totalmente opuestos e igualmente fanáticos.”
Realidad comienza cuando un grupo de terroristas islámicos toman al salto el plató del reality show y hacen públicas sus exigencias a las autoridades. Cualquiera se está haciendo la pregunta de por qué poner en relación los titulares del telediario con un programa de telebasura. “El Corán y el rating, de hecho, son absolutos. Todo lo que dice el Corán es bueno, y lo que no dice el Corán es malo. Para los productores de televisión el asunto funciona de la misma manera: lo que tiene rating es bueno, y lo que no tiene rating es malo.”
Bizzio tiene una capacidad especial para descubrir relaciones sorprendentes e insospechadas o para darle la vuelta a los tópicos exprimiendo todo lo que llevan dentro. Sirva como ejemplo el interés que Emilie Deleuze -hija del influyente filósofo Gilles Deleuze- ha mostrado ya su interés por llevar la novela al cine. Él, en todo caso, huye como la peste de ser interpretado como un intelectual volcado en “la actualidad más acuciante”: “Hay miles de escritores que trabajan adrede con grandes temas, con ritmos consagrados y con el objetivo de hacerse eco de ciertas preocupaciones o intereses del presente. No es mi caso. No aspiro a convertir mis obras en mercancía comunicacional.”
Y, sin embargo, sus narraciones han despertado el interés de varios cineastas. Guillermo del Toro ha producido la adaptación que Sebastián Cordero ha filmado de una novela anterior, Rabia, “podría decirse que entre “Del Toro” y “Cordero” tengo el asunto de la carne resuelto”, bromea, pero antes su pareja, la también escritora y cineasta Lucía Puenzo, adaptó su cuento Cinismo en la exitosa película XXY, cinco premios en Cannes 2007. Él se resta méritos: “Mi colaboración con ella durante la escritura del guión se limitó a observaciones domésticas durante el almuerzo o la cena. Lo mejor que puede hacer el autor es mantenerse al margen del trabajo de adaptación de sus textos.”, y, por si fuera poco, también Paula Hernández, directora de las cintas Lluvia y Herencia, ha usado otro cuento para su nuevo estreno, Un amor para toda la vida. “Soy un hombre adaptado por mujeres”, agradece.
Quizás su aire juvenil se deba a que nunca está quieto. En sólo dos años ha publicado las novelas Era el cielo y Realidad, un libro de poemas (Te desafío a correr como un idiota por el jardín), grabado su disco y rodado su segunda película como guionista y director, un alegato pro-tabaco: No fumar es un vicio como cualquier otro. Él no ve diferencias entre sus distintas dedicaciones: “Mis pasiones son intermitentes, saltan, aparecen y desaparecen, pero en la práctica forman un todo. Me cuelgo y descuelgo de estas cuatro actividades principales como de puntos trigonométricos que me sirven para orientarme en una realidad siempre desconocida. Y cada una de ellas incluye a las otras.”
Este texto fue escrito para el suplemento EP3 de el diario El País. Nunca se publicó.
Debía coincidir con la edición en España de las novelas Era el cielo y Realidad, ambas en Caballo de Troya, dentro de lo que se llamó "Primavera argentina".
El video es una actuación del grupo Super Siempre en la sede de la editorial Santiago Arcos.

19 marzo 2010

Academia de idiomas


Uno tiene la conciencia de que ser traducido es uno de los pasaportes hacia el triunfo. Tantas veces ha escuchado eso de que nadie es profeta en su tierra que ha terminado convenciéndose de que el mejor modo de llegar lejos es exactamente ese, valga la redundancia: agarrar la maleta e irse bien lejos.
Por eso, una de las ventajas que tiene la vida en el siglo xxi -este en el que estamos, recuerden-, es la accesibilidad a la información que facilita Internet. Dicho de otro modo: que uno puede hacer como que está bien lejos sin moverse de casa. O sea, ser un poco Dios y estar bien dentro pareciendo que está uno afuera. Ubicuidad. No confundir con Ubiciudad, que es el nombre de una constructora de las que andan al borde de la quiebra con la crisis del ladrillo.
Bueno, todas estas digresiones y payasadas son para introducir el placer enorme que me reporta la gente de Artecontexto al permitirme colaborar en su blog. Porque, una de las ventajas es que los catedráticos de Oxford han perdido la excusa de que no me leen al no entender la lengua de Cervantes. Gracias a la fina y atinada traducción me puedo ubicar ya en dos tradiciones, la de Shakespeare además de la cervantina, a la espera de impactar con mi obra a este siglo xxi que viene acelerado y políglota.
A la espera de nuevas traducciones a otras lenguas -no pierdo la esperanza con el Magiar, que es lo que en realidad más ilusión me hace para posibilitar que Vallcorba se fije en mí y me publique en Acantilado, la editoral preferida por todos los libreros con pantalones de pana y chalecos de lana-, pueden ustedes disfrutar de mi siempre fino sentido crítico en inglés.
Sobre Hablando del diablo de Beto Hernández,
sobre Carlos Labbé y su Locuela,
sobre Los condenados de Isaki Lacuesta y
sobre Tarantino y sus bastardeces.
Ah, también se pueden leer en español, pero no es lo mismo...
La fotografía es Keith Carter

08 marzo 2010

Sociales


En Argentina, "sociales" designa la vida social. Los cumpleaños, las bodas, por supuesto, pero también los eventos a los que uno acude, el modo de desenvolverse en sociedad. Sin duda, si hay una profesión que favorezca, paradíjicamente, la vida social esa es la literatura. Sí, los escritores trabajan en solitario, pero cualquier ocasión es buena para salir de la madriguera y pegar la hebra con compañeros del gremio, poner verde a esa gente que se empeña en ser objeto de burlas y comentarios, y, por último, en dejarse ver. Porque a razón de un libro por año, es conveniente dejarse ver para que lo tengan a uno en cuenta los coordinadores de publicaciones, organizadores de festivales y demás fauna del mundillo.
Por otro lado está el hecho de que los gestores culturales favorecen encuentros que pueden resultar, muchas veces, únicos. Primero cuando tienen ese aire de seriedad que impone un estrado, una mesa y unos micrófonos, pero, sobre todo, cuando se termina el prólogo "oficial" y comienzan las cañas en cualquier bar cercano. Ahora, para ir calentando de cara a la primavera, tenemos, por ejemplo, las conversaciones entre Julián Rodríguez y Antonio Luque (aka Sr.Chinarro), que han organizado los amigos de la Obra Social de La Caixa en Madrid y Barcelona. El nombre elegido para el invento es: La vida co(a)ntada. En Madrid es hoy mismo, día 8 de marzo. En Barcelona mañana, el día 9. Supongo que hablarán, mucho, de música pop y de literatura. Antonio Luque de literatura, Julián Rodríguez de música, por aquello de que al final para opinar es mejor no saber demasiado.
No menos bizarra se intuye la visita de Fogwill. Instrucciones para violentar el pasado se llama su conferencia. Iván de la Nuez, organizador del ciclo en que se enmarcan, le dará la réplica. Las citas son el día 15 en Madrid y el 16 en Barcelona.
Eso sí, acceder a estas charlas sale más caro en Barcelona que en Madrid. Allí son 3 euros la entrada y aquí 2. No sé si porque en Madrid no hay costumbre de pagar por estas cosas o porque en Barcelona hay más pasta. Elijan.
Para los que estén en Badajoz hay, también, buenas noticias. En el MEIAC se inaugura, este jueves 11, la exposición Suroeste, que indaga en las relaciones culturales entre los paises ibéricos en el tránsito del siglo XIX al XX. Además, seguro que, de todos los actos de estas dos semanas, es el que contará con el mejor catering con mucho, lo que la convierte, quizás, en la mejor cita de todas. Ay, quién disfrutase de la vida extremeña teniendo a un paso Portugal para pedir asilo estético...
Los que se evaden televisión mediante tienen una cita en la librería Juan Rulfo-FCE de Madrid ese mismo día 11. Jorge Carrión presenta una novela que se nutre de la ficción televisiva de último cuño casi más que de la literatura precedente. Contará el acto con la asistencia de Isaac Rosa y Jordi Costa, además del propio autor. Y cava, para dejar buen sabor de boca a los asistentes, al final esta vez toca cava.
Para los que no tengan nada mejor que hacer, y es ya difícil, les recuerdo que el mismo día 11 en La Casa Encendida de Madrid hay una conferencia de Juan Goytisolo. "Identidad única, identidades múltiples" se llama el invento. Es gratis, claro, si no a ver quién se acerca... Lo mejor de LCE es que hay muchos, y muy buenos, bares cerca. Así que apenas uno empiece a bostezar puede refrescarse con una cañita saliendo del auditorio.
En el mismo sitio y con mucha mejor pinta, este domingo se celebra una nueva edición de La Radio Encendida -perdonen esto de titular a lo anglosajón las cosas, todo con mayúsculas, pero es que los de CajaMadrid Obra Social quieren ser más neoyorquinos que lavapieseros y así les luce el pelo...- con conciertos de La Bien Querida (su disco no llega a Spotify), Drexler, unos recuperados Ilegales, emergentes como McEnroe o Napoleón Solo, reinventados haciendo lo mismo como Chico Ocaña o Muchachito y más. Del mediodía a la medianoche.
Porque estos actos sociales sirven, para qué engañarnos, para tomarnos unas copas y que no parezcamos seres tan solitarios. Y para culturizarnos, claro. Disfruten.

Addenda:
Me escriben para recordarme que el mismo jueves 11 de marzo hay más eventos en Madrid.
Por un lado Palma Central, varios locales de la calle Palma realizan muchas y variadas actividades que convertirán a esta arteria de Malasaña en el centro de la noche madrileña de esa noche.

04 marzo 2010

99


La comunidad inconfesable reúne a un grupo de autores que huyen de la verborrea a la que se nos ha acostumbrado a lo largo de los años. Como si el crítico o el creador fueran capaces de agotar un tema gracias a extenderse sobre él páginas y páginas. Quizás el objetivo en este mundo lleno de opinadores más o menos profesionales no sea decirlo todo sino decir lo importante. Y para decir lo importante noventa y nueve palabras parecen más que suficientes.
He intentado, sin éxito creo, meter Las correspondencias de Pedro G. Romero en menos de cien palabras.

25 febrero 2010

Mise en abyme


Las relaciones entre literatura y crítica han sido, siempre, tensas. La restrictiva, por frecuente y por errónea, idea de que la única función de la crítica es la de valorar las novedades del mercado no ayuda a resolver esas tensiones. De hecho la crítica literaria debe, obligatoriamente, explorar otros terrenos y no ceñirse a la mera posibilidad de la reseña de novedades. Debe, ante todo, buscar su lugar dentro del ecosistema literario, pese a que de un tiempo a esta parte su labor se ve cada vez más soslayada y cuestionada. Una parcelación más o menos clara del terreno en el que nos movemos vendría a señalar que frente a la narrativa, que trabaja sobre la realidad, la crítica pivota en torno a la literatura en sí como escenario de su trabajo. Usando la imagen de Stendhal, mientras el narrador pone el espejo al borde del camino, el crítico olvida el camino para analizar cómo es el espejo, qué mecanismos sigue la reflexión, etc. Un narrador interpreta la realidad y la reconstruye en sus textos. Un crítico opera sobre dicha reconstrucción del narrador. Esa relación de segunda mano con la realidad es lo que genera más recelos por parte del lector común y de buena parte de los autores. Por un lado porque mientras el narrador realiza su labor sobre una parcela común, la realidad, el crítico lo hace en una acotada y privada, la de un autor. Por otro lado porque a puede entenderse como un verdadero embrollo eso de servir como intérprete de lo que un autor quiso decir. De ahí que muchos lectores se nieguen a asumir la mediación del crítico, un prestidigitador que pretende proponerse como único exégeta capaz de desentrañar los mecanismos seguidos por el autor para representar esa realidad. Y ese aire de poseedor de la verdad resulta difícilmente soportable para bastantes lectores, y para no menos autores, lectores también y además convencidos, no sin cierta razón, que ellos ya se han explicado bien con lo que han escrito. No es baladí toda esta reflexión sobre las relaciones que se establecen entre realidad, sea eso lo que sea, narrativa y crítica –convendremos en que la crítica es, en todo caso, una rama más del florido árbol de la literatura, una curiosa rama que ejerce como juez y parte-, ya que sobre dichas relaciones giran, en buena medida, los dos libros que han motivado este texto.
Todorov es una figura imprescindible para entender la crítica literaria actual. De su mano surgieron buena parte de los pilares de la crítica literaria estructuralista cuyos seguidores a día de hoy siguen ocupando muchas de las cátedras universitarias y cargos directivos en las instituciones dedicadas a la educación. Curiosamente, el texto de Todorov reniega de las consecuencias actuales originadas en ese pasado. En su libro realiza un interesante repaso a las visiones de la literatura a lo largo de la historia de occidente. O, dicho de otro modo, a la crítica literaria occidental. Y todo ese repaso le sirve para cuestionar la deriva cada vez más solipsista de la crítica y la docencia actual. Los académicos, catedráticos y profesores parecen ensimismados en los textos que ensalzan y no llegan a establecer, y por lo tanto a comunicar, las relaciones de esos textos con la vida, con lo cotidiano, con la realidad. Como excurso se debe reconocer que no le falta razón, porque es cierto que, por incapacidad o miedo, la crítica social o política parece haber desaparecido. Todorov expone que durante toda la historia del arte se ha partido de la relación entre realidad y representación de la misma a la hora de comentar esas creaciones. Pero con la llegada de las vanguardias artísticas se rompen esas cadenas y se declara al arte como una entidad autónoma a la realidad. Lo curioso es que Todorov, que emplea varios capítulos para hablarnos del surgimiento de la estética moderna frente a la clásica, se despacha en apenas un párrafo con ese terremoto que provocan las vanguardias, lo que casa poco con la importancia que su propio discurso les otorga. Y más sorprendente son las motivaciones que encuentra para la eclosión de las vanguardias: En los países con regímenes autoritarios se busca huir de la opresiva realidad circundante –esa es, por cierto, la razón que da Todorov para explicar su dedicación a los estudios formalistas y estructuralistas en las décadas de los sesenta y setenta-, y en los que disfrutan de “libertad” –la candidez de la dicotomía que plantea es pasmosa- se desemboca en ellas por nihilismo o solipsismo, frutos indeseables de la sociedad de consumo. La conclusión del libro no es propia, es una cita: Rorty investigó la muy acertada tesis de la literatura como herramienta de saber. Un saber literario singular frente al resto ya que consiste en la creación de realidades para ser experimentadas por el lector para convertirse en experiencia de vida y conocimiento de los otros. O sea, la literatura como escenario de aprendizaje ético además de estético. Una postura con la que todos estaremos de acuerdo, salvo por el hecho de considerar que ese horizonte debe estar construido como imitación de la realidad. Ignorar, por tanto, todo lo que esté fuera del viejo análisis anterior a las vanguardias. Citando a Monsiváis se podría decir que Todorov se ha instalado en el estadio del “ya pasó lo que estaba entendiendo”.
Mucho más fecundo e interesante es el libro de James Wood. En el se hace también, por así decirlo, una defensa del realismo como herramienta de investigación y comprensión del mundo. Lo que sucede es que el libro analiza de forma muy detenida qué es el realismo. Como muchos venimos repitiendo desde hace ya bastante tiempo, Wood destaca la irrealidad del realismo. O, dicho de otro modo, nadie con dos dedos de frente puede pensar que el realismo, tal y como se ha construido en el arte, sea real. Es una convención, algo tramado y construido con plena conciencia de que desde la ficción se puede generar una impresión de realidad. Ahora bien, eso se aleja de la creencia más frecuentada de considerarlo una imitación de la realidad. La imagen de Stendhal colocando su espejo al borde del camino ha confundido a muchos. Y no, lo que finalmente es relevante es construir un espejo que refleje unas imágenes verosímiles, asumibles como reales por el lector.
Wood se lanza pues a analizar los mecanismos que siguen los narradores para crear una realidad que nos resulta, muchas veces, más auténtica que la real. Paradoja que analiza de modo atento. Quizá es más explicito el título de la edición original, ¿Cómo funciona la ficción? (How Fiction Works?), ya que es eso lo que analiza de modo magistral. Muchas de las conclusiones a las que llega pueden ser, como las del libro de Todorov, algo reaccionarias, pero a diferencia de este investiga de modo mucho más detenido cada uno de los aspectos, y explica de modo convincente las conclusiones. En cierta medida viene a evidenciar que la receta de volver a relacionar la literatura con la vida cotidiana que propugna Todorov en su ensayo es la opción más interesante, pero lo hace sin dar la espalda al análisis crítico pormenorizado. Sirva como ejemplo la detenida mirada forense que despliega sobre el estilo indirecto libre. Wood hila muy fino no para demostrar cómo funciona el indirecto frente a los otros tipos de discursos, sino que lo hace para explicar cómo mediante ese recurso se puede entregar el pensamiento de los personajes y del narrador con un catálogo amplísimo de matices. No analiza herméticamente la obra literaria, sino el modo en que esta logra generar la impresión de vida de modo más acuciante e intenso que la vida real. Finalmente, lo que busca, y logra, en los 123 fragmentos divididos en diez parcelas temáticas, es explicar cómo la mirada de cada autor logra ver un tipo distinto de realidad y, mediante su estilo personal, transmitirlas. Es la idea de “lo real” lo que obsesiona a Wood, y el modo en que se plasma o se proyecta a través de la narrativa. Su libro es, desde luego, una herramienta imprescindible para estudiar ese proceso.

Los mecanismos de la ficción James Wood Trad. Ana Herrera. Gredos. Madrid, 2009. 198 págs. La literatura en peligro Tzvetan Todorov. Trad. Noemí Sobregués. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2009. 110 págs.


Texto aparecido en la revista Quimera, número 315, correspondiente a febrero de 2010

15 febrero 2010

Apretarse el cinturón

Uno de los reclamos más habituales dentro de la promoción de un libro es la faja promocional. Todos las hemos visto, pero muy pocos nos fijamos en ellas. Normalmente son ese añadido que se hace a los libros después de que se hayan impreso para llamar la atención del hipotético comprador. Las fajas comenzaron a utilizarse cuando caía un premio, o muy buenas críticas, y todavía muchos libros de la edición en el almacén. Si se imprimiera una segunda edición es más económico, y práctico, introducir esa información en la portada. No, las fajas se hacen por economía, para aprovechar esos ejemplares que no se han vendido aprovechando nuevos reclamos. Como siempre hay excepciones, de un tiempo a esta parte las fajas han comenzado a tener una nueva motivación, que es la de introducir información sin alterar el diseño de portada. Esto sucede, ante todo, en las editoriales más cuidadosas con el aspecto de sus libros, y es, en líneas generales, algo que se ha importado de la edición francesa. Cualquier que se haya dado una vuelta por las librerías galas habrá comprobado lo sobrias y elegantes que son las cubiertas de los libro francesas -los del departamento de marketing las denominan aburridas-, y se habrá fijado en que las novedades aparecen siempre engalanadas por una faja en la que aparece la foto del autor o algún comentario, que no pueden aparecer dentro del rígido diseño de la colección. Tanto es así que en Francia uno sabe si el autor tiene algo de prestigio o no dependiendo de si se pone a la venta con una faja con su fotografía en ella. Algunos editores españoles han importado ese mismo método de dar información sin violentar el aspecto de sus libros. Es el caso de Periférica, donde gracias a las fajas promocionales se han visto en las librerías los rostros de Fogwill, Yuri Herrera, Valerie Mréjen, etc.
O sea, que más que para contener, las fajas se usan para engalanar, de ahí que quizás fuera más lógico y práctico llamarlos fajines promocionales, porque de ese modo el nombre respetaría el aire de gala de los fajines que acompañan a los frac y esmóquin.
Vamos a ver, pues, un catálogo de esas fajas, escogidas de un vistazo rápido en mi biblioteca.
Esta es una fotografía -movida, por cierto, qué le vamos a hacer-, de una de las sorpresas de la temporada: La novela Fin de David Monteagudo. No voy a hacer comentario alguno sobre el texto en sí, porque aún no he leído el libro. Tan sólo contemplo el éxito del boca a boca, la jubilosa recepción de la crítica y el hecho de que el tipo me cae más o menos bien. Yo me alegro de que a la gente le vaya bien, como dice Fernández Mallo, y que un tipo pueda dejar una fábrica de cartonajes para vivir de escribir me parecerá, siempre, bien.
Pues bien, la faja o fajín, es prototípico. Se mantiene la cubierta de la edición original, con el distintivo diseño de la colección, y se añade una gruesa faja llena de citas elogiosas con el libro. Por supuesto, viviendo como vivimos en la dictadura del número, es más importante, y por eso aparece lo primero y de forma destacada, el hecho de que se haya tenido que hacer ya una segunda impresión del libro por lo nutrido de las ventas. Bien, en Acantilado hacen un uso habitual y ya conocido del recurso de la faja promocional. Pero vamos a ir analizando otras posibilidades que conviene conocer.
Un modelo más o menos reciente es el que ha convertido la faja en una medalla, una corbata o no sabemos muy bien qué. En algunos casos, por ejemplo, estas fajas sirven para actualizar una edición. No tengo en mi casa ejemplares de La carretera, de Cormac McCarthy, donde Mondadori ha aprovechado el tirón de la película para colocar una generosísima cinta que reproduce el cartel de la película basada en el libro que se acaba de estrenar. No vende tanto el escurridizo escritor como para que no haya ejemplares en el almacén de la edición en trade que no se puedan colocar. Algo parecido a esa cinta ancha que parece cambiar la cubierta por entero se dio cuando se estrenó Desgracia, basada en la estupenda novela del excepcional escritor Coetzee -creo que se nota que me gusta más Coetzee que McCarthy. Bueno, eso son más ingeniosos "retapados" que otra cosa.
Cintas, lo que se dice cintas, son las que, por ejemplo, acompañan algunos libros de Salto de Página. El moderno diseño permite juegos de este tipo. Son, además, cintas que aguantan mucho más que las clásicas fajas, ya que se enganchan a la cubierta del libro y no rodean el ejemplar, y permiten dar al libro un aire más moderno. Por ejemplo, en el caso ilustrativo la nómina de autores presentes en esta antología de relatos fantásticos. Un modo llamativo y novedoso de reclamar la atención del lector. Cada vez se ven más estas medallas -a mí me recuerdan a las medallas de los uniformes o a las cintas de la tuna-, y parece ser que son, ya, una tendencia.
A veces las fajas son una complicación. Al diseñar el libro uno se ha dado cuenta de que hay mucha información que debe aparecer en la cubierta. Autores, título, editores e incluso, como en este caso, varios títulos. Por otro lado, si uno ha escogido una imagen atractiva, conviene que la faja no la tape. Pero aún así uno tiene una cita que servirá como irrebatible argumento de venta para un libro de difícil salida. Bueno, con una situación así las opciones se hacen muy estrechas. De ahí que no sea muy criticable, aunque sí llamativo, el ejemplo de Sexto Piso y la faja del libro Especímenes del folclore bosquimano.
La faja es tan estrecha que uno casi pensaría que es un cinturón, o uno de esos cordones que se usaban antes en los pueblos para ceñirse los pantalones a la cintura. Tan estrecha es la faja, la fajilla, que fijándose, casi parece estrangular el libro, como esos cinturones que pretenden reducir una o dos tallas respecto de la que necesita el usuario. Lo curioso es que es, exactamente, la misma cita que cierra el texto de contracubierta del libro. O sea, que ya estaba allí, pero es bien cierto que muchos compradores no llegan, tan siquiera, a levantar el libro de la mesa de novedades. El mundo de los libros es cruel como el de la cirugía estética moderna, y muchas veces nadie mira el trasero, será por eso que hay muchas más operaciones de pecho que de glúteos.
Con todo, la faja puede ser un elemento más del diseño del libro. ¿Por qué no llamar la atención con la faja pero integrándola dentro del concepto del libro? Algo así debieron pensar en la editorial Sudamericana cuando se lanzaron a editar la segunda de las antologías temáticas de nuevos narradores argentinos que compiló Diego Grillo Trubba. Escribir sobre casos policiales en un mundo donde la serie más vista de televisión es CSI obliga casi a adaptarse al imaginario colectivo de la época. ¿Qué nos dice hoy que se ha producido un crimen? La cinta que impide el paso a la escena del crimen. Lo mejor es, por lo tanto, proteger el libro con una de esas llamativas cintas. El mensaje es claro, directo y queda, a qué mentirnos, muy bien. Quizás por eso la idea la han copiado ya en varias ocasiones. De todos modos en el mundo del diseño no hay plagios, hay tendencias, por eso lo mejor que le puede pasar a uno es "crear tendencia". Resumiendo: Uno, seguro que a los de Mondadori Argentina tampoco fue a los que se les ocurrió la idea. Dos, da igual, queda bien.
Hay tantas posibilidades como cada uno quiera explorar. Pero este repaso, conviene no engañarse, se ha construido siguiendo el modelo que Cortázar intuía que seguía Edgar Allan Poe para cada uno de sus cuentos: quiere llegar a un destino, que es el de la mejor faja que a día de hoy uno ha visto.
La editorial Blackie Books ha editado justo antes de que terminase el año el libro Cosas que los nietos deberían saber. Se trata de un libro de Mark Oliver Everett, el extravagante líder de la banda Eels, que es homónimo del último tema del disco Blinking Lights and Others Revelations.
El libro llegó en un precioso sobre transparente. Y cuando lo abro tengo en mis manos el libro tal y como aparece en la foto, con una llamativa faja abrazando el libro.
Pero a poco que uno comience a manipular el libro se da cuenta de la calidad del papel empleado en la faja, y del grosor del mismo. Además de lo cuidado del diseño de la misma, que sigue la estética del penúltimo disco de Eels, Hombre Lobo. Un diseño que, como reconocerá cualquier persona atenta, es un homenaje-variación del de las cajas de Cohibas, la marca de puros y cogarros cubanos.
Al tocar la faja uno comprueba el grosor de la misma y que parece estar convenientemente plegada. Así que no la despliega y se va encontrando con el hecho de que la faja parece tener, también, información.
Concretamente, a medida que uno la va desplegando, ya totalmente ajena al libro. Contempla que está llena de datos. Por ejemplo, la biografía del autor del libro, e información de su labor como compositor.
Incluso, como puede apreciarse en el detalle, se reproducen todas las portadas de los discos de la banda, incluso el último, End of times, que se ha puesto a la venta con posterioridad al libro. También el ya mencionado Hombre Lobo, que imita una cajetilla de Cohibas. O Blinking Lights..., donde está la canción que tiene el mismo nombre que el libro, y demás discos que han cimentado el prestigio de Eels como banda independiente.
Pero lo más sorprendente viene al darle la vuelta a la faja, ya desplegada y extendida, y darse cuenta de que en el reverso hay una estupenda imagen del propio Everett con su perro. Un póster singular que el fanático de la banda apreciará y que pone el colofón a un llamativo y cuidado diseño.
Así pues, teniendo en cuenta que hay tantas fajas promocionales como editores, y que para gustos los colores, uno se atreve a lanzar a los cuatro vientos la idea de que esta es la mejor faja promocional que jamás ha visto. Y que, desde luego, abre posibilidades a los diseñadores. Aunque estamos en una época que parece invitar a apretarse el cinturón, o la faja, desde luego merece la pena tener esta singular y única edición en casa.
A mí, al menos, me encanta.

12 febrero 2010

San Valentín de mucho calibre



El otro día, mientras pedía un café cortado y un montado de jamón -serrano, que uno no tiene en su sótano el Banco de España-, me sorprendió escuchar a otro cliente pidiéndole al camarero un Valentín con Coca Cola.
Los combinados son, quizás, un ejemplo más de buen maridaje. No sé por qué en las campañas publicitarias de grandes almacenes no se han dado cuenta de ellos y se han lanzado al ruedo con eslóganes del tipo: "Hasta el whiskey sabe mejor si está acompañado, sobre todo si es vulgar como tú (y segoviano)". En fin, que si ahora me doy una vuelta por la calle, pese a la crisis, me toparé con innúmeras invitaciones al consumo para recordarme que este domingo le tengo que demostrar a la gente que la quiero con un regalo. A ser posible caro, porque desde que el consumismo voraz llegó para quedarse la idea de "demuéstrale cuánto le quieres" se ha trasladado al "cuánto" dinero gastado en "el detalle". En fin, que no sermoneo más y paso a recomendar un regalo a los que, todavía, no se hayan decidido.
Este domingo hará ochenta años que Bonnie Parker le envió a Clyde Barrow la primera de las cartas que reúne Ana S. Pareja en el libro Wanted Lovers. El libro que reúne esa correspondencia es breve e intenso, como las relaciones sentimentales. Sé que la frase anterior no será del agrado de muchos lectores, lo siento, pero la honestidad obliga. Vinicius de Moraes, atinadamente, usaba la imagen del amor como una llama para decir que el amor es infinito mientras dure. Algo así podría decirse de toda relación de pareja, que aspira a ser eterna aún sabiendo que tiene una fecha de caducidad más o menos determinada. La historia de Bonnie & Clyde es quizás, por eso, un paradigma casi único del amor. La juventud de los protagonistas de la historia, su vida salvaje y su final trágico son un pasaporte casi seguro para la inmortalidad. Y entre la estela de leyenda que dejaron en vida, y el modo en que la cultura popular la ha ido alentando -sobre todo gracias a la película de Arthur Penn que a mí, comentándolo de paso, no me gusta nada, sobre todo por el estilizado tratamiento estético de la época-, Bonnie Parker y Clyde Barrow se han terminado por transformar en unos Romeo y Julieta modernos, agresivos y, por qué no decirlo, seductoramente peligrosos.
Posiblemente esta edición sea una buena muestra de ello. En ella se reúne el interés documental de las pocas fotografías que se conservan de la pareja de forajidos, las cartas de Clyde -muy poco interesantes más allá del ya referido valor documental, a decir verdad, no le había dado Dios a este hombre el poder de la palabra- con la pasión y sentimiento que exudan las cartas de Bonnie. Es en esas cartas donde radica el interés de este libro, en su intensa manera de vivir el amor, en lo desatado de su expresión del mismo, en el dramático lirismo que destilan y que logran contagiar. Quizás, alguno lo podría pensar, son cartas nacidas de la euforia pasional de una casi adolescente y por lo tanto su virtud radica en lo virginal de su mirada. Bueno, eso no es malo, al contrario, quizás lo más bello de ellas sea su pureza, el no haber permitido que la vida haya ido cariando la idealizada imagen que su autora tiene del amor y de la devoción por el ser amado que suele ser su síntoma.
Completan el volumen tres poemas de Bonnie que tienen, también un interés relativo. Nacidos más del blues que de la poesía, no termian de explotar el lirismo que parece residir en ellos y no investiga tampoco las posibilidades de las narraciones que les sirven como excusa. Lo más atractivo son los juegos de palabras y el brillante uso del argot criminal que inocula en el lenguaje poético todavía muy tierno que se aprecia en ellos. Una singularidad, por cierto, que como es de esperar en la traducción se pierde. Conviene por eso fijarse bien en los originales además de leer la versión en español.
En todo caso, las tres cartas de Bonnie bien merecen que pueda decirse que este es el libro más romántico, más intensamente pasional que hay en las mesas de novedades de las librerías de cara al fin de semana. Para los que necesitan un encuadre serio y crítico que justifique su compra se ha encargado la propia editora de incluir un esclarecedor y dinámico prólogo donde se nos explica a todos la verdadera importancia del libro que tenemos entre manos y su contexto histórico y social.
Hay muchos regalos posibles para este domingo, pero sólo en uno la pasión se funde con la muerte. Se buscan los lectores capaces de resistir las descargas de este libro.
La foto es de Chus Sánchez

05 febrero 2010

Distintos niveles de lectura

UNO. El poder del perro es, sin duda, una de las novelas más entretenidas que se pueden encontrar hoy. Reúne todo lo que el lector que busca pasar un buen rato quiere encontrar: tramas vertiginosas, relacionadas con algún tipo de noticia o asunto de máxima actualidad, y un sinfín de personajes con los que disfrutar. Además, tiene un montón de páginas, más de setecientas, por lo que se rentabiliza a lo largo de muchos viajes en transporte público la compra del libro, y, por si fuera poco, al ser tan extenso, cuando se concluye la lectura de la novela uno tiene la sensación de logro, de haber sido capaz de vencer a un verdadero centón de páginas. El que haya tenido el libro entre las manos habrá comprobado que tanto la cubierta como la contracubierta están llenas de citas que evidencian la admiración que diversos medios de comunicación y autores de serie negra de prestigio sienten por el libro. Dentro hay todo lo que debe tener un buen thriller: sangre, riesgo y amor, venganzas, odios y compasión, y acción, muchísima acción. No es de extrañar que el boca a boca haya ido funcionando y que la novela ande ya por su quinta o sexta edición, pese a que no haya tenido mucho eco mediático. Es una de esas novelas que se va abriendo paso no por las campañas publicitarias -no ha tenido tratamiento singular dentro de la producción de la editorial- sino por su calidad. Es, exactamente eso, un best seller de calidad, de esos que cada día abundan menos. En fin, como la mejor muestra es un botón, aquí puede encontrar el primer capítulo del libro. Eso sí, como dicen en los anunciones de medicamentos: Las autoridades críticas advierten que puede provocar adicción. Si a usted le gusta el cine y las novelas con muertos y tiros bien pensadas y estructuradas, lea este libro.

DOS. El poder del perro es un ejemplo perfecto de la literatura que viene. Para bien o para mal. Para bien en el sentido de que cumple con ciertas preceptivas que se han convertido en tópicos dentro de este siglo que está ya, algo andado. Por un lado la aparición de referencias reales. Los personajes están basado en figuras conocidas. Todo hace pensar que Ramón y Benjamín Arellano Félix han sido una de las referencias fundamentales en la construcción de la novela. La informació que ha llegado a recopilar Winslow es ingente, y se ve, antes o después, reflejada en el libro. El amplio recorrido histórico que abarca el libro, más de veinticinco años de historia, demuestra lo ambicioso del proyecto. Escribir no LA novela sobre el Narco mexicano -porque si hay algo que los autores de este siglo ya han aprendido es a renunciar al afán de la novela total-, sino una novela que no pueda ser atacada como un producto ficcional. O, lo que es lo mismo, participa de la cada vez más frecuente tendencia a sustituir como valor fundamental de la narrativa de ficción lo verosímil por lo verificable. O, lo que viene a ser lo mismo, que no importa tanto construir una ficción que se presente ante el lector como "algo que podría ser real", como introducir elementos reales en la narración de tal modo que dote a la ficción de credibilidad. Esa intención era la que perseguía el realismo literario, el de Flaubert: suplantar la realidad, no imitarla. Parece ser que la narrativa actual ha abandonado esos objetivos para caer en la más primitiva mirada de Stendhal, la de ser mero reflejo de la vida. Y eso sucede en la mayoría de los libros que hay en las mesas de novedades. Para bien, o para mal.
Por otro lado es hija de una cultura televisiva. Y de una televisión que todavía no había disfrutado de la HBO y su legado. La prosa de Winslow se vertebra como vehículo y no como objetivo. A Winslow no le interesa el discurso. No quiere decir esto que escriba mal, sino que su estilo es "eficaz". Creo que la eficacia es, sin duda, uno de los cánceres de la sociedad que nos ha tocado vivir. Lo de que una narración sea eficaz viene a querer decir que cumple bien un objetivo que casa mal con la inutilidad esencial de la literatura. Precisamente lo que hace grandes a las novelas es su falta de utilidad, su intención no instrumental. Eficiente es una máquina, eficiente es una empresa, pero no sé cómo puede ser eficiente el arte. El arte conmueve, el arte educa, el arte aporta información del mundo, el arte puede, incluso, entretener, aunque no sea ese su objetivo primero. El arte es algo que se vive, no que se usa. Lo que es muy complicado es vivir en un mundo intangible, nebuloso, lleno de ideas y escaso de realidades. Un mundo vago, un mundo educado en las pantallas de 20 pulgadas que nuestros padres compraron con su esfuerzo y que ha evolucionado a las pantallas de cuatro pulgadas de youtube. El estilo de Winslow es desvaído, con descripciones que parece resúmenes de un programa televisivo, con constantes descuidos y repeticiones estilísticos. Es una novela correcta, que comunica, pero que revela un total desinterés por el discurso. No hay pensamiento, meditación sobre la palabra. Pesa más la historia que el soporte de la misma, como sucede cada vez más en la narrativa que podemos encontrar en las mesas de novedades. Para bien o para mal.

TRES. Si hay un lugar en el mundo que, hoy en día, sirva como sinécdoque del mundo que nos ha tocado vivir, ese lugar es la frontera entre México y los Estados Unidos. Esa frontera fantasma, que el TLCAN disolvió tan sólo para las mercancías, pero no para las personas, y en particular los núcleos urbanos formados por El Paso/Ciudad Juárez y San Diego/Tijuana (ubico el orden siguiendo el criterio Norte/Sur, no por ninguna otra cuestión), son un ejemplo de mestizaje e intercambio que sólo de modo superficial puede ser controlado por las autoridades. Y en buena medida, el crecimiento de esos núcleos, de esas extrañas conurbaciones, tiene su origen en la existencia de la frontera y de las prohibiciones. Sin aduana y con drogas legalizadas no existirían, y no tendrían el altísimo índice de delitos que se da en ambas, sobre todo en el lado mexicano de la frontera. El poder del perro resulta especialmente interesante por el retrato de una de las industrias más rentables del mundo, la que quizás ejemplariza de mejor modo ese capitalismo líquido que Baumen nos presentó: la del narcotráfico. El narco no tiene sedes, consiste en el movimiento de mercancías y capitales, tiene unos beneficios enormes, traspasa fronteras, etc. Lo que deja muy claro la investigación de Winslow, que luego es vertida en el libro, es que las cátedras de las facultades de Economía deberían estar ocupadas por los descendientes de los ganaderos del Norte de México. La evolución de su economía, su visión del mundo, los hace verdaderos campeones de la economía ultraliberal en la que nos movemos, verdaderos paladines del beneficio. Y ahí es donde más interesante resulta el libro de Winslow, en las impagables clases de economía global que ofrece. Algunos leerán este libro por divertirse, otros pensarán que es literatura, pero no se engañen, es un manual de economía para el siglo XXI. Y sino, al tiempo.

Autor: Don Winslow
Título: El poder del perro
Editorial: Mondadori, Barcelona, 2009

La fotografía del crimen es de Sergio Ortiz

01 febrero 2010

Japonerías

Leyendo La vida secreta de los árboles me encuentro esto:
La nieve es una japonería burda y hermosa, como los bonsais de su idea fija.
Me he quedado prendado de la frase. A veces cuando una pasea por la calle puede encontrar un hallazgo semejante. Una japonería bellísima que uno tiene la tentación de llevarse a casa. Es uno de los motivos por los que, pese a vivir junto a él, rara vez me doy una vuelta por los puestos del Rastro. Es fácil que uno llene la casa de bellas e inútiles fruslerías. Sobre todo porque Zambra logra que los epítetos parezcan en una primera lectura unos especificativos. Uno debe meditar ante el hecho de que todas las japonerías son burdas y hermosas. A poco que uno lo piense con todas burdas y hermosas, aunque pretendan disimular el hecho de que son burdas. Una japonería es hermosa, terriblemente hermosa, burdamente hermosa, desagradablemente hermosa. No es más que eso, hermosa. Una japonería supone una preocupación estética que es, la mayoría de las veces, innecesaria. Además es, la mayoría de las veces, una reducción, un ejemplar portátil. Pero la literatura, cualquier libro, es eso. Un mundo portátil para llevar bajo el brazo. Como los bonsáis que obsesionan a Julián. Un Julián muy cercano a Julio, el protagonista de Bonsái, la anterior novela de Zambra, la novela que ha escrito Julián. Un Julián que tenía que haberse llamado Julio, pero que, tras una equivocación del funcionario que expedía partidas de nacimiento, fue para siempre Julián. Sus padre querían que fuese Julio, pero sintieron un respeto irrestricto por la figura del funcionario. Más todavía en esos años del primer Pinochetismo. No lo invento, lo copio de la novela, Irrestricto.
Me llaman la atención estos detalles, detalles como los que todos los críticos parecieron sentir como el fundamental -la "original" mirada del crítico, que se dice- cuando apareció esta novela:
Cuando ella regrese la novela se acaba. Pero mientras no regrese el libro continúa.
Todo bien, de no ser porque ella no regresa nunca, no en la historia que nos cuenta el libro. Y aún así el libro sí termina. ¿Qué función tiene en sí esa frase? A juicio de los críticos parece cifrar la idea misma del libro. Pero eso es una lectura superficial. No, no habla del deseo del protagonista y narrador de otro libro, Bonsái, pero no de este. Nos habla de la cantidad de objetos que vamos atesorando en nuestras vidas pese a que no tienen función alguna. Muchos objetos inútiles, que son, precisamente, los que más nos singularizan. Un alumno me contó una vez que cuando le echa un ojo a las palabras que ha añadido al diccionario de su procesador de textos es cuando más se encuentra a sí mismo. Él está ahí, en todas esas palabras que tan sólo necesita él. Lo mismo ocurre con todas esas japonerías que van combando los estantes de nuestro salón. Son esas la que nos distinguen. Pero eso no quiere decir que sean ellas las que nos hacen buenos, ni siquiera mejores.
Y esa es la sensación que me ha ido ganando con esa frase. No está ahí lo mejor de Zambra, ni mucho menos. Lo mejor de Zambra está en lo común. En la capacidad de callar qué ha ocurrido. Porque no lo sabe. Porque sabe que la novela está ahí sin saberlo. Un novelista al uso habría explicado la historia. Habría dado pistas sobre qué sucede ahí dentro. El acierto de Zambra está en obviar lo que no sabe, en no impostar una respuesta. El acierto de Zambra está en callar. Quizás porque sabe que la novela de Julián, Bonsái, como toda novela, no es más que una japonería, algo burdo y hermoso, pero superficial y prescindible al fin y al cabo. Lo importante también está en la novela de Zambra, tanto en La vida privada de los árboles como en Bonsái. Pero esa verdad está escrita con palabras gastadas y poco llamativas. Sólidas e imprescindibles, que pasan desapercibidas y que, justamente por eso, son en las que reside la verdad.
La fotografía es de Iván Tahys, de su simpático blog fotográfico del Bogotá '39

03 diciembre 2009

La reaparición de un texto perdido


Casi todos los descubridores lo han sido por azar. Eso lo sabía ya Carlos Rodríguez, editor de La uña rota, antes de que toda esta peripecia comenzase. Lo que ignoraba, en cambio, es que en el momento en que realizaba la labor rutinaria de solicitar los derechos de traducción de un par de piezas de Georges Perec a la editorial francesa que posee los fondos del autor estaba convirtiéndose en uno de esos tipos que pasan a los manuales de historia. O, por lo menos, a los estudios y biografías que sobre Perec se escriban en el futuro. Su otro compañero en la hazaña, porque los descubridores no suelen trabajar solos, fue el traductor de los dos textos que ahora se editan conjuntos y especialista en la obra de Perec, Pablo Moíño Sánchez, y se enteró de dicho descubrimiento cuando Carlos Rodríguez le informó de que la editorial Hachette desconocían la existencia de una de las piezas cuyos derechos solicitaban. Se trataba de L’art et la manière d’aborder son chef de service pour lui demander une augmentation.
Ambos, sorprendidos pero con la grata sensación de tener un as en la manga, decidieron poner al tanto a los editores de Hachette del lugar donde se encontraba aquel texto. Se trataba del número cuarto de la publicación Enseñanza programada (L’Enseignement Programmé). Allí se incluía un organigrama diseñado por el propio Perec y un texto que se extendía a lo largo de once páginas de la revista sin puntuación alguna. Este texto, como libro independiente, supuso una sorpresa el año pasado en Francia.
Moiño había, además, sabido ubicar la importancia de dicho texto dentro de la producción de su autor. Se trataba de un ejercicio de estilo en el que Perec había decidido invertir el proceso de escritura que siguió Raymond Queneau en “Un cuento a vuestra manera”. Queneau proponía una narración en la que el lector elegía un sendero y despreciaba todos los demás. Perec, por el contrario, parte de un organigrama para investigar todas las diferentes combinaciones que aparecían para desarrollar una historia. Lejos de aburrirse con la escritura de un texto basado en la reiteración de elementos, siguió investigando en dicho texto hasta convertirlo más tarde en una pieza dramática para la radio y, tras una serie de correcciones, en la obra teatral El aumento. Dicho drama permanecía inédito como libro en castellano. Tan sólo habían aparecido traducidos por Antonio Altarriba unos fragmentos en el especial de la revista Anthropos dedicado a Perec en 1992, coordinado por Jesús Camarero. En el mundo teatral sí que ha tenido más eco ya que Carlos Mathus dirigió una puesta en escena en el teatro Empire de Buenos Aires durante el año 2001 y tanto Sergi Belbel, en el Institut Teatre de Barcelona en 1988, como Jesús Díez, en Teatreneu en el 2000, dirigieron montajes en catalán bajo el títolo L’augment. Pero hasta el día de hoy no existía una edición completa en castellano de esta obra.
Por si fuera poco, este texto alarga su sombra hasta la obra maestra de su autor, la monumental La vida, instrucciones de uso. Como sabe todo aficionado a la obra de Perec, en esta novela de más de seiscientas páginas diseñada como un juego matemático de permutaciones, volcó muchas de sus obsesiones, hasta el punto de estar trufada de autocitas en casi todos sus capítulos. El texto reaparece en el penúltimo de los capítulos de la novela, el XCVIII, cuando presenciamos a Maurice Réol solicitar un aumento de sueldo a su jefe de servicio en la CATMA para evitar el embargo que le pondría a él y a su mujer de patitas en la calle. Fuera del enorme edificio ficticio y narrativo que es esta novela que, paradójicamente, esta dedicada a la memoria de Queneau, que fuera el punto de origen de esta historia.
Se cierra así un nuevo capítulo en la biografía de Perec con la reaparición de un texto que, curiosamente es el inmediato predecesor de una de sus novelas más celebradas, La disparition (El secuestro en la traducción española), en la que evitaba el uso de la vocal más frecuente en francés: la e.

Publicado en el ABCD de las Artes y las Letras el día 21 de noviembre de 2009

02 septiembre 2009

Nuevos talleres de creación literaria



Dentro del cada vez más enrevesado mundo de los talleres de creación literaria, tanto los que se realizan a través de Internet como los que se cursan de modo presencial, va quedando un hueco para un tipo de taller distinto, donde no valga cualquier cosa con tal de seguir cobrando la cuota del alumno y donde no se le venda a los matriculados una mentira: la de que uno se convierte en escritor, mejor o peor, tanto da, por matricularse en un taller.
Este año dispongo de algo más de tiempo como para poner en marcha la empresa a la que, si las cosas van bien, se irán uniendo más compañeros convencidos de que se pueden hacer talleres dignos con objetivos reales a precios coherentes con la situación en la que nos encontramos.
Espero que sea de vuestro interés y que os matriculéis en caso de que os apetezca, claro.
Toda la información está en http://talleresescritura.blogspot.com/
La foto es de Banksy, claro.

17 agosto 2009

Una escritura diamantina

Echando la vista atrás, descubrimos que del cuarteto de grandes representantes del Boom Hispanoamericano de los años sesenta, el más interesado por la realidad de la calle de su país era Vargas Llosa. Ni García Márquez, entregado a la escritura de novelas fundacionales y míticas, ni Cortázar, lanzado a la narrativa fantástica y al experimentación, ni Fuentes, con una preocupación antropológica y política camuflada de un formalismo extremo, parecían muy preocupados por lo que pasaba en los barrios de sus ciudades. De hecho la mayoría de ellos ni tan siquiera residía en sus países de nacimiento. En cambio, la narrativa peruana de la época estaba volcada sobre esos hechos cotidianos. Siempre, eso sí, desde la perspectiva de los niños bien de Miraflores que, por diversas circunstancias, se veían envueltos en peripecias donde las fricciones con otros estratos sociales se representaban de un modo más palpable. Eso se ve de un modo claro en La ciudad y los perros, pero quizás se hace más evidente en Los geniecillos dominicales, la segunda novela de Julio Ramón Ribeyro que acaba de ser recuperada por la editorial RM en su colección Perfiles.
Frente a la restrictiva metáfora de la sociedad limeña encerrada en el colegio militar Leoncio Prado del texto de Vargas Llosa, la novela de Ribeyro deambula por todos los barrios de la ciudad. El protagonista, Ludo –el simbolismo subyacente en el uso de la raíz latina que significa “juego” permanece latente y no oculto-, abandona su trabajo en un bufete de abogados y se dedica a vivir la vida como si fuese un eterno día festivo. Tan sólo dos preocupaciones pasan por su mente: convertirse en ese escritor que quiere ser desde su más tierna adolescencia y las mujeres, bueno, seamos honestos, el sexo. Y lanzado a satisfacer ambos deseos se ve inmerso dentro del mundo de los "geniecillos dominicales" que da título a la historia: los estudiantes universitarios y jóvenes profesionales que verdaderamente viven para esas horas de asueto sin pensar en el futuro más allá de lo estrictamente necesario.
La novela narra a través de sus veinticuatro capítulos –las horas del día, por supuesto- el progresivo deterioro de la vida de Ludo. A los ojos de un lector de estos inicios del siglo veintiuno Ribeyro logra trazar un fresco de una vigencia sorprendente. No hay muchas diferencias entre ese dejar pasar el tiempo con total indolencia de los personajes de la novela y la vida hecha de sucedáneos de hoy. Pero, por encima de ello, hay una importante vuelta de tuerca en la propuesta de Ribeyro ya que donde creemos presenciar tan solo las anécdotas inanes de un hijo de la burguesía empobrecida estamos en realidad asistiendo a la forja de un delincuente. Lo que parecen en principio unos días de holganza se van convirtiendo en un verdadero desguace vital. Eso sí: el viaje desde la vida ordenada de la oficina a la del crimen carece de crítica moral. Ribeyro nos presenta los hechos para que nosotros juzguemos y, en esa escena final fantástica que desemboca en el afeitado del protagonista como único gesto tras su acto criminal, la creación de una nueva máscara, nos muestra a Ludo desechando la culpa y la penitencia, entregado al fin al disfraz que tan sólo busca evitar posibles identificaciones de algún testigo. Lo más inteligente del libro radica en que el lector no llega a saber si presencia el paso final de un progresivo proceso de enmascaramiento y ocultación o, por el contrario, el encuentro con su esencia desnuda a través de estas aventuras. Cada uno puede hacer la lectura que más le convenga de esta estupenda, vivaz y seductoramente vigente novela.
La misma claridad expresiva, se podría hablar casi de transparencia -fue, por cierto, Ribeyro uno de los más objetivos y honestos autores a la hora de reflexionar sobre los mecanismos del narrador, destacando el hecho de que todo intento narrativo es una impostura y la voluntad de deshacerla, de construir un discurso que no parezca literario es una de las imposturas más acentuadas en las que puede caer el narrador-, que siempre buscó el autor como vehículo idóneo de la narración, aunque vestida en este caso con el interés añadido de la autobiografía, se encuentra en la novela corta Sólo para fumadores, que ha editado de modo exento la editorial Menoscuarto en la bellísima colección Entretanto –no es menos agradable, por cierto, la colección de la editorial RM donde se ha editado la novela ya comentada-. Cualquier estanquero con ojo tendría una columna de ejemplares de este libro para regalar a sus clientes junto a la caja registradora, aunque la experiencia nos ha demostrado que el pequeño comercio español no destaca por su ingenio en las campañas promocionales. Ribeyro escribe una carta de amor a un vicio que estuvo a punto de llevarlo a la tumba pero que, sobre todo, se ha convertido para él en la excusa necesaria para el sosiego y disfrute de los placeres frente a la velocidad del mundo. Llega, incluso, a elaborar una teoría sobre el origen de la fascinación del hombre por el cigarro ya que piensa que la raíz está en el hecho de ser el único modo que tiene el hombre de tratar con el fuego, el único de los elementos euclidianos que podría acabar con él, del modo más directo posible. De todos modos conviene no confiarse: cuando pretende que creamos que es verdad es cuando más miente todo buen narrador.
Quizás el tiempo, que suele poner a todos en su sitio, está siendo especialmente generoso con este escritor que, por encima de todos los vicios con los que convivió, se dejó la vida en uno: el de narrar. La capacidad de Ribeyro de construir realidades con sus palabras sigue, al menos, intacta en cada uno de sus libros, y el paso de los años lo va ubicando de modo cada vez más inamovible como el mejor narrador peruano del siglo pasado.

Julio Ramón Ribeyro, Los geniecillos dominicales, Editorial RM, Barcelona, 2009
Julio Ramón Ribeyro, Sólo para fumadores, Menoscuarto, Palencia, 2009

14 agosto 2009

Mutaciones sorprendentes


Miranda July es una de las creadoras más interesantes del panorama internacional, ya sea en su faceta de artista visual, como la realizadora cinematográfica o la de escritora. Se da el caso, además, de que es de los pocos artistas visuales que no sólo usa de modo reiterado la palabra en sus obras, sino que es consciente de que el mundo de la imagen en el futuro estará más ligado a la palabra de lo que muchos suelen pensar. Sin ir más lejos basta con comprobar cómo funcionan las búsquedas de Internet, donde no hay baremo alguno o anclas para rastreos de imagen si no están convenientemente etiquetadas mediante palabras.
Pero otra de las cosas que convierte a July en una autora que me interesa más son los curiosos fenómenos que se están produciendo en torno a la difusión y progresiva difusión de su obra. En la foto tienen las cuatro cubiertas que están disponibles para los compradores en la edición en tapa blanda. En la edición original podían elegir entre la amarilla y la rosa. A mí me parece un ejemplo magnífico de buen gusto y sabio uso de la tipografía. Partiendo del hecho de que July es una creadora con una nutrida producción visual, la elección de una cubierta sin imagen alguna deja muy claras las intenciones sobre cómo quiere que se produzca la aproximación a su libro.
Por eso me resulta doblemente curiosas las decisiones que se están tomando a la hora de traducir el libro en otros países.
En Francia, a comienzos de 2008, decidieron cambiar el título, no sé si por la dificultad de trasladar el sentido de No one belongs here more than you al francés, que lo dudo, sino seguramente porque a los editores de Flammarion les parecía que era más vendible un libro con el título Un bref instant de romantisme, que es la traducción del título de uno de los relatos del libro. Además se animaron a modificar la idea de la cubierta. Mantuvieron la tipografía, aunque destacaron con un mayor tamaño a la autora frente al título del libro -bueno, ya sabemos como son los franceses y la política de autor que gastan por allí-, pero decidieron que con una imagen de portada se vende mucho mejor un libro. Así que tiraron de una fotografía ciertamente muy sugerente de Mark Borthwick a sangre como imagen de fondo.
La traducción alemana, ya en la primavera de 2008, corrió por parte de la prestigiosa editorial suiza Diogenes Verlag. En este caso decidieron tirar del título de otro de los cuentos, Zehn Wahrheiten (Diez verdades). El diseño, en este caso, ya no tiene nada que ver con la edición original. Han usado la rígida maqueta de todos los libros de Diogenes y han usado la misma foto de Borthwick.
En Italia se dieron un poco más de prisa. Feltrinelli tradujo el libro ya en el año 2007, con un título que traduce tan sólo parte del original: Tu più di chiunque altro (Tú más que nadie), done la idea de pertenencia se queda por el camino. La cubierta no tiene nada que ver ni con el formato original, ni con la fotografía que han usado reincidentemente los otros editores. Incluso la tipografía cambia en la edición de bolsillo aunque se mantiene la imagen de cubierta de la edición en trade escogida.
En España los responsables de Seix-Barral se lanzaron a editar el libro en la primavera de 2009 y han optado por una curiosa mezcla de lo ya comentado. En lo tocante al título son, curiosamente, los más fieles, ya que Nadie es más de aquí que tú es muy cercano al original. Pierde ligeros matices pero sabe trasladar de un modo muy fiel el concepto (enhorabuena en este sentido a Silvia Barbero). Ahora, en el diseño siguen la maqueta tradicional de la editorial con la fotografía de Borthwick, una vez más.
Conviene recordar una vez más la mil veces repetida cita de Juan Ramón Jiménez: un mismo libro, editado de manera distinta, dice otras cosas. ¿Para cuándo se respetará las voluntades del autor y el discurso gráfico que sostiene los libros? Pedir esto en una sociedad que acepta de modo natural y acrítico leer un texto en la pantalla del ordenador o en una PDA, en un e-book que salido de una impresora, y que tiene verdaderos problemas a la hora de gestionar algo tan sencillo como el catálogo de fuentes de su ordenador -hay verdaderos terroristas tipográficos por ahí sueltos-, suena casi verbalización de un deseo ilusorio. Lo sé, pero no por ello hay que olvidarse de recordarlo cada cierto tiempo. Voy a permitirme soñar: los editores de Seix Barral leen esto y, para cuando tengan que lanzar el bolsillo tienen un poco más de cuidado con estas cosas. Total, si sacan pecho con su colección Únicos deberían darse cuenta de que el acabado de un libro es más importante de lo que se suele pensar.


Como curiosidad final, para los interesados, pueden ver una curiosa entrevista/conversación entre la autora y su libro. Uno no sabe si esta mujer es genial o está como una regadera, posiblemente las dos cosas, ahí radica su encanto.

12 agosto 2009

La limpia mirada de la vida

Para Ll. R.
UNO. ¿Cuántas veces no habremos albergado el deseo de arreglar el mundo? ¿Siempre se te ocurren las palabras exactas cuando ya estás bajando las escaleras del portal? ¿Una y otra vez sientes que no encuentras tus sentimientos, que sabes que estás haciendo algo, casi todo mal, y aún así no puedes cambiar de idea y llevar todo hasta las últimas consecuencias? Sin lugar a dudas casi todos podríamos hacernos en miles de ocasiones las mismas preguntas. Y son esas las que también se hace Moses Herzog. Un personaje dubitativo, inseguro, pero con un evidente atractivo cuya raíz el mismo desconoce pero que va entreviendo a lo largo de las páginas en las que Saul Bellow nos permitió ver su existencia, las de una crisis, una enorme crisis existencial en la que tiene la única salida de unas cartas que va escribiendo para desahogarse o como método único para aclarar sus ideas. Herzog es, sin duda, una novela construida sobre una experiencia que tan sólo alquien que ha escrito -no digo un escritor, sino alguien que se ha planteado la necesidad de construir un texto- puede conocer de primera mano: la escritura es una herramienta idónea para dialogar con el mundo.

DOS. A Moses Herzog le ha abandonado su segunda mujer, Madelaine, y no termina de entender por qué. Tan sólo más tarde, a medida que va relacionando una serie de hechos, que va escribiendo cartas a los protagonistas de su vida se da cuenta de que lleva años engañándole con el que creía su mejor amigo, Valentine Gersbach, ante la pasividad de la mujer de éste, Phoebe. Los recuerdos van aflorando y Moses descubre hasta qué punto los errores de su vida, la precipitación en la toma de decisiones, el dejarse llevar, le han conducido hasta el desagradable lugar en el que se encuentra. Pero, al mismo tiempo, comienza un proceso del que saldrá renacido: no cambiado, sino mucho más capacitado para asumir sus deseos y acciones, ya que se ha conocido. Paradójicamente, la enorme monografía sobre la persistencia de la esencia del Romanticismo en la actualidad que le ha valido el respeto de sus colegas universitarios no le ha servido para darse cuenta de que él mismo es un vehemente e incurable romántico incapaz de no involucrarse en la vida hasta las orejas. Una capacidad que le convierte en un modelo, aunque él no lo sabe, de su amigo y traidor Valentine, y una virtud que seduce a la adorable Ramona, ese objeto del deseo que sostiene de modo sutil toda la novela.

TRES. John Cheever admiró durante toda su vida la capacidad de Bellow de transportar la vida a sus novelas. Le envidiaba, también, por su capacidad como novelista. A Cheever siempre le echaban en cara que sus novelas parecían un grupo de relatos cosidos hasta dar con el número de páginas suficiente para que el editor se lanzase a editarlos. En cambio las novelas de Bellow tienen la misma extraña perfección de la vida. Sutiles, naturales, comienzan siempre en un momento que tan sólo aparentemente carece de importancia y te trasladan día a día, como sucede con la existencia, hasta otro momento que parece tan irrelevante como el que sirvió de pistoletazo de salida a la novela pero que acota un periodo donde la vida del protagonista se ha visto totalmente transformada. Herzog es, por supuesto, ese tipo de novela. Es, se podría decir, el tipo de novela perfecta.

CUATRO. Hay, dentro de ella, un relato. Podría ser uno de Cheever, podría ser el de cualquier narrador inteligente. Me estoy refiriendo, por supuesto, al viaje que realiza Moses a Chicago para recuperar a su pequeña June. Todo lo que va sucediendo allí podría ser un relato en manos de otro autor: alguien que hace un viaje con un objetivo que termina abandonando, una derrota en principio que se convierte en la epifanía final. Y, sobre todo, uno de los momentos más bellos de la novela, donde se aprecia la capacidad única de Bellow de generar vida. Como si se tratase de Cervantes, en el episodio de Chicago todos los personajes son observados con mirada benevolente, humana, comprensiva. Todos: Moses, June, su amigo Asphalter, los policías, incluso Madelaine y el conductor con el que choca Moses están vistos con la comprensión del que sabe que a veces necesitamos mentir para poder seguir adelante. Y, por encima de todo, la capacidad única de crear realidad, de plasmar el amor por la vida de un padre. Sin duda, los momentos de Moses con su hija June son de lo más hermoso que he leído nunca. Podría ser, sí, un cuento perfecto, pero en ese relato nos quedaríamos sin algo muy importante: la maravillosa psicología de Moses –resulta tan duro leer esta novela y nombrarle por su apellido, es tan difícil no olvidarse que se trata de un personaje de novela-, y su especial manera de enfrentarse al mundo desde la inteligencia. Eso no cabría en un cuento. Porque es el motor de toda la novela.

CINCO. Yo, en realidad, no he leído a Bellow. He leído la versión de Herzog que ha firmado Vicente Campos. Hace un año más o menos, cuando se editó esta nueva traducción, Muñoz Molina alabó el libro en su columna de Babelia. Para ser concretos la edición de Galaxia Gutenberg. Alabó la portada de la sobrecubierta, el material de las cubiertas y el papel, y elogió la traducción. Por cierto, con los mismos criterios con los que cuestionaba la traducción de la estupenda frase con la que se abre la novela. Bellow abre su texto así:
If I am out of my mind, it's all right with me, thought Moses Herzog.
Vicente Campos tradujo así:
“Si estoy como una cabra, qué le voy a hacer”, pensó Moses Herzog.
A Muñoz Molina no le gustaba la traducción por el "feo coloquialismo de la cabra", pero olvida que la traducción literal suele ser la peor opción posible: “Si estoy fuera de mi cabeza, todo está bien para mí, pensó Moses Herzog”, o la solución más formal, que pasa a ser dramática y poco adecuada con el tono de la novela: “Si estoy loco, tengo que conformarme con ello, pensó Moses Herzog”. Pero, más allá de la incongruencia de alabar una traducción y cuestionar el inicio de la misma, posiblemente una frase que Campos habrá meditado hasta la saciedad, lo más incomprensible del texto del de Úbeda es que reconoce que releer el libro de Bellow le ha servido para mejorar en su inglés –no he leído una traducción suya, por cierto, como para enmendar con esta alegría la de Campos- y para darse cuenta del excelente trabajo de Campos al ser capaz de mantener la facilidad de Bellow para pasar del habla universitaria al argot callejero en una misma frase. O sea, para hacer lo que hace en la primera oración de su traducción. Propongo que el que fuera director del Instituto Cervantes neoyorquino curse un Máster de Traducción. Uno sencillito que pueda seguir, para hacer mejor las futuras valoraciones.

SEIS. Al final he traicionado a Bellow, me he dejado llevar por la hiel en vez de disfrutar del mundo como lo hacía él desde esos enormes ojos, que no lo eran por tamaño sino por fuerza y penetración, mezclándose con total naturalidad con el mundo, tal y como lo retrataron en el metro de Nueva York un año antes de que le dieran el premio Nobel.
Saul Bellow Herzog Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2008