


«La ética es la estética del futuro.»
Lenin
«La verdad es siempre revolucionaria.»
Gramsci
«Y es que el público es un examinador, pero sin duda uno distraído.»
W. Benjamin
Another Way to End a Relationship
If you can’t pull it up
By roots,
Take it out
Of the sun, stop
Watering it
[Traducción de Héctor Contreras y Carmen Julia Holguín, arreglada siguiendo los oportunos comentarios de una exbecaria en general:]
Otra forma de terminar una relación
Si no puedes arrancarla
de raíz,
quítala
del sol, deja
de regarla
Íntima, sincera y de una humanidad y sabiduría deslumbrante, Cuatro meses, tres semanas y dos días nos sitúa ante una historia ante la que sólo uno puede relajarse creyéndola propia de una dictadura estalinista de los ochenta en un país pobre del este de Europa. La sola sospecha de que, además del golpe del aborto, una mujer tenga que pasar por lo que pasan las dos protagonistas del film pone los pelos de punta. Y, sin embargo, está contada de tal manera, con tal acierto, que subraya lo cotidiano de esa atroz realidad. No hay espacio para el melodrama ni la compasión. La vida se presenta tal y como es en esta representación naturalista en la que la mirada del director pretende suavizar, hacer soportable, una realidad que, muchas veces, da miedo mirar. El fuera de campo se usa en toda la película salvo en ese plano. Jonás Trueba, en su blog, defiende que Mungiu nos tenía que haber ahorrado ese plano, ya que tan sólo sirve como argumento para los antiabortistas que ven en dicha escena un argumento más para hablar de asesinato cuando se refieren al aborto. Me sorprende, de todos modos, que se critique tanto ese plano y se obvie los siguientes, donde vemos a la protagonista de la cinta –por cierto, no deja de ser interesantísmimo, y sobre eso apenas he leído nada, que la verdadera protagonista de la película sea no la que aborta, sino la que la apoya y sirve como testigo y cómplice de los hechos- deshacerse del cuerpo como lo haría un criminal del cadáver. En esas escenas, más cercanas a Crimen y castigo que ninguna otra de la cinta, habría mucho más material para hablar de una posición que cuestiona el aborto como práctica.
Yo creo, en cualquier caso, que la postura de Mungiu es clara: toda la película nos habla de la libertad de las mujeres y de las trabas administrativas que las criminalizan. Haber obviado la imagen del feto es una opción que habría convertido al cinta en un debate filosófico y ético muy interesante, pero que, por su exceso de pudor, habría resultado demasiado discursiva, etérea, poco narrativa. Y ese plano es, en el fondo, una apuesta de una valentía elogiable. En ese plano se ve un cacho de carne, no un niño. Somos nosotros los que vemos algo más, yo, que tengo una copia en DVD, la he pasado varias veces y sé que ahí no hay un niño. Lo vemos, pero no lo hay, y en buena medida esa es la aportación decisiva e irónica del director. No es un niño lo que ha salido del vientre de la protagonista, sino un pedazo de carne. No muy diferente a los que echamos en las sartenes para que se hagan vuelta y vuelta. Yo creo que, frente a la idea de que humaniza al feto, yo creo que sucede justo lo contrario, lo sitúa en el lugar verdadero de lo que es: un pedazo de carne, no un ser vivo, no una persona. Viene, por tanto, a situar en su verdadero lugar a los antiabortistas que suponen una vida humana en el feto: para mí equiparables a los que defienden los ataques preventivos. No se puede condenar a alguien por un delito no cometido y no se puede considerar vida a un ser que todavía no está formado. Considerar el aborto un asesinato supone que cada tortilla que nos hacemos en casa es una masacre. No banalizo, sino que reduzco al absurdo un argumento que es una falacia sostenida basándose en la cortesía y educación de las mujeres que han tenido que abortar. Por fortuna, no sé lo que es hacerlo, pero sí se que lo que está en ese vientre no es todavía una vida, y creo que Mungiu muestra ese plano porque piensa lo mismo. Es una prueba, tan sólo eso.
¿Por qué un hombre decide dibujarse a sí mismo como un conejo? Pues no lo sé, la verdad, pero es algo que llevamos ya mucho tiempo disfrutando los que seguimos la labor de Ricardo Liniers Siri, para los seguidores Liniers a secas, en su blog personal. La labor de Liniers es un secreto que ya conocen masas, porque basta con acercarse a uno de los Macanudos para quedarse enganchado. Tanto es así que yo tengo locos a los amigos que viajan a Buenos Aires con los encargos de libros de Liniers, de agendas, de Bonjour y lo que se tercie. La verdad, con Liniers me he vuelto totalmente acrítico. ¿Por qué? Porque nunca me defrauda. Como los buenos amigos, uno no puede dejar pasar ocasión de verle, en este caso de leerle. A lo mejor no es siempre genial, a lo mejor no es siempre divertido, pero desde luego es entrañable, y te ayuda a pasar un buen rato siempre. No sé cómo medirá cada uno de esto de la amistad, pero para mí se acerca mucho a esto.AHORA, QUE OS DEN POR CULO.
NADIE puede pedirme que le pague la colección de coches de lujo, el yate y las cuatro casonas en Miami, la Sierra o Marbella.
NADIE puede pedir moral desde la inmoralidad.
Ejemplo: Bustamante se acaba de comprar una casa de 500 kilos de las antiguas pesetas en solo CUATRO AÑOS DE CARRERA MUSICAL, claro ejemplo de
lo mal que está el panorama musical.
Firma: Cualquier anónimo hasta los güevos de sandeces.
PD: Cópialo, pégalo y pásalo. Si haces Reenvio se llena de molestos
PD 2: Si alguien sabe el correo de Ramoncín que haga el favor de pasárselo

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...
Vivimos en un mundo acelerado, donde la palabra no importa tanto como medio de comunicación o conocimiento sino como vehículo de venta. Basta con tener buen verbo, labia se decía antes, cuando la gente tenía más vocabulario, para engatusar a la gente. Es un don que se aprecia en los ramos de la venta y del ligoteo. Cuando leemos hoy la mayoría de las entrevistas que se hacen a los escritores tenemos la desagradable sensación de que, en la mayoría de los casos, no hay más que un ejercicio de masturbación cuando no directamente una felación. Y esos momentos todavía se pueden considerar como agradables porque en otras ocasiones el entrevistador pregunta lo que le indica el jefe de prensa de la editorial y estamos ante un publirreportaje con todas las de la ley.“Las fealdad es mi materia prima”
Por Peio Hernández Riaño
Acaba de publicar Help a él (Periférica), en el que se incluyen dos textos, que ni son relatos, ni son novelas, ni son cuentos, pero son tan intensos y bravos como cualquiera de ellos
Rodolfo Enrique Fogwill (Buenos Aires, 1941), dejó toda la fama como directivo de empresas de publicidad y de marketing, para darse a la vida de escritor. El mundo le conoció en 1992 con el cuento Muchacha Punk, pero ya había hecho historia diez años antes con la novela Los Pychyciegos.
¿Por qué decidió que estos dos textos apareciesen juntos en el mismo volumen, rechazando aquel tercero que aparecía en el título original Pájaros en la cabeza (1985)?
La omisión del tercero responde al formato editorial: demasiado grande para contener sólo un relato y demasiado pequeño como para agregar otro. Los dos textos publicados tienen en común la época de su escritura, el paisaje de fondo –la Argentina en vísperas de la transición a la democracia– la extensión parecida, los rasgos de estilo y –particularmente y con toda modestia– lo que yo y la crítica imaginamos: que son novelas jibarizadas o abortadas por razones dietéticas.
Y prefirió no engordarlos.
Son textos que cualquier profesional podría engordar hasta cumplir los requisitos de un concurso de novela. Pero yo no soy un escritor profesional, sino un profesional escritor: escribo novelas sólo cuando el género me parece indispensable para la idea que persigo. Con estos textos, y con otros tres o cuatro del mismo género pretendía narrar sólo lo esencial.
¿Podemos considerarlos como los antecedentes de su obra, con todos los síntomas de la literatura Fogwill?
Todos los síntomas Fogwill ya estaban en mis primeros relatos, los de los años 1977 a 1979. Desde entonces, no he progresado ni un milímetro.
En esa cierta entrega al feísmo, ¿qué es la belleza para usted?
La fealdad es mi materia prima. Jamás imaginé que narrar de verdad la verdad fuese feísmo.
Algo general, pero que me interesasaber: ¿somos algo más que deseo?
Tendrías que preguntárselo a tu analista, que sin duda, por interés gremial, te respondería que no, que (vosotros) sois sólo eso.
Si me lo preguntas a mí sabrás que te diré que sí: somos mucho más que deseo. Somos un poder y un saber natural que se valen del deseo para realizarse y pensarse respectivamente.
Entonces, ¿qué diablos es el deseo?
El deseo es una cuerda en la que siempre nos hemos movido y que, repentinamente, parece ser la única que vibra y se oye en un tiempo donde el saber se desacreditó y el poder perdió su carácter humano (o divino, que en definitiva, es algo humano por cuanto el temperamento de los dioses es una obra humana) y comenzó a operar desde un mas allá de lo humano.
Publicidad, marketing y literatura, son el rastro de su carrera (en muy resumidas cuentas). ¿Es un cóctel peligroso, un cóctel delicioso?
No sé: esa combinación es el único trago largo que experimenté en la vida.
Dice que empezó en la droga para anestesiarse, pero ¿de qué?
De dolor de ser sabiendo que ya no se es el hijo de Dios que uno esperaba.
Qué prefiere: ¿Textos lúcidos como la droga o turbios como la realidad?
Prefiero textos turbios que transparenten la verdad. No creo haberlos alcanzado. No creo que la droga sea algo lúcido ni que provoque lucidez. Si ser lúcido es saber lo que se hace, la droga, en mi experiencia, es todo lo contrario.
Help a él no es una novela cultural elevada. Se fuma, se folla, se droga y se corre mucho en coches rápidos. Creo que son elementos que le hicieron tomar ventaja y que nadie se había atrevido a tocar de un modo tan descarnado. ¿Tiene alguna explicación a esa atracción?
Me cago infinitamente en la cultura elevada. La desprecio tanto como a la cultura populista. El ideal sería producir cultura popular, pero ya nos está cerrado ese camino. La cultura popular es la mercancía dominante de la industria cultural.
No son relatos, tampoco cuentos, ni novelas, ¿cómo podemos llamarlos? Y, sobre todo, ¿qué tienen de cada uno de estos géneros?
Como relatan, son relatos. Pero que del mundo, narran sólo lo que es importante para el arte de narrar. Son novelas libres de marquesas que salen a las cinco y de hombres que cavilan encendiendo un cigarrillo. Si fuman, fuman de verdad en el texto.
Y lo político y la amenaza, siempre ahí. En nombre de la prosperidad y el progreso, nos han machacado a todos.
La amenaza no está siempre ahí, sino siempre aquí. Lo político en la narrativa es ponerla en acción y medir hasta donde es capaz de llegar.
En ambos relatos veo personajes sin compromisos, con un hastío total hacia lo familiar… ¿estoy equivocado?
Estoy seguro de que estás equivocado. En principio por el hecho mismo de ver a partir de lo que has leído. No has visto: has construido imágenes por efecto de artefactos narrativos montados hace… ¡veinticinco años!
Entonces, ¿qué me sucede?
Te sucede lo mismo que a mis personajes: ellos se mueven, hablan y se comportan así y, si quieres, desean así porque ignoran que son meros objetos de un mandato familiar. Efectivamente, la droga ayuda a eso, a ignorar lo que más duele: que en las realizaciones extremas de la más exacerbada voluntad se está cumpliendo un llamado de la especie.