
Por encima de los comentarios que fueron surgiendo en el programa y que se apagaban a la misma velocidad, como fuegos de artificio, llenos de la necesidad casi imperiosa de todo autor joven de marcar territorio y hacerse nombre, y con una voluntad un poco macarra de demostrar lo airados que son, me quedo con el momento en que Andrés Barba se atrevió a hacer lo que muchos piensan y pocos hacen, que no es otra cosa que tirar a ese baúl de libros deleznables el tostón del Gárgoris y Habidis del propio Sánchez Dragó. Y además lo justificó con acierto evidente, ya que es un libro que, como bien dijo, se pierde en detalles banales y absurdos en vez de ir al verdadero centro de la cuestión, que es la religión en España.
Como muestra del pensamiento centrífugo de Sánchez Dragó una perla que soltó ayer en el programa: Irene Zoe Alameda le tuvo que recordar que en el Quijote el cura y el barbero queman los libros de caballerías del hidalgo. El autor más espiritual de la literatura hispana se debía pensar que el humo de la hoguera serían la sobrina y el ama quemando incienso en plena meditación budista, como si estuvieran en un ashram.