04 enero 2006

Ya vienen los reyes

Qué no harán los padres por sus hijos. Ya está aquí la fecha más querida por los niños, a pesar de que muchos padre les adelantan ahora los regalos al día de Navidad "para que pueden disfrutar de los juguetes durante las fiestas", aunque la realidad es "no encuentro la manera de mantenerlos ocultos tanto tiempo". Uno de esos padres orgullosos que a la mínima ocasión te sacan la cartera para que veas a sus hijos es Melitón, que, entre caña y caña, me puso ayer al tanto de la difícil vida que espera a todo padre hoy en día.
"Lo primero es averiguar qué le piden a los reyes, luego encontrarlo y, si puedes, pagarlo". Por lo visto el pequeño, que tan sólo tiene dos años ya sabe pedir el Arca de Noé de Playmobil. O sea, no les basta con estar al tanto de las historias bíblicas, sino que conocen hasta los nombre de las compañías que comercializan los juguetes. Alguno dirá que estoy medio colgado por escribir lo que he escrito, pero prefiero pensar eso que el hecho de que no saben quién coño fue Noé, ni en que libro se cuentan sus historias -por cierto, me recuerda el chiste ese de: ¿Qué lees? El Quijote. ¿Y de qué va?-, porque cada uno prefiere vivir en su nube particular.
Pero lo mejor parece ser que ha venido por la niña, que tiene cuatro años y ha pedido el Poni Mimitos -se acompaña foto-, uno de los éxitos de esta campaña a juicio de los jugueteros porque se ha agotado. Evidentemente, mi amigo Melitón no ha tenido la suerte de ser uno de los que compró a tiempo el dichoso caballito, así que le tocó preguntarle a su hija qué quería en lugar del poni -por cierto, aprovecho para comentar que esta grafía de la palabra es la recomendada en el reciente Panhispánico de dudas, por si a alguien le ha extrañado-, porque los reyes estaban teniendo problemas para encontrarlo.
"-No te preocupes, papá, que los reyes, como son magos, no tienen problema para encontrar uno" le soltó su hija.
Visto lo visto, tocó aguzar el ingenio. La solución fue una carta de los propios reyes magos. No sé cómo la redactó, si a mano 0 a máquina, o si cogió alguno de los papeles que como abogado y administrador debe tener por casa e hizo que leía una carta delante de la hija, pero parece ser que la convenció de que los dichosos ponis mimitos se habían repartido ya entre los niños pobres y por eso no tenáin más.
La niña, que debe tener una clara vocación de veterinaria cariñosa, pidió en tal caso el Gato Mimitos, que es lo que le traerán sus majestades el próximo viernes.
Total, que si uno tiene dos niños, aunque sean así de pequeños, se gasta cien euros -unos cincuenta por el Arca y otro tanto por el poni- sólo en los platos fuertes, porque siempre cae algo más, claro, y no sé cuánto tiempo en buscar de tienda en tienda los dichosos juguetes que sus hijos desean.
Con historias como esta, que a mí, todo hay que decirlo, me entretuvo buena parte de las diez cañas que debí tomarme, uno adquiere un conocimiento claro de las raíces de los términos, es como hacer un curso de etimología acelerado, que nos permite saber que los Reyes magos se llaman así no por el evangelio, ni por los chavales, sino, evidentemente, por los jugueteros, tanto fabricantes como vendedores.
En fin, de momento me sigo librando gracias a mi escasa voluntad reproductora y a la apatía maternal de mis hermanas. Pero ya veremos. Tiempo al tiempo.